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El duelo que no se nombra: pérdidas invisibles y sufrimiento cotidiano en las organizaciones

Acabo de participar en la Jornada Acompañar el Duelo en lo cotidiano: retos y prácticas desde distintos ámbitos en el Colegio de la psicología de Madrid, abordando desde mi experiencia el duelo que se produce en las organizaciones ante pérdidas de diferente naturaleza e intensidad.

En el trabajo, no sólo sufrimos duelo por la pérdida de personas, también por la pérdida de sentido del trabajo o la confianza en la empresa y aunque no sean pérdidas del calibre de la pérdida de un ser querido, producen duelos de hondo calado vital que pueden afectar profundamente su salud mental.

Es un tema de una enorme trascendencia para la salud de las organizaciones que requiere un abordaje específico.

Comprender, acompañar e intervenir el duelo en los equipos de trabajo

Durante años trabajando como psicólogo del trabajo en el diseño de protocolos de intervención y acompañamiento en situaciones críticas, hay una idea que se repite con insistencia: en las organizaciones también se pierde, se sufre y se elabora duelo… aunque casi nunca se nombre.

Y lo que no se nombra, no se gestiona.
Y lo que no se gestiona, se cronifica.

Este post nace precisamente de esa experiencia acumulada: intervenir cuando ya hay desgaste, pero también insistir en la necesidad de construir marcos preventivos que eviten que el sufrimiento organizacional se convierta en un riesgo psicosocial estructural.

El trabajo no es solo trabajo: lo que realmente está en juego

Desde la psicología del trabajo sabemos que el empleo no es únicamente una actividad productiva. Es, sobre todo, un espacio de construcción psicológica y social.

Trabajar implica:

  • Construir identidad (“quién soy”, “a qué me dedico”).
  • Encontrar sentido y propósito.
  • Formar parte de un colectivo.
  • Recibir reconocimiento.
  • Regular emocionalmente lo que nos ocurre.
  • Aprender del grupo.

Cuando una organización atraviesa una pérdida —un despido colectivo, un cambio organizativo brusco, la salida de una figura clave, una crisis reputacional o un fallecimiento— no solo cambia el trabajo. Se alteran todas estas funciones.

Y ahí es donde empieza el duelo organizacional.

El error más frecuente: tratar el duelo como algo individual

Uno de los mayores errores que he observado en las empresas es abordar el duelo como un proceso estrictamente individual.

La realidad es otra:


el duelo en las organizaciones es, ante todo, un fenómeno colectivo.

No se manifiesta en silencio ni en privado. Se manifiesta:

  • En reuniones donde nadie sabe muy bien qué decir.
  • En pasillos donde se intercambian miradas de incertidumbre.
  • En equipos donde el clima emocional cambia sin explicación formal.
  • En el bloqueo para concentrarse y gestionar las actividades.
  • En la pérdida del interés por el trabajo.

Las emociones se contagian, se amplifican o se inhiben, se gestionan colectivamente de forma funcional o no. El grupo genera normas implícitas sobre qué se puede sentir y qué no. Y el propio trabajo —que normalmente actúa como regulador emocional— deja de cumplir esa función y se convierte en un elemento contextual que distorsiona el ritmo de recuperación del duelo.

El resultado: el sistema entero se desregula.

Entender el impacto: cuando aumentan las demandas y caen los recursos

El Modelo de Demandas y Recursos Laborales (JD-R) (Bakker & Demerouti, 2007) nos ayuda a entender con claridad lo que ocurre en estos procesos.

En situaciones de duelo organizacional:

Aumentan las demandas:

  • Sobrecarga emocional.
  • Incertidumbre constante.
  • Ambigüedad de rol.
  • Miedo al futuro.

Disminuyen los recursos:

  • Falta de información clara.
  • Pérdida de control.
  • Reducción del apoyo percibido.
  • Quiebre del sentido del trabajo.

Este desequilibrio no es menor. Es el caldo de cultivo de:

  • Estrés crónico
  • Burnout
  • Bloqueo cognitivo
  • Desvinculación psicológica
  • Caída del rendimiento

Aquí es importante subrayar algo clave:

cuando el rendimiento cae en estos contextos, no es un problema de actitud. Es un problema de agotamiento de recursos psicológicos.

El duelo colectivo: un proceso que se retroalimenta

El duelo organizacional no solo se comparte. Se intensifica en la interacción.

Se autoalimenta por dos vías:

1. La convivencia cotidiana

Las personas se observan constantemente:

  • Si nadie habla, el silencio se normaliza.
  • Si predomina la queja, se instala como clima.
  • Si se evita el tema, el malestar se encapsula.

2. El impacto sobre la actividad

Cuando el trabajo pierde sentido o se vuelve incoherente:

  • Deja de ser un refugio.
  • Se convierte en un recordatorio constante de la pérdida.

Ahí es donde el duelo se cronifica.

Las emociones que aparecen (aunque no se digan)

En los equipos, el duelo suele manifestarse como climas emocionales compartidos:

  • Shock y desconcierto
  • Miedo e incertidumbre
  • Tristeza colectiva
  • Rabia e injusticia
  • Culpa
  • Desconfianza
  • Desmoralización

Cuando estas emociones no se elaboran, no desaparecen.
Se transforman.

En la práctica, reaparecen como:

  • Cinismo organizacional
  • Resistencia al cambio
  • Conflictos interpersonales
  • Pasividad
  • Pérdida de compromiso

El papel del liderazgo: regulación o amplificación

En todos los procesos de intervención hay un factor diferencial claro: el comportamiento del líder.

El líder no es solo un gestor operativo.
Es un regulador emocional del sistema.

Lo que agrava el duelo

  • No nombrar lo que ha pasado
  • Refugiarse en lo técnico
  • Exigir normalidad inmediata
  • Mostrar incoherencia

Lo que protege al equipo

  • Poner palabras a la pérdida
  • Validar el impacto emocional
  • Sostener tiempos realistas
  • Mostrar humanidad sin desbordarse

Un líder que no ha elaborado su propio duelo transmite desregulación. Y eso se expande rápidamente. De ahí que necesite un acompañamiento específico e individualizado porque su impacto en el equipo es decisivo en el afrontamiento que hacen los trabajadores.

Dirección y cultura: el marco que lo cambia todo

Más allá de los equipos, la Dirección marca el marco simbólico:

  • ¿Se puede hablar de lo ocurrido?
  • ¿Se legitima el malestar?
  • ¿Se respetan los tiempos emocionales?

