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COMPARTIR EMOCIONES

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Comentaré, compartiré, escucharé a todos los que queráis acompañarme en una nueva presentación de mi libro «Emociones capacitantes. Su gestión en el coaching, el liderazgo y la educación» el miércoles 25 de junio a las 19:30 en la Libreria TopBooks de la calle Fuencarral, 127.

Para abrir boca, comparto un trozo de la introducción del libro.

Hablamos a todas horas de las emociones. Tenemos numerosos términos para denominar emociones. Decimos que hay innumerables emociones. Los medios informativos hablan de emociones continuamente. Llamamos emociones a todo lo que sentimos, sean emociones, sentimientos o sensaciones. Mezclamos indiferenciadamente  y confundimos lo que sentimos, y eso hace que nos sea difícil identificar lo que nos pasa y por qué.

A veces leemos textos que hablan de las emociones como de entes ajenas a nosotros, que “nos tienen”, “nos habitan” o “nos dominan”. A veces oímos decir que las emociones son negativas, que nos hacen sufrir y que hay que eliminarlas de nuestra vida. Leemos también y oímos hablar de que es necesario controlar nuestras emociones y ser racionales. También oímos decir que hay que expresar los sentimientos, y otras veces, que hay que controlarlos.

La confusión es general y no es de extrañar. Nuestra tradición cultural es racional, somos herederos del pensamiento de Descartes y seguimos en un paradigma en el que la razón es el criterio esencial en nuestra vida y el eje de todo nuestro comportamiento. Entendemos a las emociones como algo que nos descontrola, e incluso domina, y la mayoría de las veces, además, les adjudicamos un valor negativo, tanto por nuestro desconocimiento sobre ellas, cómo por la forma en que nos afectan en nuestra vida.

Para añadir más confusión mezclamos los fenómenos: sensaciones, sentimientos y emociones. Nos damos cuenta de las sensaciones que nos han provocado las emociones y decimos “me siento emocionado”, y luego interpretamos esas sensaciones y le damos un valor convirtiéndolo en un sentimiento, por ejemplo “me siento triste”. Decimos “sentir la emoción” cuando a la luz de los descubrimientos de las neurociencia, deberíamos decir:

  • “noto sensaciones”, aludiendo a los cambios fisiológicos en nuestro cuerpo
  •  “siento un sentimiento” refiriéndonos a cómo interpretamos esas sensaciones: placenteras, displacenteras, de tensión, etc.
  •  “tengo una emoción” aludiendo a la respuesta de valoración ante lo que ocurre.

Estas distinciones emocionales son claves para los fines de este libro ya que nos van a permitir identificar la emoción que está en la base de nuestro comportamiento conociendo de qué nos informa, tomando consciencia de nuestras sensaciones corporales, analizando los sentimientos que eso nos produce, comprobando las acciones que nos posibilita y la forma de ser y comportarnos que origina. Un planteamiento en línea con el que realiza la Teoría de la Inteligencia Emocional de tomar consciencia de uno mismo y autogestionarnos de forma funcional, es decir, en función de nuestros objetivos y nuestro entorno.

Así que éstas serán las claves del desarrollo de personas: la toma de consciencia de cómo está interpretando lo que pasa, del valor y significado que tiene para ella, la identificación de las acciones que puede llegar a hacer desde ello, el impacto que tiene en su personalidad, y la elección y generación de la emoción que mejor le venga a sus objetivos.

Las emociones implican al ámbito personal, pero también al social, y tienen una trascendencia excepcional en ambos ámbitos. En todo momento de nuestra vida, en las conversaciones con uno mismo, y en las conversaciones con otras personas; en cualquier situación: en el trabajo, en la calle, en la familia, en los colegios, universidades, empresas, asociaciones, con amigos, en encuentros ocasionales,…, las emociones están siempre presentes ya que fundamentan nuestra acción porque forman parte del equipamiento biológico que nos ha traído hasta aquí como humanos. Y nos afectan para bien, generando espacios de cooperación, bienestar, convivencia, cohesión de grupos, y para mal, cuando propician situaciones de confrontación, aislamiento, desprecio, sometimiento de otros y sufrimiento.

Si en el día a día el manejo de las emociones propias y ajenas es un desafío continuo, en el ejercicio profesional del desarrollo de personas: liderazgo, educación y coaching, la comprensión y manejo de las emociones se convierte en uno de los retos cruciales por cuanto las emociones están en la base de la acción. Y eso, la acción, es el resultado que busca el coaching. Pero también es un resultado que se busca en la dirección de personas donde la figura del líder-coach, el directivo que utiliza planteamientos y técnicas de coaching en su ejercicio de dirección de personas, está siendo muy valorada y requerida. Otro tanto podríamos decir del creciente interés por el coaching en el ámbito educativo.

Si quieres saber cómo, la respuesta está en el libro. Te invito a leerlo.

 

Un testimonio de lectora:

«La autora de este libro en mi opinión tiene muy claro el objetivo, hacernos ver a los demás lo complicado de las emociones de una forma sencilla, fácil. Creo que no todo el mundo es capaz de tener ese talento llamado Sencillez. Hay que dedicar muchas horas para llegar a disponer de él y expresar de esa manera despojado de lo secundario. Gracias Isabel por saber sacar la esencia y regalárnosla. Carmen Cánovas

Si no cambia la vida, ¿Por qué cambia mi vida?

y si no cambia la vidaEntro en un proceso de coaching. Sí. Algo me incomoda, algo perturba mi vivir. ¿Un dilema? ¿Una inquietud más o menos difusa? ¿Una insatisfacción? ¿Un conflicto? ¿Un reto que alcanzar?

El coach me acompaña en este proceso singular. Desde la generación de ese clima único de confianza y confidencialidad, de aceptación incondicional de mí como persona y como cliente. Continuando con el establecimiento de metas explorando donde estoy y soñando con esa visión de dónde quiero estar. Después de valorar si quiero ir allí o no, me encuentro  en otra fase clave, la fase del cambio. Sin ella no tendrán sentido las fases siguientes donde revisaré mis recursos para alcanzar mi visión, estableceré un plan de acción para alcanzarla y revisaré los aprendizajes de todo el proceso que me permitan seguir adelante. Es la fase clave que marca la diferencia entre dónde estoy y dónde quiero estar.

Estoy frente a mí, frente a mi forma de mirarme y mirar mis objetivos.

El coach no me da soluciones, me pregunta, suelta frases de esas que se te clavan en el pecho y penetran hondo, muy hondo. Estoy impactado. Mi mente se va y se viene. Me meto en la búsqueda, en las respuestas, pero tardan en llegar, tengo que ahondar, dar vueltas, soltar, despejar y ¡hete ahí que de repente entiendo! ¡¡Sí!! Ya sé lo que me incomoda, me falta o descubro lo que tengo que hacer. O ¡¡simplemente!! siento que todo está en orden y que ya puedo avanzar.

