Archivo de la categoría: Emociones

¿Por qué las personas somos capaces de venirnos arriba?

“Freud y Schopenhauer dijeron que lo mejor que podemos hacer en la vida es no sufrir, no ser miserables. Es falso. Si simplemente existes para eliminar la miseria, no haces suficiente para tu empresa, país o para ti mismo”. Así de contundente empezó  Seligman una de sus masterclass.

Si hay algo que ha puesto en boca de todos el COVID19 es que la ciencia existe y es capaz de mejorar nuestras vidas. Sin embargo, desconocemos en gran medida qué es una ciencia, cómo actúa para que sea tal y sobre qué trabaja. Pensamos que los científicos están en los laboratorios, con bata blanca y tubos de ensayo pero ese enfoque biomédico no es el único en el campo científico.

La Psicología es una ciencia que nada tiene que ver con la popular afirmación de “yo tengo mucha psicología” que te puede decir cualquier vecino.

Como cuerpo de conocimientos confirmados y en desarrollo y sometidos a una férrea ética profesional, nos ofrecen cada vez más explicaciones sobre nuestra naturaleza humana y social que nos pueden permitir aprender a mejorar la calidad de nuestra vida o no cuando no se utilizan o se utilizan indebidamente.

Se suele identificar Psicología con el tratamiento de trastornos, dificultades y enfermedades mentales. Es conocido que hablando de estrés, ansiedad, burnout, depresión, fobias, traumas, obsesiones, adiciones, etc., es al profesional de la Psicología al que hay que acudir como único profesional sanitario acreditado oficialmente para atender estos temas. Estos casos, en los que el objetivo es recuperar a una persona, reparar y mejorar su equilibrio, son los más conocidos y, es normal que se asocie Psicología con el malestar psicológico.

Sin embargo, en Psicología también se hace asesoramiento psicológico que permite a una persona resolver su día a día con más facilidad. Y, también, se trabaja para optimizar situaciones que ya son de buen funcionamiento y sobre las cuales se quiere ir a más. Imaginemos por un momento a un deportista que tiene buenos resultados pero que quiere optimizarlos y mejorar sus marcas. Ahí entra la Psicología deportiva con una larguísima tradición en trabajos y publicaciones científicas desde los años 10 del siglo XX. La Psicología de Alto Rendimiento tiene una larga tradición no sólo en contexto deportivo, sino escolar y la Psicología del Trabajo trabaja con equipos de alto rendimiento en las organizaciones. La Psicología Coaching trabaja justo en este enfoque de ir a más, de conseguir una optimización de resultados y una mayor nivel de excelencia de la persona.

Recuerdo que siendo una niña leía historias de héroes y heroínas y me preguntaba de dónde sacaban la fuerza para hacer aquellas heroicidades. Desde entonces mi interés por conocer lo que hace que las personas se sientan capaces, superen las limitaciones y adversidades, se planteen retos ambiciosos y quieran escribir su futuro me ha llevado a trabajar con Psicología Coaching y a estudiar diferentes teorías y enfoques que precisamente se centran en la fuerza de la persona y en cómo hacer que vaya a más. Sea en deporte, en ámbito escolar, en relaciones, en trabajo, en la construcción de uno mismo, la Psicología Humanista nos ofrece un marco inigualable, la Psicología del alto rendimiento, unos protocolos formidables y la Psicología Positiva unas explicaciones útiles y potentes.

¿Qué es la Psicología Positiva?

Una de las corrientes más recientes en la Psicología, es la de la Psicología Positiva. Su fundador, Martin Seligman, materializó una inquietud por conocer aquello que da fuerza y voluntad a las personas, ya presentada en los años 50 del siglo XX por la Psicología Humanista. Esto significó un cambio de enfoque en la Psicología poniendo el foco en la parte fuerte y positiva del ser humano y no en la disfunción mental.

Es curioso conocer cómo Seligman llegó a este enfoque. Él era un gran especialista en uno de los fenómenos más dolorosos de la psicología tanto humana como de los mamíferos superiores, “la indefensión aprendida”. Este fenómeno muestra la desesperanza, desolación y parálisis asociada ante una situación en la que ves que hagas lo que hagas no puedes cambiar lo que está ocurriendo. No consiste sólo en “tirar la toalla” sino en algo mucho más íntimo y con enormes consecuencias, pierdes la fuerza, incluso, para querer seguir viviendo. En un momento de su carrera Seligman se planteó que sí, que las personas nos veníamos abajo pero qué, también, nos veníamos arriba, justo la situación contraria, y se preguntó ¿qué hace que una persona afronte una situación difícil, se crezca y se venga arriba?

El desarrollo de la Psicología Positiva ofrece un marco conceptual y metodológico de sumo interés puesto que está orientada a mejorar la calidad de la vida psicológica de las personas. Es, el estudio científico del funcionamiento positivo de las personas (Seligman, 1992, p.96).

Como dice Seligman:

“La psicología no es una mera rama del sistema de salud pública, ni una simple extensión de la medicina, nuestra misión es mucho más amplia. Hemos olvidado nuestro objetivo primigenio, que es el hacer mejor la vida de todas las personas”

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud no como la ausencia de enfermedad, dificultad o discapacidad sino como “el completo estado de bienestar físico, psicológico y social”. Es este el terreno en el que la Psicología Positiva aporta enfoque, criterios y técnicas.

La Psicología Positiva como disciplina científica se centra en el estudio de las experiencias subjetivas positivas (la satisfacción, el optimismo, la tranquilidad, la inspiración, el flow, etc.), las fortalezas del carácter (curiosidad e interés, perseverancia, liderazgo, autorregulación…) y las organizaciones positivas (enfocadas en cómo, a nivel colectivo, se puede impulsar a las personas hacia la mejora). Pone el foco científico en identificar los pilares de la plenitud y realización de las personas y estudia la Felicidad, el Éxito y el Bienestar.

