Todas las entradas por isabel aranda

Conferenciante, formadora y escritora. Psicóloga experta en coaching, PsEC, PCC por ICF. Doctora en Psicología. Formadora, mentora y supervisora de coaches. Autora de "Emociones capacitantes. Su gestión en el coaching, el liderazgo y la educación" y "Manual del coach. Acompañar para conseguir resultados extraordinarios". Directora del Experto Universitario en Psicología Coaching del Centro de Estudios Universitarios Cardenal Cisneros. Coordinadora del grupo de trabajo de Psicología Coaching del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Vocal de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Vocal de la División de Psicología del Trabajo del Consejo de la Psicología de España. Directora de la escuela de evolución emocional.

PSICOSOMÁTICO

Ya era hora. ¡Por fin se reconoce que las personas somos una unidad cuerpo y mente! Lo que sientes y lo que piensas afecta a todas las células de tu cuerpo, constriñéndolas o relajándolas. Cuando las tensiones se mantienen, algunos órganos o el cuerpo en su totalidad pueden enfermar. Esto hace que adquiera una importancia absoluta la consciencia de cómo sentimos, de cómo vivimos. Solemos asociar psicosomático a algo inapropiado, a algo negativo, incluso te dicen que ¡tienes tú la “culpa”!; “a ver si te relajas”; “tienes que tomarte las cosas con más calma”; “no está enfermo, es psicosomático”; “no tiene diagnóstico, está en su cabeza”…, y así oímos un sinfín de frases que reflejan el desconocimiento de cómo somos y de cómo estamos hechos. Sigue entre nosotros esa “supremacía moral de la razón”, que indica la inseguridad y la falta de perspectiva sistémica propia de siglos pasados. Psicosomático indica que afecta a todo nuestro organismo, que no se trata de una simple rotura de una parte de nuestro cuerpo. Somos una unidad biológica, un sistema abierto que se autoregula en interacción con su entorno. Psicosomático indica la profundidad de su impacto, el alcance de sus efectos. Sólo entendiendo que psicosomático se refiere a la totalidad de nuestra persona, nuestro sentir, pensar y hacer que se refleja en nuestra salud podremos comprendernos.

Interesante artículo sobre lo psicosomático en el link adjunto: http://www.diariovictoria.com.ar/2012/01/ciertas-emociones-responsables-de-producir-enfermedades/

LAS MOLÉCULAS DE LA EMOCIÓN

La doctora Candace Pert (1946 – ) es una investigadora de la neurociencia conocida por sus descubrimientos en los neurotransmisores que están en el origen del funcionamiento químico del cerebro. Ha escrito más de 250 publicaciones científicas. Actualmente trabaja como Chief Scientific Officer en los laboratorios RAPID en Rockville, Maryland (EEUU). En sus libros “Molecules of Emotion” y “All you need to know to feel good” propone un cambio de paradigma, sustentado en los descubrimientos científicos, en la forma de entender a las personas.

Sus estudios han resultado esenciales para el desarrollo de un nuevo campo de la medicina, la psiconeuroinmunología, en el que la mente y el cuerpo no pueden seguir entendiéndose más como partes independientes de la persona, sino como un sistema en el que el foco hay que ponerlo en los procesos, y la clave precisamente de esos procesos son las estrategias emocionales mediante las cuales reacciona la persona.

La doctora Pert, hablando de su libro «Molecules of emotion: the Science Behind Mindbody Medicine” (1988), comentaba que ya se habían identificado más de 72 elementos químicos emocionales específicos. Estos elementos, como las endorfinas y sus receptores correspondientes, están en todo el cuerpo y no sólo en el cerebro como se creía a principio de los años 80. Podemos encontrarlos, por ejemplo, en las células inmunes que se desplazan por todo el organismo, en las células adiposas, a lo largo de la médula espinal, en las válvulas del corazón, o en los esfínteres del aparato digestivo implicados en la digestión. Las moléculas de las emociones se desplazan por todo el cuerpo y encajan en sus receptores específicos, tal y como una llave encaja en su cerradura. Cuando esto ocurre, se produce determinados cambios en la célula. Lo impresionante es que las moléculas de las emociones afectan a todas las células del cuerpo.