La espiral de desorden, el vórtice de confusión en el que estaba inmerso, se ha parado y simultáneamente encuentro cómo cambiar la valencia, el tono, ahora ya no estoy en caos, comienzo a entender y a tener energía para hacerlo diferente.

Nada ha cambiado afuera. Mi realidad es la que siempre ha sido. Mi vida sigue siendo la que es. Y sin embargo yo veo las cosas de forma diferente. Ya no estoy en un vórtice destructivo sino que me impulso hacia una nueva energía generativa que me permite evolucionar.

¿Qué ha ocurrido? Nada ha cambiado. Todo ha cambiado. El coach ha hecho que de forma rápida y eficiente me impulse para cambiar. Ha actuado como una auténtica palanca de cambio. Como una pértiga que ahora utilizo de forma diferente para saltar mis obstáculos de forma diferente, o como una nueva técnica para abordar mi reto.

Nada ha cambiado. Todo ha cambiado.

Miro y veo la realidad de otra forma, ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué ha cambiado?

Llego a conclusiones diferentes desde el mismo lugar, ¿por qué?

Este es el tema de mi conferencia,si quieres saber más, puedes asistir a ella o iniciar un proceso de coaching.

CUESTION DE AUTOESTIMA

autoestima“Tengo que quererme” “Ya lo sé, me lo digo todos los días” “Me lo dicen todos”… “Pero es que no me sale, no sé cómo hacerlo”

“¿Tienes que quererte?”

“¿Cómo se puede uno querer desde el deber?

“¿Puedes exigirte u obligarte a quererte?”

“¿Puede alguien quererse porque te lo digan otros?”

 “Esto del quererme…”

Lo oigo una vez y otra en los procesos de coaching: “Me tengo que querer más”, ¿pero cómo lo hago?”

No importa el objetivo original del proceso de coaching, ni el contexto empresarial o personal en el que se desarrolle, la probabilidad de oír este tipo de comentarios es altísima. Pero, sin duda, el más habitual es la declaración rotunda y brutal de “yo soy muy exigente” o en su variante “soy un perfeccionista” y con ellas el cliente ya trata de justificar todo lo que afecta su vida: actos, pensamientos, sentimientos y trata de “convencer” al coach de su fuerza y bienestar.

¡¡Qué lejos del bienestar!! Esto, el perfeccionismo es precisamente uno de los síntomas que manifiesta una autoestima deficiente. Sólo o en compañía de otros síntomas como son: las tendencias a defenderse de todos y todo, a auto-culpabilizarse de cualquier nimiedad, a justificar sus actos, a saltar por cualquier cosa, a ser supercrítico con uno mismo y con los demás, a estar indeciso, hipersensible a la crítica, a complacer a los demás.

Las personas tendemos a pensar que eso del querernos, lo de la autoestima, es algo parecido a arreglarnos el pelo, “tengo que ir a la peluquería” y traslado a la peluquera la responsabilidad de arreglarme el pelo y mejorar mi aspecto, voy me peinan y ya está.

Pero la verdad es que se trata de algo con mucho más alcance y rotundidad en nuestras vidas. La autoestima, junto con el autoconcepto y la autoimagen constituyen nuestra identidad, nuestro sentido de quién soy. Y esto ya son palabras mayores. Empezamos hablando de autoestima, de cómo nos queremos y pasamos a hablar de quienes somos. Ambas ideas están ineludiblemente vinculadas.

La autoimagen es la percepción sobre quienes somos, qué aspecto tenemos, cómo nos vemos de capaces para la vida, las relaciones, el trabajo, etc. Nuestra autoimagen como los otros componentes de la identidad se forma a lo largo de nuestra vida desde la infancia, en gran parte basándose en los comentarios de aprobación de las personas con las que nos relacionamos, especialmente los de la familia y también los del entorno escolar, los amigos y el entorno laboral.

El autoconcepto es la idea global u organizada que tenemos de nosotros mismos: si somos buenos o malos, interesantes, valiosos, inútiles, tontos,…. Es un juicio poderoso, una “creencia maestra” que a modo de muro de carga sustenta el edificio mental de nuestra identidad. También desarrollado a lo largo de nuestra vida se manifiesta con nítida claridad a través de nuestras palabras.

La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos constituida por un conjunto de percepciones, evaluaciones, pensamientos, sentimientos y acciones que tienen como foco nuestra propia persona, lo que somos y lo que hacemos. Su impacto es tremendo en nuestra vida ya que concierne a nuestro sentido de valía. Nada de lo que sentimos, pensamos o hacemos es ajeno a esta evaluación gradual de nosotros mismos que identificamos habitualmente como baja autoestima, autoestima frágil y alta autoestima.

La falta de autoestima se manifiesta en el desprecio de mí mismo, al considerarme sin valor e indigno de ser validado, de ser amado. Las creencias de “no valgo”, “no soy digno de ser querido”, “no soy válido” quedan muchas veces enmascaradas detrás de una cortina de vistosas justificaciones como “es que estoy en paro”, “es que a mi edad”, “es que yo no lo cojo tan rápido como los otros”, “es que…” Ni que decir tiene que la persona interpreta el papel de víctima en la obra de su propia vida. Es habitual que la tristeza se perpetúe en ellas ante la pérdida de valor de sus vidas y les lleve como en un círculo vicioso infinito a una parálisis continuada. También es habitual la ira con acciones agresivas hacia los otros, el mundo y uno mismo tanto físicas como verbales.

Un nivel intermedio es el de la autoestima frágil, la persona se valora y tiene una buena imagen de sí misma “salvo” cuando aparecen situaciones en las que se puede poner en cuestión su prestigio y por lo tanto ponerle en cuestión a él como persona. Una forma de manifestarlo es fanfarroneando precisamente de su capacidad, de sus recursos, de sus conocimientos, contactos, inteligencia, su aspecto físico, en definitiva, de cualquier cosa en la que pueda sustentar una aparente fuerza que oculte su miedo al fracaso. Aparecen los juicios comparativos con los demás “pues no voy a ser menos”, “pues si ese lo hace yo también”, “a mí nadie me va a decir cómo hacerlo”,… juicios que demuestran el gran peso de la envidia en su vida. No termina de verse capaz y por lo tanto compensa su miedo con intensos mecanismos de defensa para evitar vivir una derrota o sentir vergüenza. Ello le lleva a conductas de manipulación para hacer ver a los demás la bondad de sus afirmaciones y protegerse mediante la aquiescencia de los otros del peligro de tomar una decisión que afecte su reputación, pero sobre todo que haga tambalear su frágil autoestima.