Cuando la única prioridad es la productividad a corto plazo, el resultado suele ser:

  • Duelo encapsulado
  • Trauma organizacional
  • Costes invisibles que aparecen más tarde

El gran riesgo: tapar el duelo

Hay una idea que conviene dejar clara:

El duelo no elaborado no desaparece. Se desplaza.

Y en las organizaciones ese desplazamiento tiene forma de:

  • Absentismo
  • Rotación
  • Burnout
  • Conflictos
  • Desvinculación

Desde una perspectiva de prevención de riesgos psicosociales, no intervenir es siempre más caro.

De la reacción a la prevención: hacia protocolos y programas de salud mental

En los últimos años, las organizaciones más maduras han dejado de improvisar y han empezado a estructurar:

  • Protocolos ante situaciones críticas (fallecimientos, despidos, crisis)
  • Intervenciones grupales para la elaboración del duelo
  • Programas de apoyo psicológico
  • Espacios de elaboración colectiva
  • Formación a líderes en gestión emocional
  • Integración del duelo en la evaluación de riesgos psicosociales

Esto supone un cambio de paradigma:

pasar de intervenir en la crisis a diseñar sistemas que la anticipen y la contengan.

El duelo como parte de las empresas saludables

Hablar de empresas saludables no puede limitarse al programa de beneficios, el plan de bienestar, mindfulness o ergonomía.

Una organización saludable es aquella que, hablando de duelo:

  • No niega el dolor sino que lo considera como parte de la vida
  • Integra lo emocional en lo organizativo
  • Acompaña los procesos de pérdida
  • Protege los vínculos y el sentido del trabajo

Incorporar el duelo en los programas de salud mental no es “añadir algo más”.


Es abordar una de las fuentes más relevantes —y más invisibles— del malestar laboral.

Como ejemplo, esta misma semana he podido intervenir, una vez más, en una organización con un equipo sobrecogido por la pérdida de una persona a la que atendían. Abrir espacios dirigidos para la elaboración del duelo de forma grupal es un antes y después en sus sentimientos y en su capacidad de reacción en el trabajo. Y, además, crea una cultura de autocuidado y confianza en que la organización cuida a las personas cuando lo necesitan.

Cada vez más organizaciones solicitan asesoramiento en desarrollar protocolos de actuación ante hechos que se anticipan van a impactar profundamente en el bienestar de las personas como son: enfermedades graves, fallecimientos, eres.

El rol del psicólogo del trabajo

En este contexto, nuestro papel es claro:

  • Detectar lo que no se está diciendo
  • Nombrar el duelo sin patologizarlo
  • Diseñar espacios de elaboración individual y colectiva
  • Acompañar sin acelerar
  • Trabajar con líderes y dirección
  • Integrar todo esto en la lógica preventiva de la organización
  • Cohesionarlo con el desarrollo de la organización saludable

En definitiva, introducir un abordaje técnico del cuidado de las personas en los contextos productivos.

En conclusión

Las organizaciones no son espacios neutrales. Son sistemas humanos atravesados por pérdidas, cambios y transiciones.

La pregunta no es si habrá duelo.

La pregunta es qué haremos como organización cuando aparezca.

Ignorarlo lo convierte en un riesgo psicosocial.
Acompañarlo lo convierte en proceso constructivo.

Y en ese tránsito se juega, en gran medida, la salud mental de las personas y la sostenibilidad real de las organizaciones.

Cuenta con mi asesoramiento para construir una organización saludable.

Y con mis colegas que han participado en la jornada para un mayor conocimiento del duelo

José González Fernández Psicólogo-psicoterapeuta especialista en Duelo. Director de Apertus Psicólogos
Javier Savin Vallvé Psicólogo General Sanitario y Experto en Psicología del Trabajo y las Organizaciones. Director de Atención Psicológica y Formación en Fundación Salud y Persona.
Daniel Castro Flores Psicólogo general sanitario. Coordinador/Director de equipo técnico en Residencia de Mayores de Mirasierra (Sanitas)

Marta Múgica Carrasco Psicóloga Orientadora del Colegio Arturo Soria (Madrid).Psicóloga Clínica. Psicoterapeuta cognitivo-conductual
Ana Cristina Pinilla Cabanillas, Teniente Coronel de la Guardia Civil. Psicóloga Experta en duelo. Jefa del Gabinete de Psicología de la Comandancia de Zaragoza
MARTA FREIRE Inteligencia Relacional Psicóloga Educativa y especialista en duelo, a la que agradezco la excelente organización

¿Cómo afecta a la Salud Mental de los trabajadores la DANA de Valencia?

Si, esta situación puede agravar la ya difícil y compleja situación actual de la salud mental que afecta tan dramáticamente a las empresas con cifras de bajas laborales que superarán las 603.521 bajas laborales por trastornos del comportamiento que se registraron en 2023 y que suponen la cifra más alta del periodo analizado, según el Informe de Salud Mental y trabajo de UGT.

El impacto en la salud mental en la población afectada por la DANA es «tan elevado» que el Ministerio de Sanidad prepara un estudio para cuantificarlo, aunque ya avisa de que los estragos de inundaciones como esta, sobre todo trastornos de estrés postraumático y del sueño, y depresión persisten durante al menos tres años. Así lo advirtieron ayer desde el Ministerio de Sanidad en el documento de estudio llamado Evaluación del Riesgo de las Lluvias torrenciales y catástrofe natural en la Comunitat Valenciana, elaborado conjuntamente por el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) y otros departamentos del departamento de Sanidad como el Comisionado de Salud Mental, además de la Dirección General de Salud Pública de la Generalitat y los Centros Nacionales de Epidemiología y Microbiología. En este informe, se explica, en concreto, que tras un desastre como el acontecido la pasada semana en la provincia de Valencia, el riesgo de aparición de problemas de salud mental existe desde la fase aguda hasta la de respuesta y recuperación, de forma que su impacto en los afectados «persiste durante al menos tres años» (Publicado en El Períodico, el 11-11-24)

¿Cómo pueden actuar las empresas?

Una catástrofe como esta y el dolor colectivo de nuestros compatriotas, y en muchos casos familiares, hace reaccionar a las personas de bien. No hay más que ver la reacción solidaria de los miles de voluntarios. Es el momento en el que la empresa debe mostrar su faceta más humana.

El cómo actuará la empresa, va a depender del nivel de afectación más o menos directa de sus empleados, instalaciones, negocio. En primer lugar, hay que atender a las familias de los fallecidos y ayudar a las víctimas directas. En segundo lugar, es evidente que, en este momento, hay que intentar rehacer las estructuras productivas para facilitar un retorno a la actividad. La empatía y solidaridad es clave. Si trabajadores de otras zonas pueden ayudar será algo muy valorado. Un ejemplo de este hacer es mantener a los trabajadores del centro destruido en casa mientras llegan trabajadores de otros centros a rehacerlo y volverlo a poner en marcha.