Así pues, todas las células del cuerpo responden con una estrategia predeterminada por la evolución ante la presencia de las moléculas de una emoción concreta. Y no sólo responden con una respuesta química, también lo hacen con una respuesta física, vibratoria que genera energía. Al igual que en la música percibimos pautas ordenadas de vibraciones de diferentes frecuencias y entendemos una melodía, nuestras células perciben, a través de los iones, los cambios de vibraciones provocados por los neurotransmisores, y en función de esos cambios, las células, los tejidos, los órganos cambian generando una respuesta de un tipo u otro. Se ha descubierto en el flujo sanguíneo células aparentemente inmunitarias que se desplazan hasta el cerebro y se convierten en células cerebrales. Esas células se organizan según nuestro estado emocional.

Las emociones son estrategias organizativas de nuestro cuerpo y mente que influyen en nuestra conducta. Las implicaciones en nuestro estado de ánimo, nuestra conducta y nuestra salud se hacen evidentes. La doctora Pert señala que los médicos tratan el cuerpo desvinculado de la mente y las emociones, y los psicólogos tienden a tratar la mente separada del cuerpo. Es algo que puede estar pasando también en el Coaching, donde se tiende a trabajar con la palabra para la acción sin considerar la conexión con el cuerpo.

Las investigaciones de la psiconeuroinmunología, demuestran que mente y cuerpo no están separados, sino que son un sistema. Lo físico y lo mental son una unidad funcional y no son realidades separadas. La cualidad de la relación es precisamente la emoción. No podemos ignorarlo por más tiempo.

LA NEUROCIENCIA

neuroimagen1La neurociencia está ofreciendo una información valiosísima sobre como las personas reaccionamos emocionalmente ante lo que nos ocurre, sea esto tomar una decisión de compra, una relación, unos cálculos matemáticos, liderar un equipo o visionar una película. Y es tal la importancia de estas aportaciones, que el Parlamento Español declaró 2012 el Año de la Neurociencia en España lo que representa una oportunidad única para dar un impulso, no sólo a la investigación, sino a la divulgación sobre el funcionamiento del cerebro.
En los últimos años se han desarrollado técnicas prodigiosas que permiten, por primera vez, ver lo que está ocurriendo en el cerebro. Antes de ello la única fuente de información sobre el cómo funcionaba el cerebro era el análisis de los tejidos de cadáveres y la observación previa de la conducta de la persona, de lo que se deducía el vínculo que existía entre una zona del cerebro y unas determinadas conductas.
Actualmente las neuroimágenes funcionales muestran las áreas del cerebro que se activan al trabajar en una tarea ya que cuando un área se activa requiere más aporte de sangre, y eso en las neuroimágenes se ve con diferente intensidad de color. A más actividad más roja la zona.
Son descubrimientos que tienen deslumbrados al mundo del marketing por la información tan singular sobre las preferencias ante las marcas y la toma de decisiones.
Y es sobre todo una información valiosísima para entender que las emociones están implicadas en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida, en todo lo que sentimos, lo que pensamos y lo que hacemos.
Seguiremos trabajando para que las emociones sean algo cercano, conocido, muy nuestro, porque son parte de nuestra propia esencia. Es cuestión de ser conscientes de ellas y querer gestionarlas, con el horizonte puesto en lo que nos permiten hacer: ¿Esto que estoy haciendo es lo que quiero hacer? Las preguntas de coaching serán de gran ayuda para ello.