Por favor, no confundamos felicidad con la moda hedonista de estar feliz a todas horas y en el trabajo con una sonrisa de emoticono como si fueramos el Joker de Batman.

Como bien ha estudiado Seligman y otros colegas la felicidad tiene mucho más que ver con el sentido que le das a tu vida y el propósito que le otorgas.

“Es potenciar el funcionamiento óptimo del ser humano y tratar de descubrir y promover aquellos factores que permiten prosperar tanto a los individuos como a las sociedades” (Fredrickson y Csikszentmihalyi, 1999). 

Con este abordaje, se contrarresta la visión con la que mucha gente que desconoce el alcance de la Psicología la identifica como disciplina “únicamente” reparadora de situaciones de debilidad, incapacidad o patología psicológicas y sociales.

La Psicología Positiva se centra en el bienestar de las personas. Propone una visión constructivista, enfocada a las cualidades que como especie “sapiens” nos hacen ponernos metas, superar las dificultades e ir más allá, buscando hacerlo cada vez mejor.

Trabaja con aquello que nos hace fuertes y ha identificado varios conceptos que se hacen ya imprescindibles en la psicología: fortalezas, virtudes, bienestar y estados de Flow.

Estos conceptos nos van a ayudar a comprender de dónde sacamos la fuerza, el empoderamiento y la valentía para vivir cada día.

Las fortalezas se organizan en torno a las virtudes.

Puede conocer tus fortalezas en la página de la Universidad de Pensilvania http://www.authentichappiness.sas.upenn.edu/Default.aspx

  • Seligman, Martin E. P. (2005). La auténtica felicidad. Ediciones B.
  • Seligman, M. & Csikszentmihalyi, M. (2000). Positive Psychology: An introduction. American Psychologist, 55 (1), 5-14.        [ Links ]

San Valentin, ¿UN SOLO día PARA El amor?

Hoy se celebra el día de San Valentín, un día que pone el foco en el amor y en la pareja. Más allá de su significado comercial y del hecho de las modas globales, hoy es un día especial para pensar en nuestras relaciones de pareja, en la calidad de ellas, en lo que nos lleva a iniciarlas y a mantenerlas.

Un ligero análisis nos lleva a darnos cuenta de que la vida en pareja no necesariamente está vinculada al amor. El compromiso de un matrimonio ha sido a lo largo de la historia de la humanidad una forma de generar riqueza y garantizar la supervivencia a través de la crianza de los hijos.

Pero el amor poco tiene que ver con ese compromiso. En español la palabra amor hace referencia a una emoción que nos vincula con afecto o apego a otras personas. Solemos añadirle adjetivos para especificarlo como amor romántico, amor platónico, amor pasional. También hay un amor genérico a la vida o a una divinidad que se suele vincular con un amor espiritual. Y está el “amor propio” como expresión no de un afecto hacia ti mismo sino como una fuerza de voluntad que te impulsa a hacer determinadas cosas, muchas veces de autosuperación.

Esta emoción del amor está asociada a un conjunto de sentimientos como la confianza, el embeleso, la devoción que generan conductas específicas de aproximación, quieres estar con la persona amada. Tiene una enorme importancia en nuestra vida social y muchas de nuestras actividades giran en torno a la búsqueda del amor, a encontrar el amor ideal, al romanticismo de novela, parece que estuviéramos avocados a tener que encontrar una persona (y en muchos casos, una detrás de otra) a la que dedicarle nuestra atención y afecto.

Sentir amor no es sinónimo de estar enamorado y desde luego no hay un amor ideal o no hay una persona que personifique tu amor. Puedes sentir amor como una mezcla de sentimientos de aceptación, confianza, respeto, reconocimiento, ternura e incluso deseo, atracción sexual y pasión. Y puedes decidir amar o dejar de amar, eso sí, con cierto trabajo, por ejemplo, valorando a una persona, viéndola como el ser magnífico que es. Así lo hacían en Avatar cuando decían “te veo”.

La experiencia de sentir amor por otra persona es una mezcla de aceptación del otro tal como es, confianza, respeto, pasión y la experiencia de sentirte amado es una sensación de sentirte más fuerte, más válido y más importante para otra persona. Y claro que con frecuencia se confunde el amor con impulsos de atracción sexual pero no es lo mismo. Tampoco lo es el placer de la seducción, donde entran en juego otros factores psicológicos y, a veces, manipulativos.

Emociones, impulsos y pensamientos se gestionan en distintas partes de nuestro cerebro y, aunque finalmente haya una respuesta global, son fenómenos distintos.  

No todas las personas se enamoran de otras, no es una necesidad universal, ni tampoco todas las personas son capaces de sentir esta emoción. En este sentido, tendríamos que nombrar el creciente narcisismo, en gran parte provocado por el incremento del individualismo y el impacto de influencers y fotos de uno mismo en redes, que llevan, cada vez más, a que ese amor que podrías dirigir hacia otro ser humano lo dirijas hacia ti mismo.  

Ser capaz de amar es una de las características más valiosas del ser humano pero identificar el amor con “tu amor ideal”, “el amor de tu vida”, etc. puede arrastrarnos a una búsqueda infructuosa a lo largo de toda la vida en el que, por muchas personas que encontremos dignas de nuestro afecto, ninguna llegue a cumplir las exigencias de ese mito fantasioso que buscamos conseguir.

Puedes enamorarte de cualquiera pero cuando formas una pareja lo haces por similitud o por complementariedad. Es lo que se suele decir de “compartimos muchas cosas” o justo lo contrario “es mi media naranja”, pero aquí ya no entra sólo la emoción del amor, hay una evaluación de ventajas e inconvenientes donde el saldo te resulta favorable. Amar a otra persona no asegura que se pueda mantener una relación saludable con ella. Diferenciar nuestras emociones y tomar decisiones que mejoren nuestra calidad de vida debería ser parte esencial de la educación de los adolescentes.  