El nivel más elevado es el de la alta autoestima o autoestima fuerte. Es cuando la persona hace una buena valoración de sí misma. Se ve capaz y por tanto no tiene miedo a los retos que se le plantean. Puede reconocer sus fallos e implicarse por completo en algo porque, si sale mal, su autoestima no se ve comprometida. No presume como en el nivel anterior porque no necesita hacer alarde de sus recursos. Es fácil que afronte la vida desde la alegría y la aceptación y por lo tanto su bienestar sea mayor.

La capacidad de generar aprecio y confianza hacia uno mismo y hacia los demás está en la naturaleza de las personas, es parte de esa fuerza que nos constituye como seres humanos y gracias a ella construimos nuestra vida, nuestro bienestar, nuestras relaciones y fortalecemos nuestros vínculos y cooperación. Podríamos pensar que siendo como es tan importante para la calidad de vida de las personas tendría que ser alta y, sin embargo, la realidad es que con mucha frecuencia nuestro nivel de autoestima es inferior al que necesitamos para tener una vida plena como se pone de manifiesto en los procesos de coaching. El origen básicamente está en que no nos miramos con la mirada de aceptación y amor necesarias y la interpretación que hacemos de nosotros mismos es despreciativa, muchas veces porque no hemos aprendido a valorarnos adecuadamente, otras porque nos castigamos al creer que no estamos a la altura o sentimos que nos hemos traicionado a nosotros mismos y otras por la influencia desvalorizante de personas a las que creemos.

maslow

 

Aunque los tres aspectos de la identidad son fruto de nuestra propia interpretación, el peso de nuestro entorno es enorme en su constitución. Fundamental para entender el alcance de esto es reconocer las valiosísimas aportaciones de los psicólogos humanistas quienes ya desde los años 40 identificaban la necesidad del aprecio propio y el de los demás en el bienestar de una persona.

Así el gran psicólogo Abraham Maslow señalaba que la necesidad de aprecio de su “Pirámide de necesidades” recoge dos aspectos, el aprecio por uno mismo (amor propio, confianza, suficiencia) y el aprecio que se recibe de otras personas (reconocimiento, aceptación, confianza). Precisamente sobre este segundo aspecto el maestro del desarrollo humano Carl Rogers puso el énfasis, señalando el valor de la aceptación incondicional del otro como fuente desde la que la persona puede generar su propio aprecio. Y esto que Rogers ya desarrollaba en los años 40, es a lo que hoy en día se da una importancia sustancial en el coaching de desarrollo. Se trata de uno de los fenómenos esenciales y con mayor impacto en los resultados de un proceso: la aceptación incondicional del otro como legítimo otro, como ser pleno con todas sus respuestas y capacidades ante quienes el coach simplemente actúa como palanca de apoyo o cambio. Ellos, los clientes, lo dicen con claridad: “crees tú más en mi que yo mismo”.

¿Desde dónde nos planteamos la autoestima? ¿Desde la exigencia (fruto de nuestra inseguridad) a ver si con ella conseguimos controlar algo lo que ocurre a nuestro alrededor? ¿Desde la emoción del miedo de no estar a la altura, del qué dirán, de cómo voy a hacerlo, del no sé si voy a conseguirlo, del no soy capaz,… fruto de que nos evaluamos sin recursos para afrontar una situación? ¿Tal vez desde la ira que responde a sentirnos amenazados por lo que ocurre (comentarios de otros, situaciones problemáticas, adversidades,…)? ¿O tal vez desde la tristeza de sentir que hemos perdido oportunidades, capacidades, valoraciones, estimas, valores,…?

Cuando la estima se fundamenta en emociones que nos limitan y restan posibilidades no es posible que crezca ni sea positiva. Nace en un terreno no apto para este tipo de cultivos.

Einstein lo decía muy bien: la solución no se encuentra en el mismo plano en el que se plantea el problema. Si tu autoestima te resulta baja no se trata de subirla, sino de cambiar el lugar donde la fundamentas, donde la plantas, porque al igual que una semilla, una vez que encuentre un lugar rico en nutrientes dónde asentarse, enraizará y crecerá.

Estimarnos es el fruto de la emoción de aceptación que nos permite valorar lo que hay, aceptar el aquí y ahora como un momento único, disfrutar del ser y del estar. No significa conformismo ni complacencia en el status quo, significa sentirnos en paz y en equilibrio con nosotros mismos. Y esto nada tiene que ver con la egolatría, ni la vanidad, ni el egoísmo.

En palabras de otro gran psicólogo Albert Ellis “Auto-aceptación quiere decir que la persona se acepta a sí misma plenamente y sin condiciones, tanto si se comporta como si no se comporta inteligente, correcta o competentemente, y tanto si los demás le conceden como si no le conceden su aprobación, su respeto y su amor”

Desde esta emoción la autoestima brota como una hermosa planta en primavera nutrida por un equilibrio interior poderoso.

Quererse es una sensación sutil, sentida, como la brisa en la cara, cómo el calor de los rayos del sol en el cuerpo, es sensorial, táctil, incorporada en el cuerpo, está en ti, es dar valor a quien eres independientemente de qué haces, de qué te dicen, de lo que logras o no logras hacer y eso ¿es una obligación?,… o es fruto de un sentir.

Bien pues si lo que quieres es una autoestima más fuerte, es cuestión de ponerse a ello. ¿Cómo?

La Psicología Positiva nos da las claves para ello. Los pasos son consecutivos como si de una escalera de superación centrada en el triunfo personal se tratase.

 

  1. Auto reconocerme: identificando con objetividad lo que hago y qué me lleva a ello, mis necesidades, mis sentimientos, mis fortalezas (cualidades, habilidades), mis áreas de mejora, mis puntos negros. Es un trabajo esencial de reflexión y conocimiento de mi mismo que se prolonga durante toda la vida, más allá del proceso de coaching, revisando la idea que tengo de mí mismo, lo que me digo, qué adjetivos utilizo para describirme, en definitiva, cómo me hablo.

 

  1. Auto aceptarme, revisando qué aspectos de mí valoro y cuáles detesto. Todos los aspectos que me constituyen como persona (físico, psicológico, social, espiritual) son parte de mí, simplemente es cuestión de admitir que están ahí. Cualquier sensación, sentimiento, pensamiento, acción son lo que en ese momento soy capaz de hacer o tener y en ese sentido tienen valor para mí. No pienso mal o siento mal o actúo mal. Sea lo que sea lo que esté haciendo es lo que en ese momento soy capaz de hacer. Si quiero otros resultados ya haré algo diferente en otro momento.

