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¿TRANSMITIR EMOCIONES ES SER MÁS HONESTO?

Me llama la atención por dos razones. La primera es la sensibilidad cada vez más extendida entre los profesionales del marketing, el  management, la educación, la salud, el bienestar,…  hacia las emociones y su esencial papel en quiénes somos, y cómo somos, y en general, hacia los conocimientos de las neurociencia generados por los psicólogos. No es de extrañar, son sectores orientados a cómo influir en las personas y conseguir que hagan determinadas cosas, tales como, por poner algunos ejemplos, conseguir objetivos, realizar aprendizajes, o tomarse un medicamento.

La segunda, porque afirma que transmitir emociones está relacionado con la honestidad. Yo me pregunto: ¿Y si las emociones que transmito son elegidas deliberada y perversamente, es eso honesto, ¿Es esto un juicio de valor de todo o nada? ¿Es que no somos honestos si no mostramos emociones? ¿De qué emociones estamos hablando?   

Identificar nuestras emociones tiene que ver con reconocer nuestras reacciones, no porque sean más auténticas, sino porque son más automáticas ante lo que nos ocurre. Me plantea una reflexión ¿Se es más auténtico por responder desde nuestra primera reacción, o se es más auténtico por asumir nuestras reacciones como propias?

Es cierto que empiezan a aceptarse las emociones como parte esencial de nuestro equipamiento biológico para vivir, y no sólo como fuerza ignotas que nos arrastran y despersonalizan. Lo peor, cuando se perciben como fuerzas incontrolada o seres ignotos, “aliens” que nos habitan y están dentro de nosotros. ¡uff!

Sin duda estamos viviendo un cambio de paradigma con respecto a las personas. En este siglo algo ha cambiado. Las personas se están convirtiendo en el eje central de la conciencia colectiva. No hay más que seguir la actualidad de blogs, cursos, congresos, etc., para darnos cuenta de cómo el interés por la persona y su propio desarrollo se está convirtiendo en un trending topic.

Sí, sí y sí a la responsabilidad personal con la propia vida. ¿Seguimos necesitando figuras de autoridad que nos digan cómo vivir nuestra vida, que nos creen certezas y modelos? Creo que sí, y en estos tiempos de incertidumbre puede que incluso se incremente la necesidad de figuras que nos arrastren y den instrucciones sobre cómo vivir y sentir que nos resultan tan útiles porque reducen la incertidumbre de nuestra vida.

Sin embargo, hay muchas personas que se dan cuenta de su insatisfacción, de su desencaje, incluso de su dolor ante la forma en que se sienten ante la vida y, en algunos casos, buscan cómo cambiar su forma de enfrentarse a la vida, en sí mismos y no en figuras de autoridad, dogmas de fe, o creencias colectivas. Es algo que aparece de forma constante en los procesos de coaching, y en los talleres de desarrollo personal en los que trabajo.   

Ya lo decían los griegos en el frontispicio del templo de Delfos: “conócete a ti mismo”, darte cuenta de cómo reaccionas, de qué te “saca de quicio”, de cómo interpretas lo que te ocurre, pienso que es el primer paso para ser coherente contigo mismo, y no un ser al vaivén de las circunstancias.  

Puede que el segundo paso sea no ocultarte, engañarte o eliminar ese darte cuenta, y aceptarlo y comprender qué te ocurre. Un tercer paso es actuar en consecuencia. ¡Todo un reto!

Pero si apuestas por la identidad, el bienestar y la vida plena puede que este reto sea tuyo.

Algo se mueve imparable en la Psicología

IMG_3831En estos días dos actos diferentes y de gran importancia celebrados en el Colegio Oficial de psicólogos de Madrid han venido a señalar el esfuerzo de los psicólogos por compartir con la sociedad una imagen actual, competente y positiva de su trabajo.

El primero la elección de la nueva Junta Directiva de la Sección de RRHH del COPM, de la que tengo el honor de formar parte, y el segundo, el Acto de Reconocimiento a los psicólogos que divulgamos el papel de la psicología con la presencia de conocidos psicólogos como Javier Urra, Rocío Ramos-Paul, Mª Jesús Álava Reyes, Bernabé Tierno, y así hasta 60 colegiados que hacemos llegar a los medios de comunicación el valor para la sociedad del trabajo de los psicólogos. Preciosas las palabras, que desde su experiencia trabajando con psicólogos, nos ofreció Mamen Asensio, Directora del programa de RNE, «España directo»

Los psicólogos del Trabajo, RRHH y Organizaciones trabajamos en los diversos aspectos que tienen que ver con el bienestar y el rendimiento en las empresas: selección, evaluación, formación, prevención de riesgos, especialmente los psicosociales, desarrollo organizacional, desarrollo de personas (incluido el coaching).