A raíz de la convivencia forzosa por la pandemia muchas personas se han planteado sus relaciones, la calidad de su vida, el afecto, vínculo y compromiso con su pareja. Muchas se han dado cuenta de lo importante y beneficioso que era su relación y otras justo lo contrario. De hecho, se han incrementado sobre un 30% las demandas de divorcios.

La pandemia no ha hecho más que incrementar una tendencia que venía siendo cada vez más creciente. Son muchas las personas que buscan asesoramiento psicológico para comprender y mejorar su capacidad de amar y ser amado, de superar mandatos y creencias, de dar y recibir, de pedir y ofrecer, de darse permiso para experimentar el amor, porque

a amar también se aprende.

Enlace recomendado: http://www.elenadapra.com/index.php/diaenamorados21/

SUPER BOWL: UN FENÓMENO DE PSICOLOGÍA DE MASAS

El aislamiento provocado por la pandemia del COVID19 nos ha hecho evidente, más que nunca, que las personas somos seres sociales, nos gusta estar con los demás, sentirnos parte de un grupo, estar en contacto y compartir. Es, a través, de esa interacción social que nos reforzamos, aprendemos, modulamos, nos planteamos aspiraciones y, muy importante, nos sentimos parte de una comunidad.

El apoyo social está reconocido como uno de los elementos claves en la superación de las dificultades y la generación de resiliencia, algo que necesitamos en estos momentos especialmente.

Cuando estamos con un grupo se produce un contagio emocional, un alineamiento cognitivo, compartimos valores o por el contrario, los confrontamos. El caso es que el pensamiento, la emoción y la acción pasan de ser individuales a convertirse en una respuesta colectiva. Los psicólogos sociales conocemos bien estos fenómenos de masas.

Y hoy, es un día especialmente significativo para hablar de esta influencia del grupo sobre el individuo, de cómo la cultura conforma el comportamiento, de cómo las personas nos unimos a causas, movimientos, modas y costumbres. Cuando más de 100 millones de personas, a la vez, se sientan delante de un televisor a ver la Super Bowl, hay mucho que decir sobre el comportamiento social. Más allá del magnífico espectáculo y todas las consideraciones económicas que conlleva este evento, nuestra reflexión quiere poner el acento en que comprender lo que nos lleva a actuar así es importante para fomentar el bienestar social.  

En la actualidad se dan dos factores nuevos que modelan el comportamiento más allá de las culturas locales, la globalidad y la virtualidad. Ahora, compartimos valores, paradigmas, creencias en esa Aldea Global que nos hace cada vez más iguales y que refiere con una gran fuerza a lo que nos une como seres humanos.

La cohesión social que hasta ahora vivíamos en los grupos de los que formábamos parte: familia, amigos, compañeros del trabajo, etc., ha pasado a ser una cohesión social virtual.

Hoy te puedes sentir plenamente vinculado a alguien que, en realidad, no conoces pero que estás viendo en un video en las redes sociales y con el cual te identificas de inmediato y eso lo haces tú y tal vez miles de personas a la vez, conformando nuevos fenómenos sociales que los psicólogos sociales estamos estudiando para ofrecer criterios e información que nos permitan un sano equilibrio entre lo individual y lo colectivo.

Desde diferentes áreas como son la economía, la política y la publicidad se está muy atento a la investigación, explicación, predicción y aplicación de los conocimientos que la Psicología Social aporta en fenómenos que, como la Super Bowl, están presentes en el planeta entero. Una de las líneas de gran futuro precisamente en el trabajo de los psicólogos es el manejo de Big Data y Analítica del Comportamiento. Queremos señalar que un conocimiento semejante del comportamiento humano requiere una reflexión ética del uso de esa información y que los profesionales de la psicología colegiados se adhieren a un Código Ético que da garantías de un uso riguroso que respete los derechos de las personas.

Felicitamos a los seguidores de la Super Bowl por la gran experiencia que hoy disfrutan en estos momentos tan difíciles donde el miedo ambiente se ha convertido en la emoción colectiva. Hoy pueden ilusionarse, decepcionarse, sentir la pasión y el disfrute compartido con tal intensidad que mañana contarán con una energía renovada para fortalecer su resiliencia y hacer frente a la pandemia que afecta a la humanidad.

FATIGA PANDÉMICA

La prolongada situación de incertidumbre e inseguridad sanitaria, social y económica en la que vivimos se considera psicológicamente como una situación de catástrofe lo que conlleva, entre otros efectos, que vivimos más intensamente desde un punto de vista emocional lo que está ocurriendo. Nos cuesta asimilar tanta inseguridad y tan mantenida en el tiempo y las emociones se imponen. El miedo, la tristeza y la ira están produciendo un incremento del estrés, tanto social como laboral, que desgasta física y psicológicamente.

¿Cómo nos afecta a la salud?

La situación mantenida de inseguridad y malas noticias desencadena en nosotros un mecanismo necesario de estrés que nos activa para enfrentarnos a las situaciones difíciles.

Cuando este estrés se mantiene en el tiempo sin un límite temporal previsible, provoca consecuencias negativas para la salud debido al sobre esfuerzo y desgaste continuado.

La OMS ha denominado “fatiga pandémica” al cansancio, agotamiento, emociones negativas y sentimientos desagradables que sienten las personas a consecuencia de esta situación producida por el COVID19.

El contexto social en el que nos vemos inmersos de confinamientos, limitaciones, conductas de prevención, cierres de empresas, pérdida del empleo, fallecimientos, … supone una presión social negativa de enorme calado y trascendencia en nuestro bienestar psicológico.

También a nivel laboral se dan unas condiciones que llevan a que la situación de pandemia agrave la fatiga e incremente el riesgo psicosocial. Cada vez más, hacemos un mayor trabajo con actividad mental (por ejemplo, son más numerosas las situaciones que implican atender y seleccionar información, resolver problemas, gestionar comunicación) y menos con carga física por lo que psicológicamente las condiciones que conlleva la pandemia empeoran nuestro afrontamiento psicológico laboral. Además, también hay una mayor especialización, lo que conlleva, también, procesos psicológicos de atención, análisis y resolución de problemas específicos que se ven distorsionados por la fatiga pandémica.

