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El duelo que no se nombra: pérdidas invisibles y sufrimiento cotidiano en las organizaciones

Acabo de participar en la Jornada Acompañar el Duelo en lo cotidiano: retos y prácticas desde distintos ámbitos en el Colegio de la psicología de Madrid, abordando desde mi experiencia el duelo que se produce en las organizaciones ante pérdidas de diferente naturaleza e intensidad.

En el trabajo, no sólo sufrimos duelo por la pérdida de personas, también por la pérdida de sentido del trabajo o la confianza en la empresa y aunque no sean pérdidas del calibre de la pérdida de un ser querido, producen duelos de hondo calado vital que pueden afectar profundamente su salud mental.

Es un tema de una enorme trascendencia para la salud de las organizaciones que requiere un abordaje específico.

Comprender, acompañar e intervenir el duelo en los equipos de trabajo

Durante años trabajando como psicólogo del trabajo en el diseño de protocolos de intervención y acompañamiento en situaciones críticas, hay una idea que se repite con insistencia: en las organizaciones también se pierde, se sufre y se elabora duelo… aunque casi nunca se nombre.

Y lo que no se nombra, no se gestiona.
Y lo que no se gestiona, se cronifica.

Este post nace precisamente de esa experiencia acumulada: intervenir cuando ya hay desgaste, pero también insistir en la necesidad de construir marcos preventivos que eviten que el sufrimiento organizacional se convierta en un riesgo psicosocial estructural.

El trabajo no es solo trabajo: lo que realmente está en juego

Desde la psicología del trabajo sabemos que el empleo no es únicamente una actividad productiva. Es, sobre todo, un espacio de construcción psicológica y social.

Trabajar implica:

  • Construir identidad (“quién soy”, “a qué me dedico”).
  • Encontrar sentido y propósito.
  • Formar parte de un colectivo.
  • Recibir reconocimiento.
  • Regular emocionalmente lo que nos ocurre.
  • Aprender del grupo.

Cuando una organización atraviesa una pérdida —un despido colectivo, un cambio organizativo brusco, la salida de una figura clave, una crisis reputacional o un fallecimiento— no solo cambia el trabajo. Se alteran todas estas funciones.

Y ahí es donde empieza el duelo organizacional.

El error más frecuente: tratar el duelo como algo individual

Uno de los mayores errores que he observado en las empresas es abordar el duelo como un proceso estrictamente individual.

La realidad es otra:


el duelo en las organizaciones es, ante todo, un fenómeno colectivo.

No se manifiesta en silencio ni en privado. Se manifiesta:

  • En reuniones donde nadie sabe muy bien qué decir.
  • En pasillos donde se intercambian miradas de incertidumbre.
  • En equipos donde el clima emocional cambia sin explicación formal.
  • En el bloqueo para concentrarse y gestionar las actividades.
  • En la pérdida del interés por el trabajo.

Las emociones se contagian, se amplifican o se inhiben, se gestionan colectivamente de forma funcional o no. El grupo genera normas implícitas sobre qué se puede sentir y qué no. Y el propio trabajo —que normalmente actúa como regulador emocional— deja de cumplir esa función y se convierte en un elemento contextual que distorsiona el ritmo de recuperación del duelo.

El resultado: el sistema entero se desregula.

Entender el impacto: cuando aumentan las demandas y caen los recursos

El Modelo de Demandas y Recursos Laborales (JD-R) (Bakker & Demerouti, 2007) nos ayuda a entender con claridad lo que ocurre en estos procesos.

En situaciones de duelo organizacional:

Aumentan las demandas:

  • Sobrecarga emocional.
  • Incertidumbre constante.
  • Ambigüedad de rol.
  • Miedo al futuro.

Disminuyen los recursos:

  • Falta de información clara.
  • Pérdida de control.
  • Reducción del apoyo percibido.
  • Quiebre del sentido del trabajo.