Los estudios psicológicos han demostrado que el apoyo social es un elemento clave en la forma en que las personas vamos a vivir una situación así. Ya se experimentó en la pandemia cómo el apoyo social a los sanitarios actuó como un ancla sustancial a la vida y un bálsamo para curar las heridas.

El apoyo social en la empresa es clave para que los trabajadores sientan que pertenecen a una organización donde se tiene en cuenta a las personas. La solidaridad no consiste sólo en ayuda material, sino también en una solidaridad psicológica, gracias a la cual los trabajadores saben que su empresa prima en estos momentos a los seres humanos y apoya a sus trabajadores.

¿Qué pueden hacer las empresas?

Realizar un plan de intervención para reducir la angustia y el estrés en estos días de gran intensidad emocional.

  1. Crear espacios donde se hable de qué estamos haciendo a cargo de los máximos líderes de la organización, más allá de un mero comunicado, donde haya rituales de homenaje y se refuerce el sentido de pertenencia y orgullo.
  2. Crear espacios donde hablar de cómo se sienten para que los trabajadores puedan sentir el apoyo social, la empatía y el verse unos a otros, algo esencial para tranquilizarse.
  3. Comunicar las acciones solidarias que estamos realizando y coordinar su colaboración.
  4. Ofrecer acceso a atención psicológica inmediata.
  5. Ofrecer psicoeducación sobre cómo nos afecta una catástrofe así, cuáles serán las reacciones esperables, nuestros sentimientos, cómo gestionar la angustia.
  6. Realizar sesiones de duelo, si es necesario.
  7. Crear redes de acompañamiento a los afectados para afianzar el sentido de pertenencia.
  8. Fortalecer la resiliencia, fomentando la consciencia del aprendizaje ante cómo ha reaccionado la organización en estos momentos.
  9. Facilitar una nueva normalidad: mantener rutinas, pero sin ignorar lo que ha ocurrido, por ejemplo, teniendo un recuerdo especial cada día para los valencianos. Algunas organizaciones han colgado banderas o tienen mensajes en sus pantallas digitales de recuerdo y apoyo a los afectados de Valencia y Albacete.

¿Cómo pueden actuar los líderes de equipo?

Los jefes tienen un enorme impacto en la calidad de vida de los trabajadores. Son los que están en el día a día, los que pulsan la implicación, concentración, rendimiento. Y, en mayor o menor medida, detectan y gestionan cómo las personas se sienten.

Su papel es esencial en cómo los equipos van a experimentar estos momentos, el duelo y la conexión humana tan poderosa ahora para algunas personas.

Hay que tener en cuenta que:

  1. Los tiempos de reacción pueden verse alterados, estamos en shock, traumatizados, doloridos, en duelo, nuestro pensamiento se va continuamente a nuestros hermanos valencianos.
  2. Las reacciones pueden sufrir altibajos, momentos de indignación e ira con momentos de depresión y angustia, nuestras respuestas son en estos momentos más emocionales.

¿Qué puede hacer ese líder de equipo?

  1. Es necesario tener más paciencia.
  2. Abrir espacios para hablar de lo que ocurre, comentar noticias, expresar sentimientos (tal vez una mini reunión al inicio de la jornada o a la hora del café) donde se puedan canalizar los sentimientos e incluso las acciones de solidaridad.
  3. Ser más flexibles con tiempos y reacciones.
  4. Promover el sentido de pertenencia y el apoyo social.

¿Cómo pueden actuar los trabajadores?

Es momento de combinar especialmente la ayuda a los afectados con el autocuidado a uno mismo.

Todos los que vivimos con angustia y dolor la experiencia de nuestros conciudadanos valencianos estamos afectados también de forma vicaria en mayor o menor medida.

Una especial atención a aquellos que están en la ayuda directa y los que estarán, aquellos que se enfrentan con la ruina y el dolor de otros y lo experimentan como propios. Ellos son los que necesitan en mayor medida cuidarse para poder cuidar. Como dicen en los aviones, primero ponte tú el salvavidas y después ayuda a otro a ponérselo.

La fatiga por compasión que estos profesionales pueden sufrir podría arrastrarles a situaciones de estrés y burnout y es necesario establecer medidas preventivas para que no caigan en situaciones psicológicamente inmanejables.

Para los que lo viven como espectadores indirectos y que también conectan con tanto sufrimiento humano, es importante poner énfasis en seguir pautas de autocuidado.

  1. Toma consciencia de cómo te sientes. Está bien, es lo normal, no te juzgues ni trates de eliminarlo. Reconoce tus emociones, da nombre a tus sentimientos. En estos momentos en normal experimentar emociones de intensa carga negativa como el miedo o la tristeza o la ira. Date tiempo.
  2. Mantente en contacto con familiares, amigos y compañeros. Busca grupos de apoyo si lo necesitas. Al hablar y compartir con otros aliviamos la carga emocional y sentimos el poder de la conexión humana.
  3. Sigue rutinas. El orden proporciona estructura y estabilidad en medio del caos actual y compensa la sensación de incertidumbre y descontrol.
  4. Ponte pequeñas metas cada día. Los objetivos focalizan la acción y dan sentido a nuestra vida. En estos momentos nos son especialmente útiles.
  5. Practica el aquí y ahora. Ejercicios de meditación, de atención plena, de defusión, son especialmente útiles para aliviar la tensión mental que nos origina el tsunami emocional que vivimos y reducir el estrés.
  6. Cuida tus pensamientos. Sé consciente de los pensamientos negativos, catastrofistas que te pueden inundar y dominar tu mente. Es necesario balancear los pensamientos y pensar más que en lo que ha pasado en lo que hay que hacer a futuro.
  7. Realiza alguna actividad satisfactoria. Al hacer cosas que nos satisfacen, nos sentimos bien. No sólo expresamos nuestro mundo interior, sino que lo regulamos haciendo que nos encontremos mejor.
  8. Contribuye. Este es un aspecto sustancial de la esencia humana que da sentido a la vida, contribuir es aportar algo a la humanidad. Trabajar, donar, escuchar, acompañar a otros seres humanos despierta nuestro sentido de ser parte, de conectar, de la pertenencia a la humanidad. Hazlo en la medida de tus posibilidades.
  9. Cuida tus hábitos. Ejercicio, dieta y sueño son los tres básicos para la salud. Practica hábitos que te ayuden a estar bien y sentirte bien.
  10. Busca atención psicológica. Si sientes que te desborda la realidad que te resulta abrumador cómo te sientes o que tienes dificultades para el día a día, busca atención psicológica cuanto antes.