Así que esta situación produce unos efectos psicológicos y fisiológicos que afectan nuestro bienestar y la calidad psicológica de nuestra vida.

Efectos psicológicos

  1. Estamos a la que salta, más irritables, por lo que nos enfadamos más, nos mostramos más agresivos, descontrolados, lo que nos lleva a enfrentarnos más entre nosotros, a preocuparnos más y estar más nerviosos y esto nos produce un cansancio mayor.
  2. Nos sentimos más tristes, perdidos, no vemos que esto acabe, sentimos que hemos perdido seguridad, confianza, relaciones, buenos momentos, familiares, amigos, …
  3. Nos sentimos más solos, el aislamiento social nos impide la interacción social habitual y lleva a que muchas personas sientan una creciente soledad que hace que se sientan desconectados, cada vez más, de sus grupos sociales.
  4. Tenemos dificultades más o menos leves de atención, concentración y memoria que afecta nuestra eficacia, cometemos más errores con los mails, las tareas, las comunicaciones.
  5. Estamos agotados, la utilización constante del medio digital implica una sobre-exposición a estímulos visuales y una exigencia mayor de trabajo cognitivo: atención, percepción, análisis, toma de decisiones, lo que lleva a un agotamiento mayor.  
  6. Nos encontramos sobrepasados, no sólo por el teletrabajo que implica una mayor autonomía y toma de decisiones a las que no estábamos habituados sino por tener que compaginarlo con las tareas de las otras áreas de la vida: niños, padres, ocio, comida, compras, etc.

Efectos físicos

Los que más frecuentemente se señalan en las consultas médicas son:

  1. Alteraciones de sueño
  2. Alteraciones gastrointestinales
  3. Contracturas musculoesqueléticas
  4. Hipertensión
  5. Dolores de cabeza
  6. Incremento de peso

Consecuencias

Todos estos efectos tienen una incidencia oculta en los riesgos psicosociales del trabajo. En esta línea, tráfico informa de un mayor número de accidentes producidos por la falta de concentración al conducir debido a alteraciones del sueño.

Y todos estos síntomas pueden darse de forma moderada y, aunque nos afecte y trastorne nuestra calidad de vida, no por ello nos desequilibra e impide una vida normal. Ya se sabe, las penas compartidas son menos penas y como todos estamos inmersos en el mismo viaje se relativiza en alguna medida.

Sin embargo, los psicólogos sanitarios han detectado un incremento muy importante de consultas debidas a dificultades para la vida normal en relación a:

Trastornos de ansiedad
Trastornos del estado de ánimo como la depreseión
Cuadros obsesivo-compulsivos
Fobias
Motivos de consulta psicológica

El catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo General de la Psicología, Antonio Cano Vindel, afirma que el 40% de las personas con trastorno de ansiedad no tienen ningún tratamiento. También indica que la gran mayoría de las personas que tienen trastornos psicológicos acuden al médico para tomar psicofármacos (tranquilizantes, pastillas de dormir o antidepresivos) que alivian sus síntomas durante unas horas. El efecto perverso de estos medicamentos es que pueden desarrollar cronicidad y no resuelven el problema ya que las pastillas no te enseñan a pensar, sentir o a actuar mejor. A la larga pueden desarrollar más comorbilidad y discapacidad. Todos estos estos problemas suponen un gasto para el Estado 23.000 millones de euros, un 2,2 por ciento del PIB«. 

Cano recuerda, además, los resultados del ensayo clínico ‘PsicAP’ (Psicología en Atención Primaria), cuyo promotor fue la Fundación Española para la Promoción de la Psicología creada por el Consejo General de la Psicología y cuyos resultados «demostraron que

es más eficaz hacer un tratamiento psicológico en grupo para los pacientes que tienen ansiedad, depresión o somatizaciones que el tratamiento habitual farmacológico.

Recomendaciones

Ahora, en las conversaciones sociales, ya no sólo nos preguntamos ¿cómo estás? Una y otra vez, la conversación gira en torno a la fatiga, la falta de concentración, el agotamiento y la sobrecarga que sentimos. La situación de pandemia nos afecta de tal forma que requiere acciones específicas para prepararnos psicológicamente para fortalecer y flexibilizar nuestra mente. Esto se está convirtiendo en una carrera de fondo, en una maratón para la que hay que estar preparados si queremos salir bien de ella.  

Hay que aprender con técnicas psicológicas a pensar, sentir y actuar de forma que nos permita asimilar la situación y responder de forma sostenible para nosotros mismo y para nuestro entorno.

A nivel de empresas, se necesita que los trabajadores puedan asumir esta sobrecarga con el menor riesgo psicosocial posible, reducir el stress, el burnout (que tarda más tiempo en constituirse como tal y cuyos efectos veremos más adelante), el desgaste psicológico y las alteraciones en la confianza en las relaciones. Es imprescindible apoyar el afrontamiento psicológico de estas situaciones con programas de fortalecimiento y flexibilidad psicológica. El tan útil y socorrido mindfulness tiene un alcance limitado ante este desafío. Igual que un corredor fortalece sus músculos, necesitamos fortalecer nuestra mente adquiriendo potentes estrategias de pensamiento que nos permitan utilizar de forma equilibrada emoción y razón. Recordemos que la situación de pandemia polariza hacia el pensamiento emocional. El concepto de flexibilidad psicológica es otro de los que más pueden aportarnos en estos momentos. Nuevas soluciones para nuevos desafíos, ahí está la clave del éxito porque si no ya lo decía el dicho: “Si sigues haciendo lo mismo de siempre obtendrás lo mismo de siempre”.