Este desequilibrio no es menor. Es el caldo de cultivo de:

  • Estrés crónico
  • Burnout
  • Bloqueo cognitivo
  • Desvinculación psicológica
  • Caída del rendimiento

Aquí es importante subrayar algo clave:

cuando el rendimiento cae en estos contextos, no es un problema de actitud. Es un problema de agotamiento de recursos psicológicos.

El duelo colectivo: un proceso que se retroalimenta

El duelo organizacional no solo se comparte. Se intensifica en la interacción.

Se autoalimenta por dos vías:

1. La convivencia cotidiana

Las personas se observan constantemente:

  • Si nadie habla, el silencio se normaliza.
  • Si predomina la queja, se instala como clima.
  • Si se evita el tema, el malestar se encapsula.

2. El impacto sobre la actividad

Cuando el trabajo pierde sentido o se vuelve incoherente:

  • Deja de ser un refugio.
  • Se convierte en un recordatorio constante de la pérdida.

Ahí es donde el duelo se cronifica.

Las emociones que aparecen (aunque no se digan)

En los equipos, el duelo suele manifestarse como climas emocionales compartidos:

  • Shock y desconcierto
  • Miedo e incertidumbre
  • Tristeza colectiva
  • Rabia e injusticia
  • Culpa
  • Desconfianza
  • Desmoralización

Cuando estas emociones no se elaboran, no desaparecen.
Se transforman.

En la práctica, reaparecen como:

  • Cinismo organizacional
  • Resistencia al cambio
  • Conflictos interpersonales
  • Pasividad
  • Pérdida de compromiso

El papel del liderazgo: regulación o amplificación

En todos los procesos de intervención hay un factor diferencial claro: el comportamiento del líder.

El líder no es solo un gestor operativo.
Es un regulador emocional del sistema.

Lo que agrava el duelo

  • No nombrar lo que ha pasado
  • Refugiarse en lo técnico
  • Exigir normalidad inmediata
  • Mostrar incoherencia

Lo que protege al equipo

  • Poner palabras a la pérdida
  • Validar el impacto emocional
  • Sostener tiempos realistas
  • Mostrar humanidad sin desbordarse

Un líder que no ha elaborado su propio duelo transmite desregulación. Y eso se expande rápidamente. De ahí que necesite un acompañamiento específico e individualizado porque su impacto en el equipo es decisivo en el afrontamiento que hacen los trabajadores.

Dirección y cultura: el marco que lo cambia todo

Más allá de los equipos, la Dirección marca el marco simbólico:

  • ¿Se puede hablar de lo ocurrido?
  • ¿Se legitima el malestar?
  • ¿Se respetan los tiempos emocionales?

Cuando la única prioridad es la productividad a corto plazo, el resultado suele ser:

  • Duelo encapsulado
  • Trauma organizacional
  • Costes invisibles que aparecen más tarde

El gran riesgo: tapar el duelo

Hay una idea que conviene dejar clara:

El duelo no elaborado no desaparece. Se desplaza.

Y en las organizaciones ese desplazamiento tiene forma de:

  • Absentismo
  • Rotación
  • Burnout
  • Conflictos
  • Desvinculación

Desde una perspectiva de prevención de riesgos psicosociales, no intervenir es siempre más caro.

De la reacción a la prevención: hacia protocolos y programas de salud mental

En los últimos años, las organizaciones más maduras han dejado de improvisar y han empezado a estructurar:

  • Protocolos ante situaciones críticas (fallecimientos, despidos, crisis)
  • Intervenciones grupales para la elaboración del duelo
  • Programas de apoyo psicológico
  • Espacios de elaboración colectiva
  • Formación a líderes en gestión emocional
  • Integración del duelo en la evaluación de riesgos psicosociales

Esto supone un cambio de paradigma:

pasar de intervenir en la crisis a diseñar sistemas que la anticipen y la contengan.

El duelo como parte de las empresas saludables

Hablar de empresas saludables no puede limitarse al programa de beneficios, el plan de bienestar, mindfulness o ergonomía.