Con todo mi cariño hacia los valencianos y con ellos en mente, una canción de Silvio Rodríguez, “Sólo el amor convierte en milagro el barro”.

Resiliencia ante la incertidumbre

En estos momentos donde se pretende que la vida vuelva a una nueva normalidad tras el confinamiento y el impacto del COVID19, se ha hecho imprescindible poner la atención en el bienestar psicológico de las personas intensamente afectado por los meses vividos.

Necesitamos fortalecernos psicológicamente para afrontar estos altos niveles de incertidumbre e inseguridad de una forma proactiva, deliberada y estructurada. No podemos dejar al mero devenir la recuperación y afrontamiento psicológico de esta complicada y prolongada situación.

Las empresas tendrán, también, que poner como prioridad en sus planes de atención al trabajador este fortalecimiento para facilitar el aprendizaje de estrategias de afrontamiento funcionales.

A nivel social, es necesario también actuar. El tema del afrontamiento psicológico es de tal nivel que incluso los políticos lo están incluyendo en su discurso. Así el presidente del gobierno ha dado una conferencia ante el círculo de grandes empresarios cuyo título incluye la palabra “resiliencia”.

Por ese motivo me han entrevistado en Radio Nacional de España con el fin de que explicara qué es la resiliencia.

Y merece la pena conocerlo porque la resiliencia es uno de los fenómenos humanos más interesantes que, en estos momentos de crisis, adquiere una importancia capital para la salud psicológica y el afrontamiento de las consecuencias de la pandemia.

¿Qué es la resiliencia?

En las ciencias físicas hace referencia a la propiedad de ciertos materiales de recuperar sus condiciones iniciales después de ser sometido a fuertes presiones. A nivel psicológico, se utiliza para denominar la capacidad que tenemos las personas de adaptarnos a condiciones difíciles y superar la adversidad.

Es una capacidad ordinaria, no es algo extraordinario que unos tengan y otros no o que sólo la tengas a veces, la tenemos en nuestro ADN y eso nos permite superar las situaciones duras de la vida.

Tres son los elementos del concepto:

  1. Hay una adaptación positiva, es decir, las personas somos capaces de innovar respuestas útiles.
  2. Ante situaciones adversas, estresantes.
  3. Hay una superación psicológica y como consecuencia se sale con una capacidad nueva y reforzada para afrontar nuevas situaciones difíciles.

Va más allá del término entereza porque implica no sólo el afrontamiento sino un aprendizaje y, con ello, un incremento de la capacidad de la persona de hacer frente a los retos habituales de la vida.

En el nivel de resiliencia de una persona influyen muchos factores: entorno social, laboral, nivel socioeconómico, bioquímica, fisiología, cognición, biografía, cultura.

La persona pasa por un proceso de aprendizaje e incremento de su resiliencia, no es un fenómeno de todo o nada.

Es una tarea de cada uno porque el fortalecimiento psicológico es un trabajo personal, hay que hacerlo, nadie puede hacerlo por ti. Es como las dietas, cada uno tiene que hacerla no sirve que la haga otro por ti.

El caso de Elías

Elías es un periodista de 40 años que ha visto cómo el confinamiento “minaba su moral”. Ha sentido como las informaciones constantes de malas noticias le absorbían. Poco a poco se ha visto perder ánimo, la esperanza y ganas de hacer nada. El tedio de la monotonía en casa, trabajando en casa, con los niños en casa le ha sobrecargado y el desánimo le ha podido. Se ha dado cuenta de que como muchas otras personas no contaba con recursos suficientes para recuperarse o al menos así lo ha interpretado. Busca el servicio de Psicología Coaching pensando que, como en realidad no le pasa nada malo, sino que tiene que enfocarse en los objetivos de trabajo será el medio adecuado para recuperarse rápidamente.

Gracias al proceso cambia su mirada desde lo que le falta y el problema a su capacidad y lo que está en su círculo de influencia. Se desarrolla un proceso de cambio cognitivo, de aprender a pensar con eficiencia ante las dificultades y de construcción de su capacidad de resiliencia. No es suficiente recurrir a su fortaleza interna, necesita aprender a pensar, mejorar el concepto que tiene de su auto-eficacia y confiar en su propia capacidad para enfocarse de forma que pueda hacerse con la situación y eso es un proceso rápido que incrementa sus recursos. Como resultado, además, se produce un fortalecimiento psicológico imprescindible para hacer frente a los nuevos desafíos que el COVID19 aún nos traerá.

La resiliencia se construye con acciones concretas y se destruye también con acciones contrarias. Es una capacidad incremental y dinámica que puede crecer con la propia vida pero sobre todo si hacemos aquello que nos va a llevar a pensar eficientemente.

infografia-resiliencia

Estados emocionales de los equipos

estados emocionales CHLos equipos también tienen emociones y también se quedan anclados en estados emocionales y ésto marca lo que son capaces de hacer y con qué clima.

En el entorno laboral, cada vez, somos más conscientes de que las emociones y los estados emocionales tienen un impacto significativo en el bienestar de los trabajadores y en los resultados de negocio.

Trabajo y emociones se vinculan actualmente con la salud psicológica de los trabajadores porque no se consigue el mismo rendimiento cuando la emocionalidad es positiva que cuando es negativa y no, no se consigue la misma eficiencia cuando la emoción no es congruente con la situación. Estar hablando de estar felices y positivos no sería congruente con la tensión emocional a la que están sometidos los trabajadores actualmente.

La crisis sanitaria y el confinamiento han incrementado la visibilidad e importancia que nuestras emociones y salud psicológica tienen en relación a la actividad laboral. Como resultado, son numerosas las empresas que ya están atendiendo las  dificultades provocadas en los trabajadores en activo por el miedo al contagio, el stress de las medidas preventivas y la preocupación por la incertidumbre. Y serán muchas las que tengan que buscar respuestas a los retos de la reincorporación progresiva que traerán asociados las emociones predominantes de miedo, tristeza y rabia, por tantos meses ya mantenidas. La necesidad de atender la prevención de los riesgos psicosociales que el virus del COVID19 ha traído hace más necesario tener claro qué son las emociones y qué son los estados emocionales porque ambos van a tener un claro protagonismo en cómo los trabajadores volverán al trabajo.