Y, a nivel individual, hay que poner más atención en el autocuidado de la salud psico-física:

Ejercicio físico.
Momento de relajación, belleza, risas.
Hábitos de sueño sanos.
Reducir la exposición a la información constante sobre la pandemia.
Centrarse en esto va a pasar.
Mantener el contacto con personas queridas o de apoyo que se muestren positivas.

A manejar el estrés se aprende, no vale con pastillas ya que éstas no te enseñan a pensar, sentir o actuar más eficientemente y manejar la situación.  

En esta página web Bienestar Emocional del Ministerio de Sanidad puedes encontrar más indicaciones.

En definitiva, de la fatiga pandémica puede que no nos libremos pero ahí está nuestra consciencia y nuestra voluntad para hacer algo diferente, cuidarnos más psicológicamente y prepararnos para superar esta pandemia, es lo que está en nuestras manos, lo que sí es nuestra responsabilidad.

EL LIBRO ORGANIZACIONES EMOCIONALMENTE RESPONSABLES

Con una enorme ilusión os presento mi ya 4º libro Organizaciones emocionalmente responsables con la editorial GiuntiEOS.

Es un libro para los responsables del desarrollo de personas en las organizaciones, directores de RRHH, consultores, empresarios y estudiantes del comportamiento humano en el trabajo.

Pensado para ofrecer análisis, ejemplos y propuestas de cómo gestionar el desarrollo emocional en las organizaciones, tiene un carácter sencillo y práctico.

Sin ahondar en los temas pero sí relacionándolos entre sí y viendo las consecuencias y fenómenos que provocan esas relaciones.

Prevención de riesgos psicosociales, desarrollo de personas, bienestar psicológico, inteligencia emocional, emociones, rendimiento son algunas de las palabras claves del texto.

Su actualidad viene dada porque uno de los retos a los que se enfrentan los departamentos de RRHH, Desarrollo de Talento o Personas, en su función del desarrollo de la capacidad de los trabajadores, es conseguir mejores niveles de desempeño y bienestar. Por otro lado, la prevención de los riesgos psicosociales que tienen que hacer las organizaciones, ha adquirido actualmente un papel predominante en las prioridades de gestión de las personas.

Es en ese marco donde se plantean las propuestas de este libro todas ellas orientadas a crear entornos organizacionales donde los colaboradores puedan vincularse y comprometerse en conseguir resultados excelentes.

Fruto de la experiencia profesional y del análisis de programas de éxito en el desarrollo del afrontamiento de los retos laborales por los trabajadores, muestra cómo el desarrollo de la inteligencia emocional de los colaboradores es una potente línea estratégica de las organizaciones más modernas que mejor responden a los retos de nuestra realidad actual.

Plantea el porqué y el cómo se relaciona la inteligencia emocional con determinados indicadores tanto de rendimiento como del bienestar de los trabajadores y con la prevención de los riesgos psicosociales.

Ofrece análisis de cómo se relaciona la inteligencia emocional con la actividad empresarial, los fenómenos tanto positivos como negativos que propicia y las consecuencias que ocasiona.

Aporta propuestas y ejemplos de cómo gestionar el desarrollo de la inteligencia emocional en las organizaciones e incrementar la capacidad de afrontamiento y bienestar de las personas en el trabajo.

Analiza el impacto de las emociones en el bienestar de los trabajadores y cómo se relacionan con los fenómenos psicológicos implicados en la prevención de riesgos psicosociales.

Muestra cómo facilitar que los colaboradores incrementen su capacidad de afrontamiento de la realidad tiene unas repercusiones directas no sólo en los factores psicosociales de la organización sino también en los resultados que ésta obtiene.

Finalmente, presenta casos de éxito que han obtenido premios a proyectos emocionalmente responsables en las convocatorias que desde 2014 realiza el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.

Estos proyectos premiados se han focalizado en incrementar la capacidad de afrontamiento y bienestar de las personas desarrollando su inteligencia emocional, enseñando recursos, entrenando en competencias, reduciendo el estrés y, en algunos casos, modificando el clima emocional, con el fin de mejorar su desempeño profesional.

Es el resultado de muchos años de dirección de personas, consultoría y docencia, perspectivas complementarias para entender las dinámicas y necesidades de las organizaciones en nuestro mundo actual.

Ya disponible en:

Giuntieos: https://www.giuntieos.com/organizaciones-emocionalmente-responsables.html

Amazon:  https://cutt.ly/pfVQm11

#organizaciones emocionalmente responsables

ORGANIZACIONES EMOCIONALMENTE RESPONSABLES

Querría invitarte a la presentación de mi nuevo libro Organizaciones emocionalmente responsables.

Este libro muestra cómo el desarrollo de la inteligencia emocional de los colaboradores es una potente línea estratégica de las organizaciones más modernas que mejor responden a los retos de nuestra realidad actual.

Se presentan, también, casos de éxito de la aplicación de programas de desarrollo de la inteligencia emocional dirigido al bienestar psicológico de los empleados que han sido premiados en las convocatorias de los premios a Proyectos emocionalmente responsables que realiza el Colegio de la Psicología de Madrid.

MIÉRCOLES, 23 de septiembre de 19,30h-20,30h online.

Apúntate en: https://www.giuntieos.com/events/index/view/event_id/8/

SINDROME POSTVACACIONAL Y COVID19

El tema de actualidad de esta semana en el sector laboral ha sido la vuelta al trabajo, una vuelta este año compleja y diferente. En este sentido he colaborado con diversos periodistas y cadenas de radio aportando ideas desde la Psicología sobre cómo volver al puesto de trabajo y cómo volver a trabajar con el mayor bienestar posible. Había gran interés en los medios por entender lo que nos pasa cada año y, muy especialmente, lo que nos pasa ante el reinicio laboral este año en el que todo es tan atípico.