Una organización saludable es aquella que, hablando de duelo:

  • No niega el dolor sino que lo considera como parte de la vida
  • Integra lo emocional en lo organizativo
  • Acompaña los procesos de pérdida
  • Protege los vínculos y el sentido del trabajo

Incorporar el duelo en los programas de salud mental no es “añadir algo más”.


Es abordar una de las fuentes más relevantes —y más invisibles— del malestar laboral.

Como ejemplo, esta misma semana he podido intervenir, una vez más, en una organización con un equipo sobrecogido por la pérdida de una persona a la que atendían. Abrir espacios dirigidos para la elaboración del duelo de forma grupal es un antes y después en sus sentimientos y en su capacidad de reacción en el trabajo. Y, además, crea una cultura de autocuidado y confianza en que la organización cuida a las personas cuando lo necesitan.

Cada vez más organizaciones solicitan asesoramiento en desarrollar protocolos de actuación ante hechos que se anticipan van a impactar profundamente en el bienestar de las personas como son: enfermedades graves, fallecimientos, eres.

El rol del psicólogo del trabajo

En este contexto, nuestro papel es claro:

  • Detectar lo que no se está diciendo
  • Nombrar el duelo sin patologizarlo
  • Diseñar espacios de elaboración individual y colectiva
  • Acompañar sin acelerar
  • Trabajar con líderes y dirección
  • Integrar todo esto en la lógica preventiva de la organización
  • Cohesionarlo con el desarrollo de la organización saludable

En definitiva, introducir un abordaje técnico del cuidado de las personas en los contextos productivos.

En conclusión

Las organizaciones no son espacios neutrales. Son sistemas humanos atravesados por pérdidas, cambios y transiciones.

La pregunta no es si habrá duelo.

La pregunta es qué haremos como organización cuando aparezca.

Ignorarlo lo convierte en un riesgo psicosocial.
Acompañarlo lo convierte en proceso constructivo.

Y en ese tránsito se juega, en gran medida, la salud mental de las personas y la sostenibilidad real de las organizaciones.

Cuenta con mi asesoramiento para construir una organización saludable.

Y con mis colegas que han participado en la jornada para un mayor conocimiento del duelo

José González Fernández Psicólogo-psicoterapeuta especialista en Duelo. Director de Apertus Psicólogos
Javier Savin Vallvé Psicólogo General Sanitario y Experto en Psicología del Trabajo y las Organizaciones. Director de Atención Psicológica y Formación en Fundación Salud y Persona.
Daniel Castro Flores Psicólogo general sanitario. Coordinador/Director de equipo técnico en Residencia de Mayores de Mirasierra (Sanitas)

Marta Múgica Carrasco Psicóloga Orientadora del Colegio Arturo Soria (Madrid).Psicóloga Clínica. Psicoterapeuta cognitivo-conductual
Ana Cristina Pinilla Cabanillas, Teniente Coronel de la Guardia Civil. Psicóloga Experta en duelo. Jefa del Gabinete de Psicología de la Comandancia de Zaragoza
MARTA FREIRE Inteligencia Relacional Psicóloga Educativa y especialista en duelo, a la que agradezco la excelente organización

El difícil papel de los directores de personas en la vuelta al trabajo

gestionemocionalEstamos viviendo un tiempo donde las emociones se han impuesto en nuestra vida. Por un lado, el miedo al contagio por el #COVID19 y a contagiar, por otro, la rabia por la pérdida de libertad y la gestión que se ha venido haciendo desde el gobierno, por otro, la tristeza por la pérdida de allegados, conocidos y seres humanos, en general. Eso en el supuesto de que, además no hayamos perdido el trabajo, nuestro medio de subsistencia y la dignidad de la autonomía personal.

Volver al trabajo no va a significar correr una cortina y ya está, todo ha quedado atrás.