EL MANEJO DE LAS EMOCIONES EN EL COACHING

Si hay un reto pendiente en el ejercicio del coaching es sin duda el manejo de las emociones. Y no sólo porque las escuelas hablan de los tres dominios: cuerpo, lenguaje y emociones, pero se centran en el lenguaje, sino porque las personas tenemos un conocimiento culturalmente muy difuso sobre las emociones, los sentimientos y cómo nos afectan y podemos gestionarlos. Y para generar más confusión se tiende a hablar de las emociones como de algo positivo o negativo que hay que buscar o eliminar de la vida. ¡Qué gran desconocimiento!
Los días 8, 15 y 22 de febrero impartiré un curso “Habilidades y técnicas para el manejo de las emociones en el Coaching” Las emociones en el coaching. Con el cuerpo, la mente y la acción en el coaching. Un programa de desarrollo de coaches, homologado por ICF, Más información : www.lider-haz-go.es, 627 950 435, mpineiro@lider-haz-go.es

LAS EMOCIONES EN LA CARA

Charles Darwin publicó en 1870 su libro ”La expresión de las emociones en el hombre y los animales”. Analizaba cuáles eran estas expresiones y si eran reconocidas universalmente. De ser así, habría un componente genético importante y el peso de las diferentes culturas sería escaso. Darwin encontró que hay emociones universales. 150 años después se va a repetir su rudimentario estudio a gran escala y contando para ello con los medios que internet puede hoy aportar. En este enlace puede leerse más sobre esta investigación. http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/11/111116_crowdsourcing_darwin_internet_experimento.shtml
El estudio de Darwin partía de la hipótesis de que las personas podemos reconocer las expresiones de otras y las interpretamos como de una emoción determinada. Lo que probablemente no entraba en sus planteamientos es que los animales pudieran reconocer las emociones humanas e interpretarlas. Los que convivimos con mascotas sabemos de la especial habilidad de algunos gatos o perros para empatizar con tu estado emocional y ofrecerte cariño o por el contrario alejarse, y la especial habilidad de un caballo para detectar tu miedo y tirarte. Pero esto está muy lejos de los sorprendentes resultados de un estudio con palomas, una especie lo suficientemente distante en parentesco con nosotros como para pensar que no tienen porqué identificar nuestras emociones. Lo increíble es que son capaces de reconocer las emociones de las personas. Más información en http://noticiasdelaciencia.com/not/1169/la_capacidad_de_las_palomas_para_reconocer_emociones_en_rostros_humanos/
Y todavía hay que argumentar y defender que haya programas de formación en inteligencia emocional desde la escuela. Algo de importante tiene que ser el reconocimiento de las emociones de otros seres cuando hasta las palomas son capaces de hacerlo.

LIDERAR ES COSA DE EMOCIONES

Rut Vilar nos revela en un artículo en Publico.es que “el periodista Ricard Torquemada contaba en el libro Fórmula Barça que a Guardiola le gusta convencer a sus jugadores con inteligencia. «Nunca ha utilizado el podéis batir otro récord», revela el periodista. Sin ir más lejos, en la citada final de Abu Dabi trascendió la última consigna que dio el preparador a sus muchachos: «Si hoy perdemos, continuaremos siendo el mejor equipo del mundo. Si ganamos, seremos eternos», dicen que lanzó el técnico a la plantilla”.
Independientemente de que gane, o quizás precisamente por ello, se suele citar con frecuencia a Pep Guardiola cuando hablamos de liderazgo, de inteligencia emocional y de equipo. Parece que el catalán domina aquello que planteamos en este blog: que desde las emociones que te hacen sentirte capaz, te entregas al máximo para alcanzar lo que te propones.
Es una lección magistral para todos nosotros, y muy especialmente para aquellas personas que tienen la responsabilidad de dirigir y coordinar el trabajo de otros. Cuido expresamente no decir líderes, porque ser líder no es un cargo, sino un desempeño personal, una forma de ser y de actuar que tiene que ver con la inteligencia intrapersonal, con lo que me digo, con lo que pienso de mi, con cómo me valoro, con cómo respondo a las circunstancias, con cómo respondo a lo que siento. Porque desde éstos cómos aprecio a los demás, y como resultado me comunico, negocio, lidero.
De ahí el valor exponencial que estamos dando al desarrollo de la inteligencia emocional de un responsable. Muchas veces en los cursos de liderazgo me dicen “sí, pero tú dime qué hay que hacer”, como si liderar fuera seguir una check list. Liderar no es seguir ni una lista de acciones, ni un modelo. Seguramente tiene mucho más que ver con qué persona eres tú.
Suelo contar la anécdota del abuelo y el niño que están sentados en la estación del tren viendo llegar a los viajeros. Uno de ellos pregunta al abuelo “E paisano, ¿cómo es la gente por aquí?” y el abuelo le contesta “¿Cómo es la gente de dónde viene?”, “Insoportables, vengo asqueado, vengo harto, vengo buscando otros aires y otras gentes”, y el abuelo le contesta “Pues exactamente aquí son así”.
Tiempo después otro viajero vuelve a preguntar al abuelo “Cómo es la gente aquí”, y el abuelo le contesta igual que en la ocasión anterior: “¿Cómo es la gente de dónde viene?”, y el viajero le contesta “Estupenda, gente buena”, a lo que el abuelo le contesta: “Pues exactamente aquí son así”.
El nieto asombrado por la contradicción le pregunta al abuelo cómo es que contesta cosas opuestas. A lo que el abuelo le responde: “El juicio que tenemos de las personas no se corresponde con las personas sino con el juicio que tenemos de nosotros mismos”.
Vemos lo que somos capaces de ver.
El cómo un líder actúa muestra el valor y confianza que se da a sí mismo. El como un padre, madre, maestro, profesor, médico,… actúa muestra el valor que se da a sí mismo como persona.
Aunque el coaching no sea el mítico Bálsamo de Fierabrás, aquella poción mágica capaz de curar todas las dolencias del cuerpo humano, si que facilita la introspección necesaria para poder tomar consciencia de lo que eres capaz de ver, de las explicaciones que das sobre ello y de a dónde te permiten ir, y se está convirtiendo en un método esencial, por su rapidez y resultados, en el desarrollo de esa inteligencia intrapersonal que está en los fundamentos del liderazgo.
Para quién quiera ser un gran líder, identificar y gestionar sus emociones será la clave.
http://www.publico.es/deportes/412646/inteligencia-emocional