Por un lado, la vuelta a la rutina laboral. Muchas personas -un 60% de los trabajadores según la Asociación Española para el estudio de la Ansiedad y Estrés (SEAS)-, presentan síntomas relacionados con la falta de energía, agotamiento y desmotivación al reinicio de la actividad laboral. Es lo que se denomina síndrome postvacacional que no es ningún tipo de enfermedad sino un conjunto de síntomas propios de un proceso de adaptación a la nueva situación de horarios y tareas. Cuanto más abrupto sea el cambio en nuestras rutinas más esfuerzo de adaptación necesitamos para adaptarnos a los nuevos biorritmos. Por eso, entre las recomendaciones que se dan para prevenirlo están el adoptar los horarios laborales algunos días antes del comienzo del trabajo.

Es frecuente que nos encontremos más cansados, que nos cueste un poco concentrarnos, que nos sintamos más desganados. Son efectos del reajuste de ritmo, el cambio de estímulos y la orientación a tareas, por lo que cuanto antes nos adaptemos mejor. No suele durar más allá de una semana o diez días. En caso contrario, sí que es conveniente recurrir a un psicólogo no sea que creamos estar pasando un síndrome postvacacional y en realidad esté ocurriendo otra cosa. Tal es el caso de la ergofobia, un miedo incontrolable, desproporcionado y persistente al propio trabajo. Conlleva diferentes síntomas fisiológicos como taquicardia, sudoración, presión en el estómago, alteraciones de la respiración, etc., síntomas, en general, de ansiedad. En este caso, es una fobia que requiere un abordaje psicoterapéutico por un psicólogo.   

Por otro lado, nos encontramos con una vuelta al trabajo compleja, en algunos casos después de 6 meses sin pisar las instalacioes debido al confinamiento. El mero hecho del tiempo transcurrido ya sería suficiente para que tuviéramos que hacer un esfuerzo de adaptación, de familiarizarnos de nuevo con todo, el espacio, los sonidos, los compañeros, los clientes, etc. Pero, este año el diferencial está en el impacto del COVID19. Mamparas, líneas, distancias, mascarillas, geles, se han convertido en parte sustancial del espacio laboral y todo eso distorsiona la idea que teníamos del espacio de trabajo. Es necesario normalizar la situación, cuando antes lo consideremos como parte de la rutina antes reduciremos la alarma que nos provocan y la tensión que nos supone estar pendiente de todo ello.

Añadamos, ahora, la tensión psicológica con la que volvemos. Para muchas personas, volver al puesto de trabajo es ir a un espacio potencialmente peligroso donde se pueden contagiar y, además, contagiar, a su vez, a sus familias. El miedo al contagio, la ira de verse en amenaza, el asco que pueden sentir hacia la cercanía y el contacto con otras personas y la tristeza por haber perdido autonomía y libertad cuando no compañeros que han perdido el trabajo y la vida de allegados y conciudadanos.     

Es fácil que estemos fluctuando en el péndulo de estas emociones negativas entre una y otra con un vaivén desgastante y agotador. La carga emocional es la mayor que hemos visto nunca a nivel laboral. Esto hace que nuestra capacidad de análisis y toma de decisiones se vea mermada y sesgada. El pensamiento emocional nos lleva a ver las cosas en términos de todo o nada, blanco o negro, imposibilidad y parálisis, a centrarnos en el problema y no en las soluciones. Difícilmente con estos sesgos podremos hacer frente de forma eficiente a los retos que nos plantea esta nueva realidad.

Las personas tenemos una gran capacidad de adaptación, fruto, por un lado, de nuestra herencia evolucionista que nos hace estar cambiando y readaptándonos constantemente para salir airosos de los constantes desafíos de la vida. Contamos, por otro lado, con una capacidad de aprendizaje desarrollada, además, con la experiencia de nuestra propia vida. No hay duda de que somos capaces de adaptarnos y buscar la mejor forma de salir bien de esta situación de pandemia y desastre económico. El tema es desde dónde lo hacemos porque si lo hacemos desde el pensamiento emocional es bastante más complicado, con resultados más escasos y un mayor desgaste que si lo hacemos desde el pensamiento racional.

Lo que está ocurriendo en los últimos años a nivel social es un claro fomento del pensamiento emocional, no olvidemos que a la masa se la controla mejor desde las emociones, según dicen los manuales de política. Este pensamiento emocional pone el énfasis en nuestra debilidad, en nuestra incapacidad y se centra en el problema. Ejemplo, las noticias que aparecen en los medios son las personas que no llevan la mascarilla y pasan de largo sobre los millones que si la llevan. Otro ejemplo, cualquier titular televisivo. No se habla de lo que se está haciendo para resolver, ganar, crecer sino que la noticia es el problema, el desastre, el paisano comentando su queja.

Al final, el pensamiento colectivo termina enfocándose en lo que está mal, lo que falta, lo que no hay, en la queja continua y la falta el impulso para superar ese sesgo catastrofista. Eso es lo que se valida como correcto.  Las estrategias que utilizamos para pensar determinan la calidad de nuestra vida, de cómo nos sentimos y también de lo que logramos.

Así que si queremos superar esta crisis social-sanitaria-económica provocada por la pandemia del COVID19 necesitaremos cambiar las estrategias de afrontamiento a nivel individual, empresarial pero, también, a nivel social y esto, ahora mismo no parece que esté en la agenda de los poderes sociales.

Individualmente es una opción, centrarnos en lo que podemos, en lo que está en nuestra mano, mantener las medidas de prevención al máximo e ir paso a paso cada día sin agobiarnos pensando en “y si pasa esto” “y si pasa lo otro”. El grado de incertidumbre e inseguridad es tal que difícilmente podemos confiar en que suceda tal o cual escenario.

Sólo podemos confiar en nuestra capacidad para hacer frente a lo que ocurra.

Centrarnos en lo que estamos haciendo hoy para que suceda lo que queremos es una buen idea pero también lo es no agobiarnos por lo que pueda ocurrir futuro.