Volver al trabajo lo hacemos con todo ese vaivén de emociones negativas que como un péndulo constante fluctúa entre unas y otras y no nos deja cambiar el tono emocional.

El riesgo psicosocial en el trabajo se dispara en esta situación. La probabilidad de accidentes, de desencuentros, de conflictos, de bajas médicas, de absentismo mental, de desconexión de la empresa y de somatizaciones como problemas de sueño y desconexión mental,  de stress en general, seguro que es mayor, mucho mayor, porque nuestra mente no está disponible para concentrarnos en el trabajo. Es como si tuviéramos un programa que da error abierto en el ordenador mientras intentamos seguir trabajando.

Cuando las emociones negativas imperan en nuestra vida con la intensidad y permanencia como lo están haciendo ahora sus efectos sobre nuestra mente y cuerpo son importantes, dejan huella y, en algunos casos, traumática, hasta el punto de que necesiten ayuda de profesionales de la psicología.

Una experiencia tan intensa y prolongada de emociones negativas tiene importantes efectos. Perdemos la confianza en la vida, que ahora vemos tan frágil, perdemos la confianza en los otros, que ahora vemos como fuente de contagio y a los que no nos podemos arrimar porque son, en sí mismos, una amenaza, perdemos la confianza en nuestros dirigentes y no creemos que sus decisiones sean las mejores para nosotros, incluso, perdemos la confianza en nosotros mismos y pensamos que no vamos a poder recuperarnos de ésta.

Cuando la mente piensa sólo desde una perspectiva emocional ve la vida en términos dicotómicos de todo o nada, amigo o enemigo, blanco o negro. Para tener perspectiva y analizar los hechos y separarlos de nuestros sentimientos necesitamos la mente analítica que, en estos momentos, ha pasado a la reserva, a un segundo plano, como consecuencia de la intensidad del peligro en el que estamos viviendo desde hace meses.

En definitiva, volvemos al trabajo con nuestra mente y cuerpo sintonizados con el peligro, llenos de sentimientos negativos y en una parálisis cognitiva para movernos en este mundo ya no #VICA (Volátil, incierto, complejo, ambiguo) sino #VICAI (Volátil, incierto, complejo, ambiguo, inseguro)

Y, con toda esa carga emocional volvemos al trabajo. ¿Cómo dirigir a las personas en esta situación donde el trabajo emocional es tan intenso?

Es un enorme reto para los directores de personas, sea cual sea el tamaño y sector de actividad porque ellos mismos están inmersos en esta dinámica de emocionalidad negativa y VOCAI.

¿Cómo dirigir a las personas en este entorno? No cabe otra línea que la de generar proyección, confianza, perspectiva, la de promover la proactividad y la colaboración, pero ¿cómo hacer todo esto cuando el tono emocional es tan negativo?

El ser humano tiene una capacidad inmensa de autoregeneración, es capaz de sacar fuerza de flaqueza, incrementar su resiliencia, adaptarse a las circunstancias y responder de forma novedosa y eficaz a los retos del medio ambiente. Esta es la historia de la humanidad vista en términos de evolución y grandeza.

Contamos por lo tanto, con un medio adverso y unos recursos potentes, sólo falta ser conscientes desde dónde los aplicamos ¿desde las emociones negativas? Será complejo y limitado en este caso, siempre en la lucha, siempre en lo que falta y en la defensa de lo nuestro. Pasar a una emoción de aceptación que genere confianza va a ser el gran reto de los dirigentes en, al menos el próximo año y medio, porque si no,…

O cuidamos la emocionalidad colectiva de nuestra organización o los trabajadores van a enfrentarse a una situación difícil, nueva y muy, compleja sin los recursos mentales necesarios para ello.

Es responsabilidad de la organización cuidar de la salud laboral de sus trabajadores y esto incluye su salud psicológica.

Si quieres saber cómo hacerlo en este curso podrás conocer las claves para esa gestión emocional de las personas de tu empresa.

https://cutt.ly/jybTNhk