El artículo ha sido publicado en Capital Humano y puedes leerlo en: https://bit.ly/3eujU0G #emocion #eevolucionemocional

El difícil papel de los directores de personas en la vuelta al trabajo

gestionemocionalEstamos viviendo un tiempo donde las emociones se han impuesto en nuestra vida. Por un lado, el miedo al contagio por el #COVID19 y a contagiar, por otro, la rabia por la pérdida de libertad y la gestión que se ha venido haciendo desde el gobierno, por otro, la tristeza por la pérdida de allegados, conocidos y seres humanos, en general. Eso en el supuesto de que, además no hayamos perdido el trabajo, nuestro medio de subsistencia y la dignidad de la autonomía personal.

Volver al trabajo no va a significar correr una cortina y ya está, todo ha quedado atrás.

Volver al trabajo lo hacemos con todo ese vaivén de emociones negativas que como un péndulo constante fluctúa entre unas y otras y no nos deja cambiar el tono emocional.

El riesgo psicosocial en el trabajo se dispara en esta situación. La probabilidad de accidentes, de desencuentros, de conflictos, de bajas médicas, de absentismo mental, de desconexión de la empresa y de somatizaciones como problemas de sueño y desconexión mental,  de stress en general, seguro que es mayor, mucho mayor, porque nuestra mente no está disponible para concentrarnos en el trabajo. Es como si tuviéramos un programa que da error abierto en el ordenador mientras intentamos seguir trabajando.

Cuando las emociones negativas imperan en nuestra vida con la intensidad y permanencia como lo están haciendo ahora sus efectos sobre nuestra mente y cuerpo son importantes, dejan huella y, en algunos casos, traumática, hasta el punto de que necesiten ayuda de profesionales de la psicología.

Una experiencia tan intensa y prolongada de emociones negativas tiene importantes efectos. Perdemos la confianza en la vida, que ahora vemos tan frágil, perdemos la confianza en los otros, que ahora vemos como fuente de contagio y a los que no nos podemos arrimar porque son, en sí mismos, una amenaza, perdemos la confianza en nuestros dirigentes y no creemos que sus decisiones sean las mejores para nosotros, incluso, perdemos la confianza en nosotros mismos y pensamos que no vamos a poder recuperarnos de ésta.

Cuando la mente piensa sólo desde una perspectiva emocional ve la vida en términos dicotómicos de todo o nada, amigo o enemigo, blanco o negro. Para tener perspectiva y analizar los hechos y separarlos de nuestros sentimientos necesitamos la mente analítica que, en estos momentos, ha pasado a la reserva, a un segundo plano, como consecuencia de la intensidad del peligro en el que estamos viviendo desde hace meses.

En definitiva, volvemos al trabajo con nuestra mente y cuerpo sintonizados con el peligro, llenos de sentimientos negativos y en una parálisis cognitiva para movernos en este mundo ya no #VICA (Volátil, incierto, complejo, ambiguo) sino #VICAI (Volátil, incierto, complejo, ambiguo, inseguro)

Y, con toda esa carga emocional volvemos al trabajo. ¿Cómo dirigir a las personas en esta situación donde el trabajo emocional es tan intenso?

Es un enorme reto para los directores de personas, sea cual sea el tamaño y sector de actividad porque ellos mismos están inmersos en esta dinámica de emocionalidad negativa y VOCAI.

¿Cómo dirigir a las personas en este entorno? No cabe otra línea que la de generar proyección, confianza, perspectiva, la de promover la proactividad y la colaboración, pero ¿cómo hacer todo esto cuando el tono emocional es tan negativo?

El ser humano tiene una capacidad inmensa de autoregeneración, es capaz de sacar fuerza de flaqueza, incrementar su resiliencia, adaptarse a las circunstancias y responder de forma novedosa y eficaz a los retos del medio ambiente. Esta es la historia de la humanidad vista en términos de evolución y grandeza.

Contamos por lo tanto, con un medio adverso y unos recursos potentes, sólo falta ser conscientes desde dónde los aplicamos ¿desde las emociones negativas? Será complejo y limitado en este caso, siempre en la lucha, siempre en lo que falta y en la defensa de lo nuestro. Pasar a una emoción de aceptación que genere confianza va a ser el gran reto de los dirigentes en, al menos el próximo año y medio, porque si no,…

O cuidamos la emocionalidad colectiva de nuestra organización o los trabajadores van a enfrentarse a una situación difícil, nueva y muy, compleja sin los recursos mentales necesarios para ello.

Es responsabilidad de la organización cuidar de la salud laboral de sus trabajadores y esto incluye su salud psicológica.

Si quieres saber cómo hacerlo en este curso podrás conocer las claves para esa gestión emocional de las personas de tu empresa.

https://cutt.ly/jybTNhk

 

Ya no seremos los mismos

espiralesNo habrá vuelta a la normalidad por mucho que nos empeñemos en querer volver a lo de antes, a nuestra vida que tanto echamos de menos. Se han producido unas rupturas sociales de tal calibre que el escenario ha cambiado.

 

Es más, no habrá una normalidad a la que volver.

Para aquellos que su vida no se haya visto afectada sustancialmente aún podrían hacerse a la idea de normalidad. Mantienen su trabajo como siempre, sus recursos no se han visto reducidos, su entorno familiar no ha sufrido pérdidas. Se han visto afectados, sí, pero sin que eso implique unas consecuencias de antes y después en sus vidas. Por el contrario, para aquellos que han perdido su trabajo, sus recursos como pequeña empresa o autónomos, o han perdido a sus familiares, ¿cuál va a ser la normalidad a la que volver?

La Pirámide de Necesidades de Maslow vuelve a tener un especial sentido en estos momentos. Para aquellos que de golpe han visto que su vida retrocedía al nivel básico de supervivencia, los problemas y temores son otros de los que tengan aquellos para los que no han cambiado sus recursos y su seguridad laboral.

La fractura entre aquellos que de repente se han visto arrojados a un nivel de supervivencia y los que se mantienen en su nivel de seguridad es y será más grande que nunca en la historia.

¿Podemos esperar que las reacciones sean las mismas?

Aún en el supuesto de que existiera esa normalidad a la que volver, los cambios de comportamientos que parecen inevitables van a construir espacios sociales muy diferentes.

El dramatismo de lo que estamos viviendo está produciendo profundos cambios en las dimensiones esenciales de las personas.

A nivel cognitivo, están cambiando algunas creencias sobre la vida, el mundo y nosotros mismos, nuestro sesgo de invulnerabilidad se ha visto conmocionado. Nos hemos dado cuenta de que cualquiera, de que cada uno, puede ver su vida cortada con una rapidez inusitada, algo que en la sociedad actual nos parece casi improbable y hablamos siempre de la alta esperanza de vida con la que contamos obviando la fragilidad de la vida hasta que esta situación nos ha confrontado con ella.