No siempre ha sido visto y valorado este trabajo. La psicología ha tenido y aún tiene una imagen cuando menos extraña y dispersa. Para algunos es algo tipo mágico, para otros incluso tiene que ver más con no estar bien de la cabeza.

Sin embargo, para sorpresa de muchos que consideran la actividad de los psicólogos como un trabajo dirigido a aquellos que no están bien, que tienen problemas, un trabajo clínico en definitiva, la psicología no se centra sólo en el malestar.

Una de sus áreas de trabajo de largo desarrollo y demanda creciente precisamente es la de la psicología del bienestar. Una psicología centrada en el desarrollo de las personas, en conseguir que se sientan más capaces, sean más felices y vivan con más calidad.

Dos teorías claves fundamentan este desarrollo de personas. Una la Teoría de la inteligencia emocional que con tanto acierto nos ha permitido entender cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás, y la segunda la Psicología Positiva que nos ilustra de aquello que nos hace más humanos: nuestras fortalezas, valores y virtudes, que son el motor de nuestra construcción como personas.

El bienestar se está convirtiendo a pasos agigantados en el área de trabajo más de moda y más activa en estos momentos. No es de extrañar que precisamente por los tiempos de incertidumbre y desesperanza que vivimos se vea prioritaria la necesidad de aprender a movernos en este nuevo escenario, ya que es ahora cuando esas cualidades que nos diferencian como humanos se hacen más necesarias, tiene más sentido y valor.

La oferta de actividades vinculadas con el bienestar personal es inmensa. Las hay de todo tipo y valor. Pero reflejan una demanda imparable de las personas. Nunca como ahora ha habido un interés similar por conocernos, por explorar nuestras capacidades.

Esta Psicología del desarrollo y del bienestar nos ha ido abriendo las puertas a un mundo fascinante: a la posibilidad de la elección personal. El  paradigma del constructivismo personal está calando. La idea de que las personas podemos elegir como ser y sentirnos es tan potente que, una vez conocida, es difícil de abandonar. Las explicaciones y técnicas que nos ofrece la Psicología Positiva son sencillas e importantes. Decía el Dr. Martin Seligman que el objetivo de esta psicología es “Descubrir y promover los factores que le permiten al individuo y a las comunidades vivir en plenitud. La Psicología Positiva estudia la capacidad humana para generar orden y significado en nuestra experiencia, enfatiza el potencial creativo de las personas y las muchas maneras en las que podemos construir una “buena vida”.  La Psicología Positiva no es un ejercicio de autoayuda ni un método mágico para alcanzar la felicidad…lo que busca es ampliar la perspectiva con la que las personas se explican el mundo y puedan elegir cómo vivir tu vida.

Son muchos los psicólogos que actualmente estamos trabajando por el bienestar, y muchos los renombrados. Vamos a vivir un gran momento de la psicología.