EL SISTEMA PERSONA

Cuando has estudiado durante años a las personas, el cómo nos relacionamos con el mundo, el cómo procesamos la información, el cómo respondemos ante lo que nos ocurre, tienes más posibilidades de entender a la persona, comprender al extraordinario ser que tienes delante y trabajar desde un marco de comprensión y valoración. El estudio de la persona nos permite entender a la persona en su conjunto como un sistema, con el concepto que propongo de “sistema-persona” en el artículo publicado en la revista de ICF nº 7 dentro de la separata de Capital Humano de este mes. Resulta gratificante ver cómo encajan las piezas del puzle, o mejor dicho, de los sucesivos puzles que a lo largo de la vida te van surgiendo, según vas aprendiendo, experimentando, viviendo. Psicología y coaching, más experiencia, más vida. Entiendes mejor cómo actúa el coaching cuando entiendes cómo pensamos las personas. Os invito a leerlo en las páginas 12 y 13

Cuadernos de Coaching 7: El sistema persona, páginas 12 y 13

OBSERVAR LAS EMOCIONES

Cualquiera que conviva con diferentes animales, perros, gatos, caballos puede apreciar con una nitidez tremenda el espectáculo de cómo responden a sus emociones. En ellos es visible el miedo, la confianza, la tristeza, la ira, el enfado, el asco, la alegría,…. Observas las orejas echadas para atrás del caballo y, en ese momento, te das cuenta de que no es de fiar, tiene miedo y tendrá reacciones defensivas, y puede incluso que llegue a atacarte para defenderse. En estos animales poco hay de pensamiento para ocultar, falsear, reprimir, desplazar sus emociones. Las expresan con una nitidez increíble.
Convivir con ellos y observar su lenguaje no verbal y sus reacciones es una fuente de aprendizaje fantástica puesto que muestran sus emociones de forma muy evidente. Luego trasladarlas al día a día y entender mejor a las personas es más fácil. Nos fijamos más en los pequeños movimientos de las orejas, de los ojos, de la cara, de las manos, del cuerpo en general. Y llegamos incluso a entender algunas de las reacciones de las personas comparándolas con las de los animales. Al fin y al cabo todos somos mamíferos y las emociones están en nuestra dotación genética con las mismas finalidades.
Aunque con las personas es mucho más complicado percibir una emoción. Se pueden mezclar emociones, se pueden manifestar de forma diferente, unas veces por la cultura, otras por el aprendizaje, otras por la costumbre y, sobre todo, se mezclan con el pensamiento, lo que puede hacer que se intenten ocultar, unas veces conscientemente y otras inconscientemente.
Aprender a distinguir las emociones en los otros forma parte de esa educación emocional que tanto necesitamos y que tan buenos resultados nos puede dar en nuestras relaciones. Observar y entender lo que les está pasando nos hace mucho más competentes para manejar las relaciones.
Y hay actividades profesionales en las que esta capacidad de percibir y comprender las emociones de los demás tiene un valor todavía mayor y llega a hacerse imprescindible, actividades en las que el desarrollo de personas es la finalidad: maestros, pedagogos, psicólogos, coaches, pero también líderes de equipos, directores de personas. Es difícil que puedas lograr lo mejor de una persona si su disposición emocional no es la adecuada para dar lo mejor de sí, así que ¿por qué no aprender a distinguir en qué disposición emocional está nuestro interlocutor? Seguro que se abrirán nuevas posibilidades a la comunicación, la relación y la acción.

LA LIBERTAD DE ELEGIR