A nivel conductual, el forzado cambio de comportamientos ha roto nuestros hábitos fáciles y cómodos, forzando nuevas conductas que ahora requieren más consciencia, voluntad y energía. Esto nos ha confrontado con la necesidad de reevaluar las cosas que antes hacíamos y que nos parecían imprescindibles en nuestro día a día. Lo que antes parecía prioritario ahora puede que no se interprete así. Todas nuestras rutinas de casa se han podido ver cuestionadas, ¿para qué? ¿por qué? ¿de verdad es necesario? ¿por qué no? ¿cuándo?. Y, ya no digamos si incluimos el trabajar en casa. Espacio, tiempos, reuniones, llamadas, todo ahora se ha visto reformulado de la noche a la mañana. ¿Qué aprendizajes haremos de todos estos cambios? ¿qué cambiará en nuestra forma de trabajar? ¿qué cambiaremos de nuestra relación con el trabajo?

A nivel social y, dependiendo mucho de cómo se esté viviendo si solos o con otras personas, nos hemos dado cuenta del valor y fuerza que tienen para nuestro bienestar las relaciones sociales. Nos echamos de menos y, aunque la tecnología nos ha mantenido más comunicados que nunca, el contacto físico, la energía generada en el encuentro nos falta. Ahora somos más conscientes del valor que tiene para nosotros la compañía y la conversación. ¿Qué mantendremos de ello? ¿Querremos volver a una actividad ciega, a un no parar en el que no encontramos el momento de quedar con aquellos que nos importan?

A nivel emocional, el prolongado período de alarma ha hecho que estemos viviendo una montaña rusa de emociones negativas entre el miedo, la tristeza y la rabia, oscilando entre ellas una y otra vez

Las personas estamos sufriendo una prolongada situación de peligro con repercusiones de mucho calado en nosotros mismos. Cuando las personas nos sentimos amenazadas sólo tenemos tres tipos de respuesta automáticas: la lucha, la huida y la parálisis. El hecho de que se esté prolongando durante meses está consolidando una emocionalidad colectiva negativa que fluctúa como un péndulo entre el miedo, la tristeza y la ira, oscilando entre ellas una y otra vez según las noticias, el desarrollo de estrategias de afrontamiento de inteligencia emocional que hayamos adquirido  y según nuestra personalidad.

En un principio, la parálisis era la reacción más generalizada, la confusión mental, el no creernos lo que pasaba y la impotencia y el desconcierto los sentimientos predominantes. Después del shock inicial y forzados por el aislamiento, la respuesta común era esa huída a nuestro espacio de seguridad, a la casa, al no salir y casi escondernos para que el #COVID19 no nos alcanzara. Tras más de 40 días aislados y cuatro meses de información negativa, las ganas de luchar están tomando el relevo. La fortaleza psicológica de las personas, junto a mejores cifras de curación y contagio hacen que nuestra  indefensión aprendida ante el virus está bajando.  Muchas personas comienzan a sentir sentimientos de indignación por la falta de libertad y las decisiones tomadas, la reacción de lucha, eso sí, controlada, va creciendo y se repiten las demandas de medidas y libertad.

Todos estos cambios nos han cambiado. Ya no somos los mismos.

Y aún en el supuesto de que hubiera la normalidad de lo anterior a la que volver, ya no veríamos ni actuaríamos igual. Nuestra percepción de la vida es otra, nuestras prioridades se han visto cuestionadas y nosotros nos hemos vuelto más resilientes, sí más resistentes, pero también con un mayor sentido de fragilidad y una jerarquía de prioridades nueva.

Habrá que construir un nuevo espacio social en el que tenga cabida esta nueva mirada de la vida y aprovechar los aprendizajes.

¿Querremos cambiar algo?

EL SINDROME DE CALIMERO

 

En la qcalimeroueja continua y en culpar a los demás de lo que ocurre.

Así viven muchas personas su vida. No es un fenómeno actual sino consustancial a las relaciones que establecemos las personas unos con otros donde el estilo cultural tiene un gran peso.

El caso es que estamos rodeados de Calimeros, de quejicas y de acusicas.

 

¿Recuerdas a Calimero un protagonista de una serie de dibujos animados que iba permanentemente quejándose?

Pues eso es fácil de ver en nuestro entorno, es más, es una cuestión de moda cultural.

Quejarse está de moda, está bien visto, levantas la compasión de otros que sintonizan con tu queja, te alineas con otros resentidos y envidiosos y así se tiene la excusa perfecta para culpar a los demás de lo que ocurre.

Echar la culpa a otros de lo que te pasa es lo que en la Teoría de la Atribución se conoce como locus de control externo. Ponemos fuera de nosotros el control de lo que nos pasa. Bien es cierto que lo que ocurre puede ocurrir independientemente de lo que hagamos nosotros pero lo que sí está en nuestras manos y es nuestro asunto es decidir cómo nos tomamos las cosas, de eso sí somos responsables.

El Calimero actúa así no porque las circunstancias le sean desfavorables o difíciles, actúa así por obtiene múltiples beneficios con su forma de actuar:

  1. Un primer beneficio es que tiene la excusa perfecta para no hacer nada y esperar que otros se lo solucionen.
  2. Un segundo beneficio, es que se queja, protesta, e incluso, mete bronca, con lo que consigue salirse con la suya porque otros le hacen caso -aunque sólo sea para acabar con la molestia que origina-.
  3. Un tercer beneficio es la atención que logra de los demás, la compasión, la ayuda e incluso el que hagan las cosas por él ¡¡pobrecito, hay que ayudarle!!

Y, además de los beneficios particulares, en nuestra cultura se dan especiales circunstancias para que el Calimero se sienta un especial protagonista. Por un lado, hay unas profundas creencias culturales vinculadas a la necesidad de compensar al otro, que no tiene lo que tú. Antiguamente al pobre, al ciego, al “tullido”, era una cuestión de caridad ayudarle porque “pobrecito” no se valía por sí mismo. Antes se llamaba caridad, ahora se denomina “solidaridad”, el caso es que bajo ambas denominaciones actuamos desde la posición de yo estoy bien y tú estás mal.

Por otro lado, están las profundas creencias vinculadas con la culpa.

Tienes que ayudar no tanto porque el otro lo necesite sino porque tú necesitas compensar tus sentimientos de superioridad y afianzarte en tu posición de privilegio.