 

  1. Auto valorarme, poniendo un foco positivo, mirándome con una mirada que me ponga en valor estimando las cualidades que tengo, lo que hago, lo que soy. Poniendo el foco en las cosas que me satisfacen, que me enriquecen y me hacen aprender y sentirme orgulloso de mí mismo, y que en definitiva mejoran mi bienestar.

 

  1. Auto respetarme expresando mis sentimientos sin culpabilizarme, castigarme tanto física como psicológicamente con reproches, frases desvalorizantes, aceptando las de otros o cualquier otra forma de degradarme. Respetarme es considerarme digno y merecedor de mi bienestar y desde ahí también respetaré a los otros.

 

  1. Auto superarme, cuando he superado los escalones anteriores soy consciente de mí, de mi valía, de mi dignidad y tengo la fuerza necesaria para sostener mis valores y desarrollar mis capacidades. Ya es cuestión de sumar pequeños logros en el día a día para elegir mi propio grado de autoestima.

sonya

Son aspectos que de forma integral tienes que abordar si quieres que tu autoestima se fortalezca y como resultado evoluciones mejorando tu capacidad de adaptación a tu medio y tu calidad de vida.

Algunas de las consecuencias de ello son:

Claramente que la confianza en ti mismo y en tus posibilidades para liderar tu vida se incrementan.

  • No te dejas avasallar por los problemas, los contratiempos y las dificultades sino que los consideras oportunidades de aprendizaje y experimentación. Pasas del fracaso al aprendizaje.
  • Confías en tus valores, sabes priorizarlos y adaptarte a tu entorno sin que implique confrontación o huída.
  • Dejas de “pre-ocuparte” por lo que haya ocurrido o por lo que pueda pasar y te centras en “ocuparte” de que ocurra lo que quieres.
  • Pones el foco en tu propia dignidad sin compararte con los demás aunque reconociendo las diferencias específicas de cada uno.
  • Das por hecho que eres interesante y valioso para otras personas, aunque no para todo el mundo. No es necesario que todos te quieran porque eres tú la fuente de tu propio amor.
  • Tienes más consideración por las necesidades y sentimientos de los demás ya que la tienes en primer lugar para ti.
  • Aceptas que tu vida es valiosa y que “todo está bien” y que desde ahí puedes disfrutar de cada momento y de cada actividad.

Un regalo final. Se trata de un sencillo ejercicio propuesto por la Psicología Positiva que la mayoría de mis clientes de coaching terminan haciendo, “El Diario”. Sí, llevar un diario, pero no de lo que has hecho a lo largo del día sino un registro diario poniendo foco en lo que vales, en lo que te valoras, en cómo estás siendo la persona que quieres. No falla, “acción mata juicio”, repetir una y otra vez genera el hábito de mirarnos con la dulzura propia de la estima, del amor.

 

Por si quieres saber más:

  1. Branden, Nathaniel (1990) Cómo mejorar su autoestima (original 1987). (original 1987). Ediciones Paidós Ibérica.
  2. Ellis, Albert (2005) The Myth of Self-esteem: how rational emotive behavior therapy can change your life forever.Prometheus Books.
  3. Ross, Martín (2013) El Mapa de la Autoestima. Dunken.

LA DESOLACIÓN COMPARTIDA

cresponDía de dolor resentido en la piel, en todas las fibras del cuerpo, en todo mi ser. Veo con desasosiego las imágenes de homenajes a las víctimas y los actos que pretenden aportar tranquilidad y apoyo a las familias. Hoy es un día nuevamente de luto.

Viendo estas imágenes, a mí no se me encoge el corazón, se me encoge el cuerpo, el alma, toda yo. Nunca había sentido el dolor común, la inmensa desolación compartida de las personas hasta aquel 11 M. Todavía se me contrae el cuerpo, me afloran las lágrimas y una tremenda congoja me atenaza cuando lo recuerdo. Sí, está anclado en mí, in-corporado, aprendido, sentido y resentido lo que es el dolor colectivo, la desolación que se respiraba en el Ifema.

Estuve allí soportando en mis brazos a la madre de un hijo desaparecido, al esposo anonadado al pensar que su mujer no iba a volver a casa. Estuve allí acunando su horror cuando les decían que dieran ADN para ver si… podían localizar los restos. Estuve allí compartiendo la desolación.

No es tristeza, no es dolor, es como un impacto brutal que te aplasta el torso y te deja sin vida: la desolación, y que sientes repetido e incrementado en cada una de las personas que te rodea: la desolación colectiva hasta hacerse densa e irrespirable. Es una energía tan ácida e hiriente que lacera cada célula del cuerpo y cada rincón del alma. Aquella energía colectiva me impregnó para siempre. Ahora, cada vez que veo una catástrofe, me puedo imaginar el sentir colectivo que los embarga, que los anula la vida y que sin embargo aúna tanto a las personas.

Perder a un ser querido de repente genera un tremendo shock del que es difícil salir, pero perderlo por la acción asesina de otros seres humanos tiene tal carga de injusticia sobrevenida que es doblemente difícil superarlo. Como escribía tras el accidente de Santiago de Compostela el duelo puede llevarse mejor cuando estás acompañado por otras personas, cuando no te ves sólo en tu dolor, y por eso el soporte que dimos los psicólogos en aquellos momentos fue tan sustancial. “Contener” era la consigna. Pero era laborioso cuando más de cien personas se juntaban desesperadas en un mismo espacio llorando por una sola persona, alguien muy especial, un ser querido para ellos que ya sabían no verían más.

Los actos de hoy resultan valiosos para las víctimas porque las arropan en su dolor, las hacen sentir que no están solas, que no se les ha olvidado y renuevan en todos nosotros el alma colectiva que nos hace humanidad. Cada vez que veo a aquella madre en la TV vuelvo a sentirla abrazada a mí, buscando en mi cuerpo la vida que no tenía en el suyo, cogiendo de mi respiración el ánimo para respirar y poco a poco apaciguarse y, a pesar de todo, seguir viviendo.

El inmenso dolor de la desolación…

Nunca trataré de olvidar, ni de quitar de mí este resentir. Son parte de mi naturaleza humana que me ha hecho sentirme parte de la humanidad, más permeable a los sentimientos de los otros y que me ha enseñado a abrazar como si en ese abrazo pudiéramos compartir la vida.

Dedicado a todas las víctimas y a los que compartimos con ellos su desolación.