CAPACES DE SER o DE HACER

negativaEntorno incierto, dificultades, limitaciones, lo llaman “crisis”
Es un hecho que para muchísimas personas hoy en día es más difícil salir adelante, ganarse la vida, casi sobrevivir. Es un hecho que es más complicado conseguir contratos, ganar clientes, ofrecer servicios. Pero esta situación no deja de ser un escenario en el que nos movemos. Nuevo escenario, nuevas necesidades, nueva forma de actuar. Son necesarias nuevas capacidades. Siendo un poco darwinistas podríamos pensar que sólo los que se adapten al medio y generen nuevas capacidades, funciones o comportamientos serán capaces de sobrevivir con éxito. Puede que este escenario esté pidiendo más de nosotros mismos, más de nuestra capacidad de ser tanto como de nuestra capacidad de hacer. Puede que este escenario negativo sea, al igual que ocurre con el revelado de fotos, el origen del lado positivo de la imagen.
Tal vez se deba a estas necesidades la ingente oferta de servicios relacionados con el bienestar: talleres de desarrollo personal, libros de autoayuda, conferencias motivadoras y lo más numeroso, el coaching. Ofertas variadas, a veces pintorescas, ofertadas por todo tipo de perfiles profesionales que llaman la atención sobre un hecho importante: la necesidad de las personas de empoderarse y sentirse capaces de manejar su situación.
En un marco de rigor científico, la Psicología Positiva (esa gran desconocida por muchos que piensa que la psicología sólo es para quien tiene problemas) estudia y desarrolla aquello que hace que las personas nos sobrepongamos a nuestros problemas, tengamos fuerza para iniciar nuevos retos y persistamos hasta conseguir nuestros objetivos: emociones positivas, pensamientos positivos, fortalezas, proyecto de vida.
Una fortaleza es la “Capacidad natural para pensar, actuar y sentir de una manera que permite el funcionamiento óptimo y el rendimiento en la búsqueda de resultados valorados” (Linley y Harrington, en prensa )
Las fortalezas: sabiduría, coraje, humanidad, trascendencia, moderación y justicia, nos empoderan, nos hacen sentirnos dueños de nuestra vida y hacen que ésta tenga significado para nosotros.
Dice Rafael Echevarría en “Ontología del lenguaje” que “El atributo fundamental de los seres humanos es su capacidad de actuar y, a través de ella, su capacidad de participar en la generación de sí mismo y de su mundo” Cierto, al hacer configuramos nuestro mundo, pero para hacer es necesaria la fuerza que dimana de nuestras fortalezas. Desde el desánimo, la negatividad, el miedo o la ira, desde el pensar que “no se puede hacer nada”, o que ”no soy capaz de conseguirlo” difícilmente tendré una capacidad de actuar adaptada a las demandas de este entorno tan exigente. Con fortalezas más trabajadas, mayor capacidad de acción.
Como dice el Dr. Martin Seligman «Las personas llevan escrito un SI o un NO en su interior, y eso lo define todo. Lo importante es que puede cambiarse”
Veamos un sencillo ejemplo del entrenamiento mental de la psicología positiva que se lleva a cabo en una sesión de coaching para rebatir pensamientos positivos:
Adversidad: Mi jefe me ha dicho en la reunión que lo he vuelto a hacer mal.
Creencia: Me la tiene jurada, me considera poco inteligente y encima mis compañeros también piensan lo mismo.
Consecuencia: Me he sentido inútil, avergonzado e incapaz.
Rebatimiento: El hecho de que el jefe me haya dicho que lo he vuelto a hacer mal no significa que piense que soy poco inteligente. Se ha referido a algo que he hecho, no a cómo soy yo. Además, el jefe siempre es igual con todos, nos suelta lo que piensa sin más. Por otro lado, su trabajo es estar pendiente de que estén bien hechas las cosas.
Resolución: No me siento inútil, ni avergonzado ni incapaz.
Esta secuencia tan sencilla de mostrar en realidad es complicada y laboriosa de conseguir, de ahí la importancia del papel de un coach que sepa guiarla.
Para hacer, primero ser, o tal vez ser siendo mientras se hace. Lo importante es trabajarnos el ser al igual que nos trabajamos el hacer, porque de aquel se consigue esto.
Las claves para el desarrollo de nuestro ser, son tomar consciencia de nuestros pensamientos, emociones y fortalezas y trabajar su desarrollo, en definitiva al igual que entrenamos nuestro cuerpo, entrenar nuestra mente para el éxito.