Ayudas al necesitado y ya te sientes mejor, reduces tu sentimiento de culpa, aunque nada haya cambiado. Ahí reside la perversión de la ayuda. Lo que haces es mantener al necesitado en esa posición para que tú puedas “salvarle” con tus aportaciones económicas, tus firmas, tu militancia política, etc., etc. Con eso no permites que la víctima salga de su rol sino que la perpetuas en ese papel para tu propio beneficio. Es algo así como pescar para darle la comida a otro en vez de darle la oportunidad de que él mismo pesque lo que quiera y como quiera.

En este contexto, es de especial importancia la explicación que hace “el triángulo dramático” de Karpman. Te sientes culpable por vivir mejor que otro, por tener más oportunidades que otro, por trabajar más que otro y tratas de compensarlo adoptando un papel de salvador frente al pobrecito que es una víctima de las circunstancias, de la vida, de los otros que le persiguen. Un pobrecito al que tienes que rodear de apoyos solidarios para que ”en realidad” no se mueva de ahí y tú puedas seguir en tu situación de privilegio.

Ninguna de estas creencias facilitan una sociedad sana y orientada al bienestar y jugar a estos “juegos psicológicos” tampoco mejora la vida de las personas sino que las cronifica en papeles insanos de víctima-perseguidor-salvador.

Todo ello es una gran excusa para no hacerse responsable de uno mismo, para no tomar las riendas de la propia vida, para no trabajar en la autogestión  y ejercitar la voluntad para cambiar la forma de ver las cosas y el comportamiento.

Calimero es un fenómeno habitual en los procesos de Psicología Coaching. El cliente llega con la esperanza, no de resolver su situación sino de que, a través del coaching, pueda verse reforzado en su posición y sentirse con todo el derecho para mantenerse en su posición porque él tiene la verdad, él sabe cómo son las cosas.

Por eso es tan importante, a la hora de contratar servicios de coaching, que tengas claro lo que buscas. Si es para engrosar tu ego y reforzar tu narcisismo seguramente no te sirva un psicólogo experto en coaching. No,  porque este profesional te confronta con  tu posición, tu juego y parte de sus competencias profesionales son precisamente mantener una neutralidad exquisita respecto a ti.

No, no va a asumir que tú tienes la razón sino que va a hacerte ver cómo piensas y si esa forma de razonar te interesa en tu vida, te acerca a tu propósito.

Vivir de Calimero, tiene grandes beneficios pero también provoca grandes limitaciones. Cuando eres consciente de ello, del victimismo con el que enfocas tu vida tienes la oportunidad de decidir si esa forma de pensar, sentir y actuar es lo que quieres para ti o quieres elegir otra cosa. Es asumir el locus de control interno.

Para muchos tomar consciencia de ello y decidir hacer algo diferente es, plantearse en toda regla, vivir una vida diferente, más plena, más consciente, más propia.

Presento el «Manual del coach»

Te invito a la presentación de mi nuevo libro:  «Manual del coach. Acompañar para conseguir resultados extraordinarios»

Será el 19 de mayo a las 18,30 en el Aula Magna del Colegio Universitario Cardenal Cisneros. c/General Díaz Porlier, 58.

Puedes confirmar tu plaza en este enlace.

http://www.eos.es/index.php?option=com_rsform&formId=22

Aún no está presentado y ya es un bestseller de ventas, más de 300 ejemplares vendidos en sólo unos días. Todos los que lo tienen, lo dicen «es el manual de referencia en coaching».

Para que te hagas una idea de cómo es el libro te paso un par de testimonios:

Lo que dice Luis Picazo del libro: «Obra extraordinaria. Es una enciclopedia del coaching. Tras leerlo he exclamado: “¡qué claridad, lucidez, exhaustividad y profundidad! Añado: Será  un libro de referencia y de cabecera para profesionales, académicos y estudiosos. Libro de consulta e imprescindible para todos los que se interesen por el coaching».

Lo que dice Alfonso Medina, su prologuista: «Este manual se convertirá en una de las referencias básicas para los alumnos y las escuelas de coaching de habla castellana».

Lo que digo yo misma: «Es el manual con el que me hubiera querido contar cuando me formé en coaching y que querría tener siempre como libro de consulta para afianzar y mejorar mi práctica de coaching».

Te espero, un abrazo,

Isabel Aranda

Pcartel presentacion libro cardenal cisnerossicóloga experta en coaching

# 34 616412599

isabel.aranda.coaching@gmail.com

WordPress.elblogdeisabelaranda.com

escueladeevolucionemocional.com

ALINEA LAS EXPECTATIVAS O EL PROCESO NO TENDRA EXITO

 

expectativas-272x300Claramente las expectativas de los tres agentes implicados no son las mismas. Desde aquí no se puede iniciar un proceso de coaching cuya potencia radica, precisamente, en identificar el punto donde se está, el punto al que se quiere llegar y el camino para alcanzarlo. Cada uno está demandando desde sus necesidades particulares y es necesario consensuar unos objetivos suficientes y válidos, para todos, desde los resultados buscados.

Vicente, 31 años, soltero, Acaba de ser nombrado Manager Junior en una empresa de seguros. La Dirección de RRHH en colaboración con la Dirección del área de Vicente creen oportuno realizar un proceso de coaching para reforzar su adaptación a la nueva posición.

La primera reunión con la empresa resulta compleja. Recursos Humanos quiere que el proceso de coaching acelere la curva de aprendizaje y adaptación de Vicente con su nuevo puesto y maneje rápidamente todos los procesos de su nueva función. Tienen mucho interés en que su designación sea un éxito desde el primer momento. Por su parte el Director de área se centra más en competencias operativas, lo que quiere es que Vicente desarrolle su capacidad negociadora lo antes posible.

Una reunión exploratoria con Vicente, arroja más complejidad. A él lo que le gustaría es desarrollar su capacidad para relacionarse con el nuevo equipo.

Claramente las expectativas de los tres agentes implicados no son las mismas. Desde aquí no se puede iniciar un proceso de coaching cuya potencia radica, precisamente, en identificar el punto donde se está, el punto al que se quiere llegar y el camino para alcanzarlo. Cada uno está demandando desde sus necesidades particulares y es necesario consensuar unos objetivos suficientes y válidos, para todos, desde los resultados buscados.

Una nueva reunión se centra en definir los resultados del proceso que, para cada uno, serían adecuados. En el fondo no hay tanta diferencia, todos quieren que Vicente pueda alcanzar los objetivos asignados a su nueva función en un plazo de dos meses. Este ya es un buen punto de partida. Se acuerda, por tanto, como reto del proceso: trabajar el desarrollo de las competencias de Vicente ligadas expresamente con la consecución de sus objetivos. Se establece también una prioridad entre estas competencias, asumiendo que cuanto más peso tienen en la consecución de los objetivos más prioritaria es.