A nivel de empresa, no es una opción, es una necesidad, el stress laboral se disparará como resultado de la incorporación al puesto de trabajo con la presión del contagio. Las empresas tendrán que apostar por prevenir este riesgo psicosocial porque forma parte de sus obligaciones y fomentar el bienestar de sus trabajadores entrenándoles en estrategias de afrontamiento psicológico más refinadas y potentes de las que habitualmente se manejan. Ahora no sirve un desarrollo de competencias hay que ir a lo nuclear, a la capacidad psicológica de afrontamiento de la realidad y eso es lo que va a marcar la diferencia de cómo los trabajadores superen esta situación.

Para muchos, volver al trabajo es un privilegio y una oportunidad, para otros es algo a evitar lo más posible. Nuestra comprensión del trabajo tiene mucho que ver con cómo vamos a vivir esa reincorporación, cómo nos va a afectar el síndrome postvacacional y cómo nos vamos a adaptar y superar los desafíos del COVID19.

Resiliencia ante la incertidumbre

En estos momentos donde se pretende que la vida vuelva a una nueva normalidad tras el confinamiento y el impacto del COVID19, se ha hecho imprescindible poner la atención en el bienestar psicológico de las personas intensamente afectado por los meses vividos.

Necesitamos fortalecernos psicológicamente para afrontar estos altos niveles de incertidumbre e inseguridad de una forma proactiva, deliberada y estructurada. No podemos dejar al mero devenir la recuperación y afrontamiento psicológico de esta complicada y prolongada situación.

Las empresas tendrán, también, que poner como prioridad en sus planes de atención al trabajador este fortalecimiento para facilitar el aprendizaje de estrategias de afrontamiento funcionales.

A nivel social, es necesario también actuar. El tema del afrontamiento psicológico es de tal nivel que incluso los políticos lo están incluyendo en su discurso. Así el presidente del gobierno ha dado una conferencia ante el círculo de grandes empresarios cuyo título incluye la palabra “resiliencia”.

Por ese motivo me han entrevistado en Radio Nacional de España con el fin de que explicara qué es la resiliencia.

Y merece la pena conocerlo porque la resiliencia es uno de los fenómenos humanos más interesantes que, en estos momentos de crisis, adquiere una importancia capital para la salud psicológica y el afrontamiento de las consecuencias de la pandemia.

¿Qué es la resiliencia?

En las ciencias físicas hace referencia a la propiedad de ciertos materiales de recuperar sus condiciones iniciales después de ser sometido a fuertes presiones. A nivel psicológico, se utiliza para denominar la capacidad que tenemos las personas de adaptarnos a condiciones difíciles y superar la adversidad.

Es una capacidad ordinaria, no es algo extraordinario que unos tengan y otros no o que sólo la tengas a veces, la tenemos en nuestro ADN y eso nos permite superar las situaciones duras de la vida.

Tres son los elementos del concepto:

  1. Hay una adaptación positiva, es decir, las personas somos capaces de innovar respuestas útiles.
  2. Ante situaciones adversas, estresantes.
  3. Hay una superación psicológica y como consecuencia se sale con una capacidad nueva y reforzada para afrontar nuevas situaciones difíciles.

Va más allá del término entereza porque implica no sólo el afrontamiento sino un aprendizaje y, con ello, un incremento de la capacidad de la persona de hacer frente a los retos habituales de la vida.

En el nivel de resiliencia de una persona influyen muchos factores: entorno social, laboral, nivel socioeconómico, bioquímica, fisiología, cognición, biografía, cultura.

La persona pasa por un proceso de aprendizaje e incremento de su resiliencia, no es un fenómeno de todo o nada.

Es una tarea de cada uno porque el fortalecimiento psicológico es un trabajo personal, hay que hacerlo, nadie puede hacerlo por ti. Es como las dietas, cada uno tiene que hacerla no sirve que la haga otro por ti.

El caso de Elías

Elías es un periodista de 40 años que ha visto cómo el confinamiento “minaba su moral”. Ha sentido como las informaciones constantes de malas noticias le absorbían. Poco a poco se ha visto perder ánimo, la esperanza y ganas de hacer nada. El tedio de la monotonía en casa, trabajando en casa, con los niños en casa le ha sobrecargado y el desánimo le ha podido. Se ha dado cuenta de que como muchas otras personas no contaba con recursos suficientes para recuperarse o al menos así lo ha interpretado. Busca el servicio de Psicología Coaching pensando que, como en realidad no le pasa nada malo, sino que tiene que enfocarse en los objetivos de trabajo será el medio adecuado para recuperarse rápidamente.

Gracias al proceso cambia su mirada desde lo que le falta y el problema a su capacidad y lo que está en su círculo de influencia. Se desarrolla un proceso de cambio cognitivo, de aprender a pensar con eficiencia ante las dificultades y de construcción de su capacidad de resiliencia. No es suficiente recurrir a su fortaleza interna, necesita aprender a pensar, mejorar el concepto que tiene de su auto-eficacia y confiar en su propia capacidad para enfocarse de forma que pueda hacerse con la situación y eso es un proceso rápido que incrementa sus recursos. Como resultado, además, se produce un fortalecimiento psicológico imprescindible para hacer frente a los nuevos desafíos que el COVID19 aún nos traerá.

La resiliencia se construye con acciones concretas y se destruye también con acciones contrarias. Es una capacidad incremental y dinámica que puede crecer con la propia vida pero sobre todo si hacemos aquello que nos va a llevar a pensar eficientemente.

infografia-resiliencia

Estados emocionales de los equipos

estados emocionales CHLos equipos también tienen emociones y también se quedan anclados en estados emocionales y ésto marca lo que son capaces de hacer y con qué clima.

En el entorno laboral, cada vez, somos más conscientes de que las emociones y los estados emocionales tienen un impacto significativo en el bienestar de los trabajadores y en los resultados de negocio.