LOS INGREDIENTES DE LA FELICIDAD

Imagen2El día 13 de noviembre presentaré de nuevo mi libro “Emociones capacitantes. Su gestión en el coaching, el liderazgo y la educación”. Esta vez en un espacio único por el respeto y aceptación de la otra persona, sea quien sea ésta. Es un espacio donde la utopía de la felicidad se materializa cada día en los procesos de desarrollo personal que allí tienen lugar. Es el espacio de CIVSEM donde se produce el “milagro personal” de facilitar que cientos de personas se sientan dueños de su vida y capaces de elegir cómo sentirse ante ella. Un espacio donde muchos descubren por primera vez cómo se relacionan con sus emociones, cuáles son sus sentamientos y cómo su pensamiento influye en su propio bienestar.

Decía Martin Seligman, el autor de “La auténtica felicidad” y psicólogo clave en la Psicología Positiva que hay tres caminos para alcanzarla. El camino de la vida agradable a través de las emociones, el de la vida comprometida a través de la conexión entre la actividad interna o externa y el de la vida personal a través del significado personal.

Habitualmente pensamos que estar contentos es el camino de la felicidad, sin embargo las emociones pueden ser diversas y no sólo desde la alegría se siente uno feliz. Además, no es el único camino para la felicidad. De hecho los dos caminos del compromiso y el significado aportan más satisfacción a la vida que el pasar un buen rato, a pesar de que esto sea estupendo en sí mismo. La vida comprometida implica estar involucrado en la actividad que uno realiza, en sus relaciones y vocación. Emoción positiva y compromiso juntos no conducen a la satisfacción profunda, por ejemplo, uno puede sentirse felizmente comprometido en dejar su vida. El tercer camino por el que encontramos significado, propósito y el sentido con una causa mayor es el ingrediente que faltaba. Los tres juntos agrado, compromiso y significado nos llevan a crear una vida plena.

Y estos son los caminos que se trabajan en CIVSEM y son los caminos en los que trabajo, ¿puede haber rutas más atractivas?

Un espacio perfecto para hablar de emociones capacitantes.

Será el miércoles13 a las 19,30 h. en la C/ Rufino González 14 Escalera 1. 1ª Planta T. 91 449 08 61

EMOCIONES, BIENESTAR Y TRABAJO

seccion con ponentesEmociones, bienestar y trabajo. Por fin se unen. Eso hemos podido ver en una jornada en la que hemos conocido innovadoreas iniciativas empresariales para cuidar el bienestar de sus trabajadores.
El pasado 30 de octubre se ha celebrado en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid la II Jornada sobre “Bienestar y eficacia en el trabajo” que, por su interés y contenido, se ha convertido ya en el foro referente para conocer la innovación que se está llevando a cabo en las organizaciones. Se ha podido conocer el qué, el cómo, el para qué,… de cómo las organizaciones están realizando proyectos punteros en esta área del bienestar y la eficacia de las personas, en la mayoría de los casos liderados por psicólogos expertos en el Desarrollo Organizacional.

Se pudieron conocer ejemplos de productividad asociada al sentido holístico de la Salud, abarcando lo fisiológico, lo emocional, lo cognitivo, el desarrollo profesional y la conciliación laboral y familiar. Apareció con claridad en todos los ponentes, la relación que existe entre efectividad empresarial y el cuidado del bienestar personal, en aspectos concretos como la racionalización de los horarios. También quedó patente la importancia de un Cuadro de Mando con indicadores que evidencien la relación entre el cumplimiento de los resultados asociado al cuidado de las personas.

Seis empresas expusieron los proyectos en los que se asociaba claramente la eficacia empresarial y el bienestar.

• Consultora 1×1=3 con D. Angel Aledo, “Visión de helicóptero, ¿dónde estamos en RRHH?
• ACCIÓN CONTRA EL HAMBRE con Dª Silvina Campanini
• SEDECAL con Dª Carmen Martín
• CIVSEM, con D. Miguel Ángel Velázquez
• ENDESA (Grupo ENEL) con Dª Pepa Teno, Dª Mercedes García V. y Javier Prieto
• CETELEM con D. Gonzalo de la Rosa

Una de las conclusiones de la jornada es la necesidad de reinventar la función del Director de Personal y de los Psicólogos en las Empresas, como impulsores del Desarrollo Humano vinculado a resultados.
Sobre las ponencias:

Ángel Aledo de la consultora “1 + 1 = 3 Recursos Humanos” expuso con » Visión de helicóptero: Dónde estamos en RRHH», cómo y por qué, desde su perspectiva, durante la crisis se ha reducido el compromiso de los empleados con el proyecto de empresa, así como un plan de 10 pasos para recuperar el compromiso de los “supervivientes” para que, en el futuro, todo sume en la empresa. Destacó especialmente que el compromiso no es un lujo para tiempos de bonanza, sino una condición para el éxito de la empresa en cualquier situación económica.

Silvina Campanini, Responsable de Selección y Desarrollo de ACCIÓN CONTRA EL HAMBRE nos mostró cuán importante es trabajar en el acompañamiento de los profesionales cooperantes, sometidos a situaciones extremas (guerra, hambre, exclusión…), en el conocimiento y gestión de sus emociones, estados de estrés y el efecto de este trabajo en la calidad de sus intervenciones sobre el terreno. Compartió con el auditorio el programa de apoyo psicológico que su organización ha puesto en marcha hace unos meses con sustanciales resultados de eficacia y ahorro para la organización, así como de satisfacción y bienestar para los profesionales.
Endesa evidenció su fuerte compromiso con la Salud, Seguridad y el Desarrollo de las Personas. “El bienestar de todas las personas que trabajamos en la compañía es la preocupación fundamental. Sin las personas, con la aportación mejor de cada una de ellas, nuestra empresa no alcanzaría sus mejores resultados” comentó Pepa Teno, Responsable de Desarrollo de RRHH de la organización.

“Para IKEA, es prioritario alinear las necesidades de la organización y el negocio, con las motivaciones de los empleados”, explicó Olga Ramos, especialista en Desarrollo de RRHH de IKEA Ibérica. “A través del programa de desarrollo Self Managed Learning, ayudamos a nuestros profesionales a identificar dónde han estado en su carrera profesional y en su vida, dónde quieren ir y cómo establecer un plan de desarrollo individual para conseguir su sueño vital”.
Las experiencias en España impulsadas por estos equipos de psicólogos empresariales de IKEA y ENDESA han servido de ejemplo e inspiración en sus matrices a nivel mundial dando como resultado la implantación de estas mismas iniciativas en todo el mundo.