Vicente asume el proceso con entusiasmo pero también con cierta suspicacia. Se ve bajo los focos y, aunque su talante es ambicioso, se siente incómodo con tanta presión. Un nuevo obstáculo a sortear: habrá que conseguir que Vicente se relaje, confíe en sí mismo y se pueda concentrar en el avance. Serán objetivos de proceso.

 

«¿De las competencias que necesitas para conseguir tus objetivos, cuál es la que consideras que tienes que trabajar primero?»

«Negociar. Esto es fundamental para mis resultados. No es que lo haga mal, todo lo contrario, pero me falta ese punto de seguridad que me haga ser más rotundo en mis propuestas»

«¿Seguridad?»

«Sí, no sabría decir si es seguridad en que lo hago bien, o seguridad en que voy a conseguirlo…, estar más seguro,… no dudar…»

«¿Qué pasaría si no dudaras?»

«Pues arriesgaría más, iría a por todas, pondría las condiciones más altas»

«¿Qué te está impidiendo hacer eso?»

«Uff…, en realidad no sé, lo habitual, ¿no?»   

Vicente se está escudando en razones que justifican su comportamiento actual. Desde ahí no puede cambiar, es su zona de habitualidad. Hay que cambiar el plano del diálogo para que se sienta inmerso en el análisis consciente de lo que hace y desde ahí llevarle a la responsabilidad consigo mismo.

«Cierra los ojos, respira hondo, imagina por un momento que no hay límite, que estás consiguiendo  las mejores condiciones, que vas a por todas, ¿qué estás haciendo?»

«Ahh…, sí que actuaría de otra forma, lo primero es que me sentiría más capaz… esto sí que es importante, me doy cuenta de que en el fondo tengo miedo a que me digan que no…»

«¿Qué significa miedo?»

«Encontrarme con el no»

«¿Y?»

«Mmmm»

El diálogo continúa. Vicente se muestra perspicaz, altamente consciente y comprometido, se está entregando al análisis de esta fase de consciencia plenamente. Es un gran coachee y su avance será espectacular, seguro.

En el proceso de coaching, el irse al resultado siempre funciona. Sacamos al cliente del presente, de sus limitaciones actuales y sus perspectivas concretas para llevarle a un espacio generativo donde caben nuevas posibilidades vinculadas a los resultados que se quieren obtener.

«Imagínate negociando con el cliente como me has contado, sin trabas, sin límites, sin miedo a no ser capaz de asumir el no, sin miedo a plantear y replantear los términos hasta conseguirlo»

«Me gusta esa idea, sí»

«¿Cómo estarías actuando en este momento?»

«Y esto, ¿puedes hacerlo?»

«Sí»

«¿Vas a hacerlo?»

«Si»

«¿Fijamos un plan de acción?»

«Claro»

Vicente está entusiasmado, se ve haciéndolo como quiere, y… se pone a hacerlo.

En la siguiente sesión, el seguimiento muestra que Vicente está actuando desde su ideal de negociador. Ya lo está haciendo. Está cerrando operaciones con más frecuencia y con indicadores más altos y en un tiempo record.

Una siguiente reunión tripartita confirma los avances. Estamos en el buen camino. Parece que la tensión se relaja y ahora tienen cabida los objetivos más personales de Vicente: quiere mejorar su capacidad de relación. De todas formas, RRHH sigue con la demanda del dominio de procedimientos. Se llega a un acuerdo: La mejora del dominio pasa por la mejora de las relaciones ya que apoyarse en el equipo puede acelerar el aprendizaje de Vicente.

Segunda fase del proceso, ahora los objetivos son mejorar la capacidad de relación con el equipo con el fin de integrarse rápidamente en él y, hacerlo proactivamente, enriqueciendo al equipo. Esto pasa por desarrollar la asertividad de Vicente, su capacidad de «pedir y ofrecer», la aceptación en la diversidad de las personas como fuente de enriquecimiento personal y la confianza en el equipo.

En eso se centra la segunda fase.

Lo más difícil en este proceso ha sido gestionar las expectativas de todos los agentes implicados y conseguir que definieran un resultado satisfactorio para todos. ¿Por qué? Porque como decía Alicia en el País de las Maravillas:

“¿Me podría decir cuál es el camino que debo seguir?” Preguntó Alicia.

“Eso depende dónde quieras ir”, respondió el gato.

“Es que no sé dónde quiero ir”.

“Entonces da igual el camino que escojas”.

Lewis Carrol, Alicia en el País de las maravillas

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Si no sabes hacia dónde ir, cualquier camino vale.

Con el título «expectativas» esta conversación ha sido publicada en mi sección mensual de «Conversaciones de coaching» en:

logo training and digest

http://www.tdd-online.es/content/vicente-expectativas

¿Por qué es tan importante definir bien las expectativas sobre el coaching?

Como señala la Escuela Norteamericana, de coaching co-activo, la línea más pragmática del coaching, cuyo fundador es Thomas Leonard.

El resultado final del coaching, es decir, la acción diferente y orientada a determinados objetivos, es lo fundamental.

Sostiene como principales principios que la relación entre coach y cliente se trata de una alianza diseñada por ambos basada en los compromisos y expectativas. Aunque sería suficiente el sentido común para entender que hay que definir bien hacia dónde se quiere ir o no será fácil llegar.

distinciones emocionales para los coaches

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Con enorme orgullo te comunico que el próximo 12 de noviembre se celebrarán las X Jornadas Profesionales de Coaching donde facilitaré el taller

«Distinciones emocionales y su gestión en el coaching».

Entre el pensamiento y la acción del coachee están sus emociones. Las distinciones emocionales permiten diferenciar los sentimientos y distinguir las emociones que están en la base de la acción del coachee.

Identificar las distinciones permite al coach facilitar al coachee una mejor comprensión de sus emociones y una mejor gestión más acorde con sus objetivos. Es una habilidad en la que el coach puede entrenarse para ganar eficiencia y favorecer la acción del coachee.

Dado que las emociones son uno de los componentes claves de la persona con la que se trabaja en coaching, conocerlas y comprender cómo afectan la acción del coachee es fundamental para un coaching eficiente.

En el taller.se expondrá la función de las emociones y su papel en la acción, así como una clasificación funcional de las emociones y el modelo propio de «emociones capacitantes» y su trabajo con él en el coaching

Toda la información sobre las jornadas en el siguiente enlace:

http://www.icfespana.com/jpc2015/shop/category.php?id_category=3

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