El TALENTO DE LA GATA o ERES EN CUANTO QUE HACES

La gata de mi fisioterapeuta ¡tiene mucho talento! ¡Es capaz de abrir la puerta saltando hasta bajar el manillar! ¡Qué lista es!
Esta semana he estado en la presentación del libro Los mitos de Silvia, donde algunos buenos amigos han escrito, ya por segunda vez, y con mucho acierto sobre RRHH. En este acto Eugenio de Andrés hablaba de la necesidad de formar en aquel comportamiento concreto que la empresa va a demandar de su empleado. Creo que ésta es la demanda de siempre, “quiero que sepa hacer esto en esta circunstancia”, “Que responda así”, “Que actúe así”. Esto está muy bien para competencias técnicas, pero hay un problema, las competencias las pone en práctica alguien, una persona. Creo que formar en comportamientos es lo que hacemos cuando formamos en competencias, y digo creo porque siempre me queda la duda de si conseguimos dar la forma esperada. Porque formar es “dar forma”
Y dar forma a un comportamiento no es fácil, pero tampoco es difícil. Si lo que busco es un comportamiento, condiciono el aprendizaje de mi empleado, y con más o menos fortuna conseguirá hacerlo. La gata de mi fisioterapeuta lo ha logrado.
Indago más sobre el uso (o tal vez abuso) de la palabra talento. Las empresas buscan talento, retienen talento, gestionan talento. ¿Qué es esto del talento? ¿Para qué sirve? ¿Qué se consigue con ello?
El talento no es más que una capacidad puesta en práctica ¡¡Simple aprendizaje de una conducta!!! No añade inteligencia, ni carácter, ni personalidad, ni capacidad de adaptación a las circunstancias (flexibilidad, creatividad, valoración de lo apropiado que pueda ser, ajuste al entorno, vinculación con objetivos). ¿Es eso lo que están necesitando las empresas? ¿Es esto lo que necesitan los trabajadores? ¿Es esto lo que facilita el desarrollo de nuestra sociedad actual?
Lo dudo desde mi dilatada experiencia en la formación. La empresa pide una cosa, pero espera otra. Pide comportamientos y espera actitudes. Paga por una formación en competencias y quiere sentimientos. Busca eficacia, pero demanda eficiencia. Exige resultados, pero quiere productividad.
¿Es posible esto si una empresa considera que una persona no es muy diferente de un gato?
Para mí la gran diferencia está precisamente en el ser humano. Lo que marcan la diferencia es la persona. ¿Por qué ignoramos sistemáticamente a la persona en las empresas? ¿Tal vez porque sólo la consideramos un recurso más, eso sí, con el calificativo de humano? El último concepto que he oído sobre esto es “pasivo humano” en relación a los costes de deshacerse de los trabajadores.
Numerosas veces me han dicho en los cursos, “No, si saberlo lo sé, pero al final no lo hago” En temas de productividad, de negociación, de gestión de conflictos, de comunicación, de liderazgo, de trabajo en equipo. ¡Qué casualidad! En todas aquellas competencias en las que no sólo se trata de hacer un comportamiento automático, sino que implica la consciencia y voluntad de la persona, lo que se suele denominar en la empresa “compromiso”, “alineamiento”. En estas situaciones el talento puede que sea irrelevante, lo que importa es la valoración que la persona hace de su propia capacidad, la atribución que hace a su comportamiento, “¿puedo hacerlo?2, 2¿me merece la pena?”, “¿me conviene” Y es aquí donde las personas se encuentran con frenos que no tienen que ver con su capacidad técnica, sino con su capacidad de creer en sí mismos o de sentirse cómodos con ello, o de su confianza en la organización y en la visión que comparten.
Por eso, desde una densa y dilatada experiencia en la formación, apuesto por el “DESARROLLO DE PERSONAS” y no por la gestión de su talento. “Sólo haré aquello que crea que puedo hacer y estime que me conviene” pienso que es el pensamiento que está en la base de lo que una persona llega a hacer.
Por lo tanto, la dimensión de una persona no estaría en lo que hace, sino en el ser que es (en la atribución que hace de sí y de su mundo) para lograr hacer eso. Hay una clara diferencia entre la persona y el gato de mi fisioterapeuta. Todos podemos, llegar como decía Buzz Lightyear’s en Toy Story, “hasta el infinito y más allá”, el límite está en nuestra mente.
Y es aquí donde entran las funciones de “un entrenador mental”, un “coach mental” preparado para facilitar que una persona indague sobre cómo aborda sus competencias, sus creencias, sus acciones. No conozco nada tan potente como el acompañamiento de “un entrenador mental” para desarrollar personas. Ya no se trata de mirar sólo su rol, vinculado al talento que la empresa le ha atribuido y cómo hacerlo mejor, aspecto que para muchos coaches ejecutivos (¿consultores?) es el esencial. Un coach mental facilita que la personas se mire a sí misma y su forma de mirarse, y el valor y capacidad que se atribuye. No se necesitan apellidos para el coaching, simplemente se necesita alguien que quiera ir “hasta el infinito y más allá” de sus actuales límites.
¿Hasta dónde quieres llegar tú?

LA CONVERSACIÓN CAPACITANTE O POR QUÉ SER ESCUCHADO TE HACE SENTIR BIEN

¿Qué tiene de especial una buen conversación?

¿Cómo nos afecta emocionalmente?

¿Por qué una conversación de coaching impacta tan profundamente en la persona?

¿Por qué la demanda reiterada en las empresas es “que me escuche mi jefe”?

Seguro que tenemos la experiencia de una buena conversación, esa en la que nos hemos sentido escuchados, comprendidos, aceptados. Esa conversación de la que te queda un regusto a buen sabor, a bienestar.

Sí, no hay nada como una buena conversación para generar en nosotros cambios hormonales que afectan nuestro ánimo, nuestro pensamiento, nuestro cuerpo y nuestra acción. Nuestra biología tiene la clave, miles de años formándonos como seres sociales han hecho de nosotros criaturas muy sensibles a cómo nos relacionamos con los otros.

Así que cuando tengo una conversación con otra persona donde hay escucha empática, es decir una escucha desde el otro, comprendiendo su punto de vista, y una aceptación incondicional del otro, es decir, donde no hay un enjuiciamiento descalificador, sino todo lo contrario, una confianza plena en su capacidad, se crea por contagio hormonal un espacio energético entre ambas personas que modifica los niveles de nuestras hormonas cuantitativa y cualitativamente. Unas se reducen, otras se incrementan. Así los niveles de los neurotransmisores epinefrina, norepinefrina y cortisol se reducen. Y esto es realmente importante para lo que somos capaces de hacer. Este tipo de neurotransmisores son necesarios en nuestra vida, naturalmente, en el momento y por el motivo adecuado, pero mantenidos en el tiempo o en altas dosis, nos pueden llevar a actuar con errores, a tener stress, “sufrir”, enfermar, ser disfuncionales.