Miguel Angel Velázquez director de CIVSEM (Centro de Investigación en Valores) expuso una experiencia sin precedentes en nuestro país. A través del programa Desarrollo Personal y Orientación Profesional (DPOP) ya por su 14 edición, está acompañando a miles de personas en un programa de tres meses de crecimiento personal con proyección laboral trabajando en un Proyecto de Vida personal, diseñado y construido desde la consciencia. Para ello se trabaja con formación y coaching en áreas profundas del individuo que fomentan la autoestima, la seguridad personal y la fuerza para asumir las riendas de su propia vida.
Carmen Martin de SEDECAL mostró muy claramente cómo invertir en equilibrar lo personal y lo profesional está repercutiendo directamente en la calidad y cantidad del trabajo realizado. Mostró un elenco de buenas prácticas llevadas a cabo por la dirección de RRHH de la compañía con la total implicación de la dirección general, que están repercutiendo en hacer de esta organización un referente en su sector a nivel mundial.

Gonzalo de la Rosa de CETELEM cerró la intensa jornada, dándonos a conocer el proyecto estratégico llevado a cabo por la empresa en España, desde hace dos años, en el que el Desarrollo de los profesionales es una pieza esencial para el logro de los objetivos. Un proyecto que afecta a toda la plantilla, en el que el foco se ha puesto en analizar la Experiencia Cliente (externo e interno), para lograr que cada interacción entre las personas sea una oportunidad para velar conscientemente por el bienestar del interlocutor, convencidos de que cuidando al otro (cliente externo y/o interno) la relación en más fácil, fluida y se logran mejores resultados. El volumen de negocio de estos últimos años están evidenciando estas mejoras.

Después de estas interesantes exposiciones, las Jornadas sobre Bienestar y eficacia en el trabajo promovidas por la Sección de Psicología del Trabajo, RRHH y Organizaciones del COPM se han constituido en el referente para conocer las innovaciones más exitosas en la gestión de personas.

En este foro tuvimos el honor Ovidio Peñalver y yo misma, en nombre de toda la Sección, de presentar la convocatoria a la 1ª edición de los premios a «Proyectos Emocionalmente Responsables en Organizaciones de la Comunidad de Madrid» promovido por el COPM y con la colaboración de la Consejería de Trabajo de la Comunidad de Madrid, CEIM, Psicofundación, cuyas bases se podrán consultar en la web del COPM http://www.copmadrid.org.

UNA HORA EMOCIONANTE

BX1XSKgIgAAfvxt Hablando de emociones se pasan las horas. Sí, me gusta hablar de emociones, me gusta poner en valor las emociones, me gusta llevar las emociones al mundo de las empresas tanto o más que a las personas. Me gustan las personas que quieren estar emocionados, que quieren reconocerse en las emociones, que quieren aceptarlas, valorarlas, usarlas.

Las emociones son nuestra naturaleza, son parte de nosotros mismos y con ellas interpretamos lo que ocurre, actuamos, trabajamos, ¡¡VIVIMOS!!

No puede concebirse el comportamiento de las personas como un acto de lógica matemática, lejos de ello los actos de las personas están pasados por el filtro del significado para uno mismo. ¿Qué significa esto? ¿Me ayuda a sobrevivir o por el contrario entra en conflicto con ello?; ¿me ayuda a estar bien o por el contrario me hace pensar que estoy en peligro, en pérdida, en amenaza? Para eso están las emociones, para filtrar y ayudarnos a entender y responder con rapidez y certeza.

Claro que otra cosa es cómo entendemos las cosas  y lo peor de todo, si sólo lo entendemos de una determinada forma (pero ese será el tema de otro libro)

Las emociones son el filtro básico y sin ellas no salimos a la calle. ¿Cómo es posible entonces pensar que en el trabajo no tienen cabida? Cualquiera que quiera evitar esto se hace un flaco favor a sí mismo ya que interpreta la vida de forma parcial, limitada, eludiendo precisamente la información más básica: la emocional.

Con motivo de la presentación de mi libro “Emociones capacitantes. Su gestión en el coaching, el liderazgo y la educación”, estuve en Zenworking radio estupendamente acompañada por otro experto en emociones y gran amigo, además de prologuista de mi libro, Ovidio Peñalver (es.linkedin.com/pub/ovidio-peñalver/11/238/805; @ovidioisavia). Allí estuvimos hablando durante un “buen rato” con otra coach Elena Mendoza (es.linkedin.com/pub/elena-mendoza-de-la-fuente/15/a09/752; @zenworking) en su programa de Zenworking. Aquí tenéis el enlace para que podáis disfrutar de nuestro fluir en el programa.

http://zenworking.radio3w.com/conocer-las-emociones-que-son-y-como-utilizarlas/

Sera magnífico contar con vuestros comentarios.

 

Y si queréis aprender mucho más de cómo gestionar vuestras propias emociones y las del coachee, la cita está muy próxima, el próximo 30 de noviembre. Más información en info@lider-haz-go.es

CRÓNICA DE UNA PRESENTACIÓN EMOCIONANTE

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Presentar un libro dicen que siempre es un acto emocionante, sobre todo para el autor. Doy fe, yo diría que CON-MOCIONANTE. Contaba yo ese día que no tenía mariposas en el estómago, tenía dragones bellos y candentes con una energía contenida e intensa que me hacían sentirme llena de calor. Ganas de compartir, ganas de fluir, ganas de estrenar y disfrutar con amigos, colegas, curiosos de esta primera entrega al público de mi intenso e ilusionante trabajo con las EMOCIONES CAPACITANTES.

Presenté mi libro en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid ante un público entregado, amable y atento al que doy unas sentidas gracias por su confianza en mí. De la mano de mi estimado prologuista, Ovidio Peñalver, quien también se estrenaba en este rol, con quien comparto, además de magníficos momentos de trabajo y aprendizaje, la pasión y la dedicación en el terreno de la divulgación emocional, disfrutamos con el diálogo fresco y fluido que da la confianza, como amigos que comentaran las últimas actividades de nuestro año pasado.

Ha sido un momento muy especial, único en la vida, pasar de la intimidad de la reflexión, del estudio y la experimentación en la que yo me planteaba con mentalidad de coach, entre otras muchas, las preguntas “¿para qué hago lo que hago?”; “¿es esto lo que necesita conocer un coach para relacionarse con las emociones de sí mismo y de su cliente?”; “¿en qué medida esta información puede llevarnos tanto a mi cliente como a mí a resultados extra-ordinarios?”, a compartir con los demás, a esperar sus comentarios, a ver sus caras de alegría y reconocimiento.

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Reconozco que los años de investigar para realizar mi tesis doctoral han marcado mis hábitos al abordar este tema.