Trabajo y emociones se vinculan actualmente con la salud psicológica de los trabajadores porque no se consigue el mismo rendimiento cuando la emocionalidad es positiva que cuando es negativa y no, no se consigue la misma eficiencia cuando la emoción no es congruente con la situación. Estar hablando de estar felices y positivos no sería congruente con la tensión emocional a la que están sometidos los trabajadores actualmente.

La crisis sanitaria y el confinamiento han incrementado la visibilidad e importancia que nuestras emociones y salud psicológica tienen en relación a la actividad laboral. Como resultado, son numerosas las empresas que ya están atendiendo las  dificultades provocadas en los trabajadores en activo por el miedo al contagio, el stress de las medidas preventivas y la preocupación por la incertidumbre. Y serán muchas las que tengan que buscar respuestas a los retos de la reincorporación progresiva que traerán asociados las emociones predominantes de miedo, tristeza y rabia, por tantos meses ya mantenidas. La necesidad de atender la prevención de los riesgos psicosociales que el virus del COVID19 ha traído hace más necesario tener claro qué son las emociones y qué son los estados emocionales porque ambos van a tener un claro protagonismo en cómo los trabajadores volverán al trabajo.

El artículo ha sido publicado en Capital Humano y puedes leerlo en: https://bit.ly/3eujU0G #emocion #eevolucionemocional

El difícil papel de los directores de personas en la vuelta al trabajo

gestionemocionalEstamos viviendo un tiempo donde las emociones se han impuesto en nuestra vida. Por un lado, el miedo al contagio por el #COVID19 y a contagiar, por otro, la rabia por la pérdida de libertad y la gestión que se ha venido haciendo desde el gobierno, por otro, la tristeza por la pérdida de allegados, conocidos y seres humanos, en general. Eso en el supuesto de que, además no hayamos perdido el trabajo, nuestro medio de subsistencia y la dignidad de la autonomía personal.

Volver al trabajo no va a significar correr una cortina y ya está, todo ha quedado atrás.

Volver al trabajo lo hacemos con todo ese vaivén de emociones negativas que como un péndulo constante fluctúa entre unas y otras y no nos deja cambiar el tono emocional.

El riesgo psicosocial en el trabajo se dispara en esta situación. La probabilidad de accidentes, de desencuentros, de conflictos, de bajas médicas, de absentismo mental, de desconexión de la empresa y de somatizaciones como problemas de sueño y desconexión mental,  de stress en general, seguro que es mayor, mucho mayor, porque nuestra mente no está disponible para concentrarnos en el trabajo. Es como si tuviéramos un programa que da error abierto en el ordenador mientras intentamos seguir trabajando.

Cuando las emociones negativas imperan en nuestra vida con la intensidad y permanencia como lo están haciendo ahora sus efectos sobre nuestra mente y cuerpo son importantes, dejan huella y, en algunos casos, traumática, hasta el punto de que necesiten ayuda de profesionales de la psicología.

Una experiencia tan intensa y prolongada de emociones negativas tiene importantes efectos. Perdemos la confianza en la vida, que ahora vemos tan frágil, perdemos la confianza en los otros, que ahora vemos como fuente de contagio y a los que no nos podemos arrimar porque son, en sí mismos, una amenaza, perdemos la confianza en nuestros dirigentes y no creemos que sus decisiones sean las mejores para nosotros, incluso, perdemos la confianza en nosotros mismos y pensamos que no vamos a poder recuperarnos de ésta.

Cuando la mente piensa sólo desde una perspectiva emocional ve la vida en términos dicotómicos de todo o nada, amigo o enemigo, blanco o negro. Para tener perspectiva y analizar los hechos y separarlos de nuestros sentimientos necesitamos la mente analítica que, en estos momentos, ha pasado a la reserva, a un segundo plano, como consecuencia de la intensidad del peligro en el que estamos viviendo desde hace meses.

En definitiva, volvemos al trabajo con nuestra mente y cuerpo sintonizados con el peligro, llenos de sentimientos negativos y en una parálisis cognitiva para movernos en este mundo ya no #VICA (Volátil, incierto, complejo, ambiguo) sino #VICAI (Volátil, incierto, complejo, ambiguo, inseguro)

Y, con toda esa carga emocional volvemos al trabajo. ¿Cómo dirigir a las personas en esta situación donde el trabajo emocional es tan intenso?

Es un enorme reto para los directores de personas, sea cual sea el tamaño y sector de actividad porque ellos mismos están inmersos en esta dinámica de emocionalidad negativa y VOCAI.

¿Cómo dirigir a las personas en este entorno? No cabe otra línea que la de generar proyección, confianza, perspectiva, la de promover la proactividad y la colaboración, pero ¿cómo hacer todo esto cuando el tono emocional es tan negativo?

El ser humano tiene una capacidad inmensa de autoregeneración, es capaz de sacar fuerza de flaqueza, incrementar su resiliencia, adaptarse a las circunstancias y responder de forma novedosa y eficaz a los retos del medio ambiente. Esta es la historia de la humanidad vista en términos de evolución y grandeza.

Contamos por lo tanto, con un medio adverso y unos recursos potentes, sólo falta ser conscientes desde dónde los aplicamos ¿desde las emociones negativas? Será complejo y limitado en este caso, siempre en la lucha, siempre en lo que falta y en la defensa de lo nuestro. Pasar a una emoción de aceptación que genere confianza va a ser el gran reto de los dirigentes en, al menos el próximo año y medio, porque si no,…

O cuidamos la emocionalidad colectiva de nuestra organización o los trabajadores van a enfrentarse a una situación difícil, nueva y muy, compleja sin los recursos mentales necesarios para ello.

Es responsabilidad de la organización cuidar de la salud laboral de sus trabajadores y esto incluye su salud psicológica.

Si quieres saber cómo hacerlo en este curso podrás conocer las claves para esa gestión emocional de las personas de tu empresa.

https://cutt.ly/jybTNhk