Cuando un líder es capaz de dirigirse a los miembros de su equipo desde la escucha empática y la aceptación incondicional reduce estos niveles, y por lo tanto actúa facilitando una capacidad de acción más exitosa. De igual manera, cuando un coach ofrece este espacio en la sesión de coaching abre para el coachee la posibilidad de reducir sus niveles de ansiedad y le dispone para nuevas acciones más eficaces. Como educadores y como padres, ¿ocurre lo mismo?

Al sentirnos escuchados en un contexto de confianza, no sólo se reducen los neurotransmisores asociados a la ansiedad y al malestar, en paralelo se incrementan otros neurotransmisores asociados al bienestar como la oxitocina y la vasopresina que nos hace sentir confiados, la dopamina que incrementa el placer y  la atención, y la serotonina que reduce el miedo y la inquietud. Todo el equilibrio hormonal cambia con ello, todo nuestro organismo se ve afectado. (Edward Hallowell, The Human Moment at work, HBR, enero-febrero 1999)

prueba 3

 

¿Hay un mejor argumento para practicar la escucha empática?

Si eres un líder y escuchas empáticamente puedes generar unos mejores resultados en tu equipo generando un clima de capacidad, un ambiente de posibilidad, una apertura a la innovación y un mayor rango de acción. Si eres un coach, una burbuja de confianza donde el coachee se abre y desarrolla desde la aceptación que tú proyectas sobre él. ¿Y si eres un educador, o un padre?

En esto de escuchar empáticamente y eliminar el juicio de nuestra mente hay que entrenarse. Al igual que los deportistas, al igual que los expertos en artes marciales, al igual que los que practican mindfulness, los  que se forman como coaches, … el entrenamiento mental es la clave.

Suelen decirme en los cursos que imparto que es difícil, incluso imposible, dejar de escucharte a ti para escuchar al otro, dejar de juzgar si lo que te dice el otro es cierto o ¡real!, “apagar la radio” que dicen algunos coaches. Entrenamiento, entrenamiento, entrenamiento. Naturalmente dirigido no sólo a tener técnica, sino también a saber qué persona eres cuando escuchas. No es una cuestión de acción, sino del agente que eres cuando haces esa acción, no es cuestión de talento, sino de personas.

¿Qué tipo de persona quieres ser: de los que se escuchan o de los que escuchan?

LA PRIMERA IMPRESIÓN AL SERVICIO DE TU PROMOCIÓN PROFESIONAL

            
 
Dicen que los primeros veinte segundos bastan para hacernos una impresión de alguien, y que las primeras veinte palabras serían suficientes para que tengamos un juicio sobre ella. Puede que sea así, o que sea algo más amplio el tiempo y las palabras necesarias, pero lo que sí sabemos es que la primera impresión es realmente importante. Cambiar una primera impresión es costoso, difícil, incluso infrecuente, de ahí que sea tan relevante saber qué decir en esos veinte primeros segundos cuando lo que está en juego es un posible cliente, o un empleo, o un contacto en tu red profesional,… o, en el ámbito personal, captar la atención de alguna persona que nos interesa.
Para un profesional que quiera promocionarse el discurso de presentación se ha convertido en una herramienta imprescindible. Conocido como elevator pich, su origen está en los breves discursos en busca de inversores que innovadores emprendedores americanos hacían a su posible inversor en el tiempo que duraba el trayecto en el ascensor. Esa técnica que tan buenos frutos dio, y que tan popular se hizo para conseguir inversores para un negocio, se utiliza actualmente no sólo para presentar tu propuesta, sino para presentarte a ti mismo como propuesta.      
Y nos encontramos con los “es que”, sí siempre un “es que”, que si: “es que voy a parecer soberbio”, “arrogante”, “es que van a pensar que “no tengo abuela”, “es que eso es de personas falsas”, “es que la humildad es lo importante”, “a mi venderme me parece mal”, “es que…” todas son respuestas oídas una y otra vez, “es que…”
Son creencias que nos limitan, excusas para no ponernos en valor, para esperar que otro diga lo que valgo o lo que sé hacer. Estoy esperando que alguien haga por mi aquello que sólo puedo hacer yo, porque la realidad es que ante un cliente o un empleador no está tu abuela contigo para decir lo que vales, o como en el caso del video de Coca Cola, no va tu hijo a dar referencias tuyas. Tienes que decirlo tú, o tu interlocutor no sabrá lo que tú quieres que sepa. ¿En qué medida confías en ti mismo? Eso es lo que muestras al presentarte.
 
 
Un ejemplo magnífico lo encontramos en la película En busca de la Felicidad, donde Will Smith muestra de forma magistral la confianza que tiene en sí mismo.
 