Primero una exhaustiva revisión bibliográfica y netgráfica (blogs, e-books, webs): ¡qué interesante, qué confuso, qué sosería!: de todo. Pero leer de todo ofrece perspectiva y visión global y lleva a ver los puntos en común, las constantes, los contrastes y las diferencias.

Después, la experimentación, la observación, el ensayo, la recogida de feedback. ¿Cómo aparecen las emociones en la sesión?, ¿cómo afectan a los objetivos del cliente?; ¿cómo me afectan a mí coach sus emociones?; ¿cómo actúo con ellas? Y dónde digo coach, digo director de personas y digo educador y digo padres.

Más tarde, la elaboración de toda esa información. El modelo salía con nitidez como fruto de la experimentación de más de 1000 h. de coaching en las que poder apreciar, comprobar y actuar. De nuevo a contrastar, esta vez con numerosos Focus Group. El modelo daba luz en un terreno hasta ahora confuso y desconocido. Ofrecía distinciones emocionales que permitían diferenciar las experiencias emocionales.

Hay una típica frase de empresa, “lo que no se puede ver, no se puede medir, lo que no se puede medir, no se puede cambiar” En la medida en que algo se hace tangible se puede gestionar y gestionar exitosamente. Y así ocurre con las emociones y con los sentimientos y con las sensaciones. En cuanto las ponemos nombre se hacen manejables, se pueden gestionar y llevarnos a acciones, en psicología se llaman funcionales, en lenguaje común diríamos acciones apropiadas, acordes con nuestros objetivos y la situación, en definitiva acciones exitosas.

Y una vez elaborado el modelo, vuelta a experimentarlo, a cuestionarlo: ¿clarificaba el mundo emocional?; ¿ofrecía distinciones operativas tanto para cualquier persona como para un coach / director de personas / educador / padre?; ¿permitía entender sencillamente las experiencias emocionales?; ¿en qué medida podía facilitar la comprensión y gestión emocional propia y de otros?

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Los resultados extra-ordinarios de mis coachees, cada vez mejores, me hicieron ratificarme en que el modelo era altamente operativo en todas aquellas actividades en las que comprender a los otros era necesario o al menos especialmente útil.

Ya sólo me quedaba organizar la información para ofrecerla a otros, ¿qué mejor vía que la pregunta?: ¿qué es?; ¿para qué sirve?; ¿cuánto dura?; ¿cómo afecta?,… la pregunta cuando se entiende como generativa, abre puertas, genera posibilidades, aunque sólo ofrezca respuestas cortas, pequeñas, circunscritas expresamente a la pregunta, siempre queda la posibilidad de añadir más, de generar nuevos espacios. Mejor esto que categorías cerradas, sin duda. Añadir un caso en el manejo de cada emoción creí que ayudaría a comprender mejor las propuestas del modelo.

Y con mi libro escrito, ya sólo faltaba encontrar editorial. Tuve la suerte de encontrarme con la editorial Rasche quien apostó por esta “joya” como ellos dicen nada más leerlo.

Y hasta aquí la crónica de cómo llegué a la presentación del libro. Más de 6 años de trabajo que adquirían todo su valor ante un salón lleno a rebosar de personas que siguieron con asombro y entrega la presentación. Gracias a todos los que me acompañasteis en ese momento, que alguien calificó de fresco, fluido, seductor. Y gracias a todos los que en la distancia me acompañabais con vuestro cariño y energía.

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Atentos porque muy pronto podréis ver la grabación de la presentación.
El libro está ya en los puntos principales de distribución, pero si queréis recibirlo en casa podéis pedirlo en esta dirección sin gastos de envío http://www.editorialrasche.es/tienda/es/home/29-emociones-capacitantes.html
Vuestros comentarios serán muy bien recibidos.
Que lo disfrutéis y os sea, al menos, tan útil como la ha sido para mí.

VIVO EN UNA URNA DE CRISTAL, ¿SIN EMOCIONES?

urna de cristal Me preguntaba una persona en la presentación de mi libro emociones capacitantes el 9 de octubre en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid si una persona que siempre hubiera estado en una urna de cristal tendría emociones o si se necesitaban estímulos externos para que se le generaran.
Interesante pregunta, ¿verdad?

Tendemos a pensar que nuestras emociones son producidas por lo que pasa fuera de nosotros. ¿Es cierto esto? Sin duda lo que ocurre en nuestro mundo nos produce reacciones emocionales de todo tipo. Un ruido repentino genera en nosotros una reacción emocional de sorpresa, a la que sigue habitualmente otra emoción como es el miedo, la alegría, el asco. Una noticia de la pérdida de alguien querido nos produce tristeza. Un coche que nos pasa rozando nos puede generar ira. Y así sucesivamente. Lo que ocurre en el mundo físico es una fuente inagotable de emociones. También lo es lo que ocurre en nuestro mundo social, el efecto de las conductas de las otras personas en nosotros tiene tal vez un carácter más profundo y simbólico y es más fácil que afecten nuestro sentido de nosotros mismos: nuestra identidad.
Pero volvamos a la pregunta inicial, ¿sólo del mundo externo proceden mis emociones?

NO

Recuerdos, imaginaciones, pensamientos, sensaciones, cambios fisiológicos, son fuente continua de emociones, tanto o más que las anteriores. Mi naturaleza humana es mi principal fuente de emociones porque es parte de mi equipamiento para vivir.

Yo puedo imaginarme sintiéndome bien, aceptando el “aquí y ahora” y reorganizar mi mente y mi cuerpo para ello: comienzo a respirar más lento, tal vez entrecierre los ojos o incluso los cierre, mi cuerpo entero se afloja y adquiero una posición de apertura.

Yo puedo recordar el miedo que pasé en una situación cualquiera en la que no sabía cómo salir adelante y resolverla, tal vez un examen, tal vez cruzar un puente inestable, tal vez un conflicto personal con otra persona. Y esto significa que no sólo recuerdo, digamos a nivel de evocación mental, todo mi cuerpo evoca las reacciones que asocié a esa situación: encogimiento general del cuerpo, respiración mínima, entrecortada, paralización general, etc. Sólo si desorganizo / “desprogramo”, ese conjunto de reacciones asociadas al recuerdo podré en un futuro recordarlo de otra manera.

Las nuevas técnicas de neuroimagen nos han aportado también una información importante: personas en coma evocan recuerdos y experiencias emocionales.

Cuando soñamos evocamos también emociones asociadas a cómo experimentamos la situación y se ha podido comprobar que el bebé en el seno materno puede estar soñando a la vez que la madre. No podemos saber el contenido del sueño, pero lo que sí sabemos es que la neuroquímica de la madre está llegando al bebé, y por lo tanto, lo que ese set de neurotransmisores conlleva es lo que le llega al niño induciendo las respuestas propias a esos componentes químicos.