Hace unos días en un foro de debate entre coaches (había unos 30), alguien se lamentaba de la pérdida de valores de la gente, de la necesidad de volver a los valores. Su idea fue secundada, “Sí, se han perdido los valores”, “la gente necesita recuperar los valores”, “si, sí, hay que volver a tomar conciencia”,…
El debate abierto me trajo a la mente una perspectiva diferente de la realidad social. Esa misma semana acababa de verme entera la magnífica serie de “Los pilares de la tierra” ¡lástima que sea tan corta y no dure más la recreación del libro! En ella se ve con claridad una sociedad aletargada bajo el dominio, el miedo, el dogma y el deber. La belleza de la historia, y la magia de sus protagonistas, mostraban también el eterno juego bipolar del hombre siempre fluctuando entre el bien y el mal, entre el varón y la mujer, entre el sometimiento y la rebeldía, entre el pasado y el futuro, entre el status quo y la innovación, entre la norma social y la elección personal, entre el individuo y el grupo.
La historia ubicada en el medievo, no estaba lejos de nuestro marco social. Ciertamente hemos cambiado dogmas y deberes, tenemos nuevos modelos, nuevos púlpitos, nuevos temores, renovadas amenazas, ahora masivos y constantes a través de los medios de comunicación. Y sin embargo…
Creí llegado el momento de discrepar. Para mí era evidente, nunca como ahora las personas, -y elijo la palabra persona para resaltar el valor del individuo-, en vez de un genérico difuso como gente, las personas estamos tomando consciencia de nuestra propia naturaleza, de lo que somos como seres vivos.
Nuestra sed de conocimiento no sólo es científica, o restringida a unos pocos individuos exploradores o doctos. De una forma general, masiva, se palpa las ganas de conocer las respuestas a por qué reacciono así, por qué me siento así; de aprender nuevas formas de actuar ¿qué hago para sentirme mejor?, ¿cómo puedo comunicarme mejor?, ¿cómo puedo liderar a mi equipo?, ¿cómo educo a mis hijos para que sean autónomos y felices?; yo mismo, ¿puedo ser más feliz?
Pienso que estamos viviendo un momento excepcional en el desarrollo de la consciencia sobre nuestra naturaleza, queremos saber más de nosotros mismos, de lo que nos mueve a hacer o nos paraliza, de lo que nos hace sufrir o nos llena de capacidad, nos empodera para conseguir lo que queramos, nos hace sentirnos personas “poderosas” como dice la gran Leila Navarro.
Lo que hemos aprendido y lo que de verdad es importante para una persona, no son los modelos sociales, culturales, religiosos, ni los valores de antaño, ni los nuevos valores, ni los valores de otros. Lo que importa es sentirte libre. Y la única libertad que tenemos las personas es la capacidad de elegir cómo sentirnos ante lo que nos ocurre, que tan magistralmente transmitió Vicktor Frankl (1905-1997) en su libro El hombre en busca de sentido. Es algo que ya afirmaban los clásicos. Es ahora cuando las personas nos estamos haciendo conscientes de nuestra capacidad para conocer nuestra biología, nuestra forma de sentir, nuestra forma de pensar, nuestra forma de actuar y de cómo cambiarlo a voluntad.
El mismo desarrollo exponencial del coaching lo avala. La demanda y la oferta no dejan de crecer. La oferta de información en psicología positiva es ingente.
Si en algún momento de la historia de la humanidad ha habido una voluntad por ser conscientes de lo que somos de una forma masiva, creo que es ahora. Si en algún momento de la humanidad, las personas nos esforzamos por elegir nuestra vida y cómo vivirla es ahora. Si en algún momento de la humanidad nos sentimos libres para elegir nuestros valores es ahora. No deja de ser una creencia. Lo que para mí es una evidencia es lo que demandan mis coachees y lo que logran con su trabajo en el coaching: Ser conscientes de que pueden elegir.