 Y este es un tema que tratamos siempre los coaches expertos en el desarrollo de personas, y muy especialmente los “Psicólogos expertos en Coaching” PsEC® especializados en desarrollar personas, cuando entrenamos a una persona a creer en sí misma, a valorarse, a ponerse en valor.  
Y aquí es donde entran también, además de nuestras creencias, y nuestros juicios, nuestras emociones, ¿nos sentimos capaces?, ¿cómo nos valoramos?, ¿qué puntuación nos daríamos en valioso, válido, capaz? La cuestión de la autoestima es un tema clave en el desarrollo de una persona. ¿Te validas?
 
 
 
Vivimos en un mundo de relaciones donde son numerosas las oportunidades de poner en práctica la presentación de nosotros mismos: eventos de Networking, ferias, congresos, actos sociales, comidas, participación en cursos, presencia en redes, presentaciones ante clientes,… todas oportunidades de impactar rápidamente y conseguir que quieran saber más de nosotros, porque personal o profesionalmente le hemos llamado la atención.
Para preparar un potente discurso de presentación profesional hay que tener en cuenta que se trata de un discurso breve, conciso, directo, que conviene preparar con detenimiento ya que tiene una estructura básica de persuasión implícita y una información precisa.
Este breve discurso, de apenas un minuto, no se centra en las experiencias profesionales del pasado, sino en la utilidad y beneficios que aportas a tu cliente ahora en el presente, y en el valor que puedes aportar en el futuro. Hay que expresarlo en primera persona, precisamente para remarcar tu compromiso y veracidad con lo que dices. Tiene que dejar claro tu posicionamiento profesional: el sector que conoces, tu nivel de interlocución, o la función que realizas, son informaciones relevantes. Destaca tu expertise, aquello que sabes hacer mejor y tus competencias personales y profesionales, no con el ánimo de valorarlas en sí mismas, sino en cuanto que pueden aportar un valor único  para tus clientes, una solución diferenciada y personal. Hay que dejar claro la utilidad que tienes para tus clientes, y cuál es el perfil de éstos. Un elevator pitch está concebido para un target concreto ya que hablas de los problemas específicos que solucionas.
Y toda esta información sirve de poco si no se transmite con un apropiado tono emocional. Tienes que generar confianza (recuerda, ¿en cuánto te valoras y cuánto confías en ti mismo?), y transmitir la certeza de que tú confías en ti mismo, y eres capaz de hacer lo que dices que haces y, a la vez, transmitir el entusiasmo en tu expresión, ¡que te brillen los ojos!
Con ser muy similar al elevator que realizaríamos para la presentación de un negocio, una presentación de nosotros mismos tiene sus aspectos diferenciales: nos señalan como una fuente de valor importante para nuestro cliente.
El elevator pich de un profesional no sólo indica quien es, lo que hace, sino también cómo lo hace, de tal manera que crea un interés especial por conocer más a fondo a la persona y sus propuestas profesionales. De esta manera conseguimos que esa primera impresión se convierta en una herramienta para nuestra promoción profesional.
Así lo han entendido los ya más de 1000 alumnos que han aprendido en mis cursos que mostrar lo que vales es una manifestación de la confianza que tienes en ti mismo y el valor que aportas a tu cliente / empleador.
Gracias a todos ellos alumnos del Instituto de Empresa, del Máster en liderazgo de la Universidad de Lleida, del Máster en Recursos Humanos de AEDE, de las Jornadas de Dirigir en Femenino, de la Asociación de Mujeres Profesionales FUNDE, de la Pink Slip Party, del Programa de Desarrollo Personal y Profesional (DPOP) de CIVSEM,… gracias a mis coachees con quienes hemos  trabajado tanto el valor de uno mismo, y gracias a los que habéis compartido conmigo la fuerza, valentía y coraje que os llevabais de mis cursos de “Elevator speech”
 
elevator speech ppt blog
 

LA EXPRESIÓN DE LAS EMOCIONES ES UN PASO PARA GESTIONARLAS FUNCIONALMENTE

Un estudio realizado por Psicólogos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) publicado en la edición electrónica de la revista Psychological Science, ha revelado que cuando las emociones “negativas” como el miedo se expresan, es más fácil gestionarlas.

El estudio realizado con 88 personas aracnofóbicas ha llevado a los psicólogos a encontrar que expresar los temores ayuda a superarlos con mayor rapidez. Esta evidencia refuerza el trabajo de los especialistas en desarrollo de inteligencia emocional que trabajamos precisamente en facilitar que las personas sean más capaces y tengan un mayor bienestar.