En otras palabras, sólo un cerebro dañado estructural o funcionalmente no generará respuestas emocionales.

Si recordamos el famoso caso de Phineas Gage (primer caso documentado científicamente sobre los daños cerebrales y el comportamiento), quien tras sufrir un terrible accidente que dañó la conexión entre la zona límbica y el córtex cerebral, podemos darnos cuenta de que las emociones van a estar ahí. ¿Phineas dejó de tener emociones? No, pero no podía gestionarlas. No sabía que era apropiado y qué no.

Seguimos pensando en las emociones como fuerzas independientes a nosotros mismos que nos dominan, que incluso son desagradables, como enemigos muchas veces de nosotros mismos. A veces me ha dado la impresión de que alguna persona las vivía como crías de aliens que habitaran en su interior, incluso con frases tan descriptibas como “las emociones que me habitan”.

Este siglo XXI nos está trayendo muchas inquietudes, muchos retos en la evolución humana, una de ellas, las ganas de superar la dicotomía permanente entre el bien y el mal, entre lo correcto y lo incorrecto, entre la razón y la emoción, entre el competir y el colaborar. Hay nuevas aspiraciones de integración, de ampliación de consciencia, de ir más allá de lo límites de nuestros propios juicios y de ampliar nuestro conocimiento basándonos en las múltiples perspectivas que los múltiples observadores que somos, somos capaces de ver y aportar.

La ingente cantidad de noticias sobre emociones forma parte de esta inquietud.

Señores, señoras, reconozcamos a las emociones como parte de nuestra naturaleza humana, como parte de nuestro equipamiento para dar respuestas funcionales y mejor adaptadas a nuestros retos diarios, como un recurso valiosísimo para triunfar no sólo en el sobrevivir, sino en la calidad con lo que lo hacemos. Sin ellas y su integración con nuestro pensamiento, al igual que le ocurrió a Phineas Gage, no sabemos lo que nos conviene o lo que es más adecuado para nuestra vida.

La última película de Star Trek nos ofrece un ejemplo fantástico sobre la integración de la razón y la emoción en la persona. Dos personajes tradicionalmente enfrentados en su dualidad, aproximan en esta película sus anhelos. Spock, quien antes era pura lógica y racionalidad, lucha ahora por integrar su dimensión humana (emocional) en su vivir y tomar decisiones más acordes con su naturaleza humana y vulcaniana, en definitiva, en sacarle el mayor partido posible a todo su bagaje genético y cultural: razón (lógica) y emoción.

El capitán Kirk, quien antes podía ser el adalid de la toma de decisiones en base a la balanza de costes y beneficios, adquiere ahora una identidad “visionaria”, pasional, donde las relaciones, la fidelidad, la cohesión de equipo y la amistad son las claves de un comportamiento colaborativo excepcional que lleva a “RESULTADOS EXTRAORDINARIOS”.

Los logros del equipo son los logros de la INTEGRACIÓN, de la ACEPTACIÓN “del otro como legítimo otro” que se dice en la terapia humanística de Rogers y en el coaching ontológico.

ACEPTAR, RESPETAR, ACOGER, AGRADECER, FLUIR Seguir leyendo VIVO EN UNA URNA DE CRISTAL, ¿SIN EMOCIONES?

EMOCIONES CAPACITANTES

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Hablamos a todas horas de las emociones. Tenemos numerosos términos para denominar emociones. Decimos que hay innumerables emociones. Los medios informativos hablan de emociones continuamente. Llamamos emociones a todo lo que sentimos, sean emociones, sentimientos o sensaciones. Mezclamos indiferenciadamente  y confundimos lo que sentimos, y eso hace que nos sea difícil identificar lo que nos pasa y por qué.

A veces leemos textos que hablan de las emociones como de entes ajenas a nosotros, que “nos tienen”, “nos habitan” o “nos dominan”. A veces oímos decir que las emociones son negativas, que nos hacen sufrir y que hay que eliminarlas de nuestra vida. Leemos también y oímos hablar de que es necesario controlar nuestras emociones y ser racionales. También oímos decir que hay que expresar los sentimientos, y otras veces, que hay que controlarlos.

La confusión es general y no es de extrañar. Nuestra tradición cultural es racional, somos herederos del pensamiento de Descartes y seguimos en un paradigma en el que la razón es el criterio esencial en nuestra vida y el eje de todo nuestro comportamiento. Entendemos a las emociones como algo que nos descontrola, e incluso domina, y la mayoría de las veces, además, les adjudicamos un valor negativo, tanto por nuestro desconocimiento sobre ellas, cómo por la forma en que nos afectan en nuestra vida.

Para añadir más confusión mezclamos los fenómenos: sensaciones, sentimientos y emociones. Nos damos cuenta de las sensaciones que nos han provocado las emociones y decimos “me siento emocionado”, y luego interpretamos esas sensaciones y le damos un valor convirtiéndolo en un sentimiento, por ejemplo “me siento triste”. Decimos “sentir la emoción” cuando a la luz de los descubrimientos de las neurociencia, deberíamos decir:

–       “noto sensaciones”, aludiendo a los cambios fisiológicos en nuestro cuerpo

–        “siento un sentimiento” refiriéndonos a cómo interpretamos esas sensaciones: placenteras, displacenteras, de tensión, etc.

–        “tengo una emoción” aludiendo a la respuesta de valoración ante lo que ocurre.

Estas distinciones emocionales son claves para los fines de este libro ya que nos van a permitir identificar la emoción que está en la base de nuestro comportamiento conociendo de qué nos informa, tomando consciencia de nuestras sensaciones corporales, analizando los sentimientos que eso nos produce, comprobando las acciones que nos posibilita y la forma de ser y comportarnos que origina. Un planteamiento en línea con el que realiza la Teoría de la Inteligencia Emocional de tomar consciencia de uno mismo y autogestionarnos de forma funcional, es decir, en función de nuestros objetivos y nuestro entorno.

Así que éstas serán las claves del desarrollo de personas: la toma de consciencia de cómo está interpretando lo que pasa, del valor y significado que tiene para ella, la identificación de las acciones que puede llegar a hacer desde ello, el impacto que tiene en su personalidad, y la elección y generación de la emoción que mejor le venga a sus objetivos.

Esta es la primera parte de la introducción de mi libro «Emociones capacitantes. Su gestión en el coaching, el liderazgo y la educación» que presento, por primera vez, esta tarde en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, c/Cuesta de San Vicente, 4, 5ª pl. a las 19:30. Estaré acompañada por el prologuista Ovidio Peñalver. Estás invitado, hablaremos de emociones, ¡seguro!.