LAS EMOCIONES ¡FUERA DE LA OFICINA!

El presidente de una empresa en la que trabajé gritó en la reunión del Comité de Dirección: “las emociones fuera de la oficina” Han pasado doce años de eso y aún recuerdo su rabia constreñida y su indignación ante la situación que realmente le incomodaba. En este cambio de siglo si algo precisamente ha supuesto una innovación en las organizaciones es la aceptación, por evidente, de que las emociones son parte de nosotros y que la razón no existe sin la emoción. Los ingentes aportes científicos de la neurociencia muestran de forma irrefutable que las emociones son parte esencial de nuestra forma de atender, entender, recordar, en definitiva, de nuestro pensar y actuar.
¿Qué estaba diciendo mi estimado jefe? Estaba hablando de su miedo a no controlar, de su miedo a no entender, de su miedo a no saber cómo responder. Parapetado tras una fachada de racionalidad, como si la razón tuviera un valor absoluto, exigía con esa frase suprimir toda referencia a los sentimientos, a las relaciones y al bienestar. Y lo hacía precisamente con una respuesta emocional. Su racionalidad, quedó al descubierto con esta frase como una defensa, un parapeto para su inseguridad. La exigencia al Comité de Dirección no hacía más que poner en evidencia su falta de confianza en sí mismo y en las personas.
A día de hoy resulta ya impensable que un líder o cualquier persona interesada en el desarrollo de personas acepte una afirmación como esa. Aunque sigue siendo un pensamiento habitual en las organizaciones y hay mucho trabajo por delante si queremos facilitar el desarrollo y bienestar de las personas. Falta “alfabetismo emocional”. En el lenguaje cotidiano confundimos sentimientos con emociones, emociones con sensaciones. Desde esta confusión difícilmente podemos comprender lo que nos ocurre. Un primer paso, por lo tanto, para desarrollar esa inteligencia emocional que nos permita tomar decisiones más acertadas, vivir con una mayor satisfacción, ser más conscientes y autónomos, mantener unas relaciones más satisfactorias, un mayor bienestar en definitiva, consiste en aprender distinciones para nombrar lo que sentimos, lo que nos ocurre, lo que notamos.
Alguien podría preguntarse “¿a mi edad tengo que aprender a nombrar lo que llevo sintiendo toda la vida? Pues probablemente sí, las distinciones nos permiten responder de una manera más adecuada, más útil a las circunstancias. Como ejemplo, para un esquiador conocer lo que es nieve dura o nieve en polvo le permite tomar decisiones más ajustadas a la situación en la que está, adaptar su técnica, sacar más partido a sus descensos y evitar accidentes. Reconocer que lo que sientes es miedo, envidia, lástima,…, te permite preguntarte a qué responde ese sentimiento y entender mucha información que de forma inconsciente tienes y que no estás aprovechando.
Sin aprender a distinguir nuestros sentimientos, nuestras sensaciones, nuestras emociones, no podemos conocernos, gestionarnos, evolucionar en función de nuestros propios valores y desafíos.
¿Cuándo empiezas?