Michelle Craske, catedrática de psicología de UCLA y una de las investigadoras, señala que: “Varias investigaciones han demostrado que la gente teme expresar sus miedos con palabras negativas al ver una imagen desagradable  porque creen que las palabras subrayan la emoción, la hacen más fuerte. Pero en esta investigación descubrimos que en realidad es mejor explicitar el miedo”

El estudio con personas con miedo a las arañas consistió en enseñarles una caja con una tarántula viva dentro y se les pidió que se acercaran y tocaran. Los participantes fueron divididos en cuatro grupos y les enseñaron otra tarántula.

A los miembros del primer grupo se le pidió que expresaran sus emociones al respecto, por ejemplo, “me da mucho miedo esta araña monstruosa”.

Al segundo grupo se les pidió que usaran expresiones neutras que disminuían el miedo, por ejemplo, “la araña no me hará daño, no me da miedo”, es decir, una técnica similar a la que se emplea actualmente en el tratamiento de fobias.

Al tercer grupo se le solicitó que dijera algo referido a la situación.

Para el cuarto grupo, las instrucciones eran que contemplaran la araña sin decir nada.

Al cabo de una semana los psicólogos repitieron la situación con los participantes, y volvieron a pedirles que se acercaran a la araña en una caja abierta lo más posible y que la tocaran. Con indicadores como la distancia a la que se situaban de la araña, el nivel de estrés referido y el estado físico de los participantes, los científicos descubrieron que los participantes del primer grupo habían avanzado mucho más que los de los otros grupos, se acercaron a la araña más, y estaban menos nerviosos.

Matthew Lieberman, catedrático de psicología y psiquiatría de UCLA dice “Por razones que aún desconocemos, cuando los aracnofóbicos expresan su miedo, el miedo se reduce”.

Ambos psicólogos están investigando cómo pueden aplicarse los resultados de su estudio y el nuevo método al tratamiento de traumas psicológicos de víctimas de violación o de violencia familiar, o a situaciones post-traumáticas.

Es una nueva evidencia científica de lo que en desarrollo de inteligencia emocional trabajamos. La consciencia, la expresión, la gestión de cómo afrontas tu realidad te hace más capaz de actuar en el día a día. Te hace más “funcional”, entendido como una respuesta más acorde con la situación y con un mayor bienestar personal.

Craske dice que la gente piensa que mejor no hablar de lo que tememos, de lo que no soportamos, de lo que nos incomoda. Y ciertamente hay una gran verdad en ello: “la deseabilidad social” te lleva a hablar o no de lo que sientes en función de tu entorno, y de lo que es apropiado o no en él. Y, además, la cultura, la socialización y nuestra historia de aprendizaje nos lleva a tener respuestas rápidas, automáticas, irreflexivas para el actuar.

Llevado a las empresas las implicaciones de este estudio supondrían que hablar de lo que sentimos ante nuestras tareas o nuestros objetivos, o nuestras decisiones, nos llevaría a ser profesionales más capaces y seguramente más eficaces.

Eses es el motivo del creciente interés por trabajar esta inteligencia emocional en las empresas y de seguir el concepto de “emociones capacitantes”©. Hay ya una certidumbre de que ese es el camino del desarrollo de personas, y ellas son los agentes de los resultados de la empresa, de ahí la espectacular demanda de este trabajo en las organizaciones.

DE FLUIR A «INFLUIR-YENDO»

Un nuevo reto alcanzado en este trabajo del desarrollo de personas: conseguir que los participantes fueran capaces de influir más y mejor en sus interlocutores, clientes externos e internos, y eso sólo gracias a su propia capacidad de persuasión, sin ningún recurso externo que los situara en posición de ventaja o que los dotara de algún poder que no fuera el personal.  ¿Fácil, verdad?

 

Un programa de formación de tres días en los que mi estimada Estela Pérez-Pelaez y yo hemos desarrollado con Esic Business Education un tema apasionante bajo el lema de “influir a influir-yendo” para AVIVA.

 

Influir en otros es fácil, es lo que ocurre, lo queramos o no influimos, con nuestra presencia, con nuestra ausencia, con nuestra comunicación especialmente. Influir es lo habitual. Sin embargo en el influir hay un componente de voluntad, de deliberación que tiene que ver con nuestros objetivos y nuestra intención.

 

Cuando preparábamos el programa y preguntando a los participantes nos decían que el influir era costoso, difícil, a veces imposible. El argumento principal: si no tienes fuerza para imponerte no puedes influir. Para ellos influir era tanto como “convencer a otro de que haga lo que yo quiero que haga”. Enfoque habitual en el que pensamos que influir consiste en imponer a otros nuestro punto de vista. Un punto de vista de confrontación de todo o nada, de yo gano – tu pierdes. Desde aquí la influencia es impositiva, costosa y poco efectiva.

 

Estamos hablando de juicios, de percepciones, de comportamientos, para ello nada mejor que contar con un perfil profesional experto, el de psicólogas – coaches, especialistas precisamente en la persona, capaces de conseguir aprendizajes rápidos y consistentes y de generar conductas nuevas y más eficientes.    

 

Influir no es imponer, no es ganar, es conseguir que el otro valore tus propuestas y quiera hacerlas suyas. Es generar en el otro confianza, seguridad. Es una de las bases del poder, con frecuencia desconocida o ignorada como ocurría en este caso. Es probablemente la fuerza mayor de la que disponemos las personas para relacionarnos con otros y es esencial en la inteligencia emocional interpersonal.

 

Puede que no haya forma mejor de influir que fluir en tu propuesta. El gran teórico del “fluir” Csikszentmihalyi dice que el fluir es:

 

“1. una experiencia que supone un desafío y requiere de mis habilidades

2. que es significativa

3 que me abstrae la atención, mientras la realizo me focalizo en ella

4. tengo sensación de fluir; alto rendimiento y placer mientras la realizo  

 

Y a eso nos centramos en el curso: en “fluir”; en conseguir que los participantes se sintieran “seguros”, cómodos y capaces mediante propuestas, unas de filosofía, otras de management, otras de psicología. La inteligencia emocional siempre. Inteligencia intrapersonal para decirse que “puedo”, “es fácil”, “no es una lucha”, e inteligencia interpersonal para querer escuchar y para querer proponer. ¡Es tan habitual pensar que lo que tengo que hacer tiene que ver con los otros, y tan poco frecuente pensar que yo soy el primero que tengo que gestionarme, el primero que tengo que confiar en mí! De ahí la necesidad de este trabajo de desarrollo de personas: facilitar consciencia y mostrar cómo hacerlo. Ser entrenadores en definitiva de personas más eficientes y felices.

 

Nuestro lema lo decía todo, no es en los otros donde tengo que poner mi objetivo de cambio, es en mí. “Si yo cambio, todo cambia”   

 

Aprendieron técnicas, practicaron como comunicarse con el otro desde la escucha y la cooperación. La convivencia, los retos, los juegos y el compartir con su equipo la realidad de sus inquietudes hicieron el resto. Su valoración: sobresaliente.

CON QUÉ EMOCIÓN BUSCAS TRABAJO

“Emocionante” conferencia la que he ofrecido en la #PinkSlipParty de Madrid en el garAJE de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Madrid.

Me encanta el garAJE, un espacio entre tecno y underground luminoso y alegre, casi diría que demasiado luminoso para ver la presentación de power point, pero estimulante para el contacto y el intercambio de ideas y de relaciones, y eso fue lo que pasó al final en el tiempo dedicado a poner en contacto a reclutadores y buscadores de empleo: un gran momento para las redes personales. Fantástico el impulso de Paco Tamayo @PACOTAMAYOAV coordinador y co-organizador de PinkSlipParty y la participación de Graciela Pardo @gracielapardo, en esta innovadora tarea de abrir espacios para que empleados y empleadores entren en contacto personalmente.

Una conferencia con alta expectación. Cerca de 150 personas sintonizando su frecuencia, su respiración, su cuerpo, primero escuchando con arrobo y participando divertidas con asombro, después en un sinfín de preguntas queriendo saber cómo darse cuenta de sus emociones y como gestionarlas para sentirse seguros y capaces. No es casualidad el nombre con el que he denominado a mi modelo “Emociones capacitantes”. Entender la información que nos dan las emociones es entendernos a nosotros mismos, y ese, es el primer paso para decidir cómo sentirnos en nuestra vida.

Las propuestas nucleares que lanzaba en la conferencia eran que las emociones son estrategias para afrontar la realidad que pueden abrirte la puerta del éxito o por el contrario cerrártela. Puede que prepares tu cv, tu elevator speech, la entrevista, pero ¿estás preparado emocionalmente para triunfar?

Así que sí, tienes que hacerte algunas preguntas sobre ello:

  • ¿Con qué      emoción salgo a buscar trabajo?
  • ¿Con qué      emoción me enfrento a una entrevista?
  • ¿Con qué      emoción recibo una negativa?
  • ¿Qué busca      un empleador o un cliente en mí?
  • ¿Cómo les      transmito el mensaje clave?

Las emociones te ayudan a interpretar la realidad y puedes elegir la que te conviene.

Conócelas, elígelas utilízalas conscientemente y haz que se conviertan en tu recurso más capacitante.

El twitter echaba humo con mis frases y con los comentarios. Podéis leer un resumen del contenido con las fotos de algunas de las diapositivas que ha colgado en http://3cero.com/con-que-emocion-buscas-trabajo/#comment-681 a cuyo autor @jjimenez doy las gracias por su trabajo.

Mucho éxito a la PinkSlipParty y mi agradecimiento a Paco Tamayo  por contar conmigo para una de sus conferencias tan exitosas.