Cualquiera que conviva con diferentes animales, perros, gatos, caballos puede apreciar con una nitidez tremenda el espectáculo de cómo responden a sus emociones. En ellos es visible el miedo, la confianza, la tristeza, la ira, el enfado, el asco, la alegría,…. Observas las orejas echadas para atrás del caballo y, en ese momento, te das cuenta de que no es de fiar, tiene miedo y tendrá reacciones defensivas, y puede incluso que llegue a atacarte para defenderse. En estos animales poco hay de pensamiento para ocultar, falsear, reprimir, desplazar sus emociones. Las expresan con una nitidez increíble.
Convivir con ellos y observar su lenguaje no verbal y sus reacciones es una fuente de aprendizaje fantástica puesto que muestran sus emociones de forma muy evidente. Luego trasladarlas al día a día y entender mejor a las personas es más fácil. Nos fijamos más en los pequeños movimientos de las orejas, de los ojos, de la cara, de las manos, del cuerpo en general. Y llegamos incluso a entender algunas de las reacciones de las personas comparándolas con las de los animales. Al fin y al cabo todos somos mamíferos y las emociones están en nuestra dotación genética con las mismas finalidades.
Aunque con las personas es mucho más complicado percibir una emoción. Se pueden mezclar emociones, se pueden manifestar de forma diferente, unas veces por la cultura, otras por el aprendizaje, otras por la costumbre y, sobre todo, se mezclan con el pensamiento, lo que puede hacer que se intenten ocultar, unas veces conscientemente y otras inconscientemente.
Aprender a distinguir las emociones en los otros forma parte de esa educación emocional que tanto necesitamos y que tan buenos resultados nos puede dar en nuestras relaciones. Observar y entender lo que les está pasando nos hace mucho más competentes para manejar las relaciones.
Y hay actividades profesionales en las que esta capacidad de percibir y comprender las emociones de los demás tiene un valor todavía mayor y llega a hacerse imprescindible, actividades en las que el desarrollo de personas es la finalidad: maestros, pedagogos, psicólogos, coaches, pero también líderes de equipos, directores de personas. Es difícil que puedas lograr lo mejor de una persona si su disposición emocional no es la adecuada para dar lo mejor de sí, así que ¿por qué no aprender a distinguir en qué disposición emocional está nuestro interlocutor? Seguro que se abrirán nuevas posibilidades a la comunicación, la relación y la acción.
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LA LIBERTAD DE ELEGIR
Hace unos días en un foro de debate entre coaches (había unos 30), alguien se lamentaba de la pérdida de valores de la gente, de la necesidad de volver a los valores. Su idea fue secundada, “Sí, se han perdido los valores”, “la gente necesita recuperar los valores”, “si, sí, hay que volver a tomar conciencia”,…
El debate abierto me trajo a la mente una perspectiva diferente de la realidad social. Esa misma semana acababa de verme entera la magnífica serie de “Los pilares de la tierra” ¡lástima que sea tan corta y no dure más la recreación del libro! En ella se ve con claridad una sociedad aletargada bajo el dominio, el miedo, el dogma y el deber. La belleza de la historia, y la magia de sus protagonistas, mostraban también el eterno juego bipolar del hombre siempre fluctuando entre el bien y el mal, entre el varón y la mujer, entre el sometimiento y la rebeldía, entre el pasado y el futuro, entre el status quo y la innovación, entre la norma social y la elección personal, entre el individuo y el grupo.
La historia ubicada en el medievo, no estaba lejos de nuestro marco social. Ciertamente hemos cambiado dogmas y deberes, tenemos nuevos modelos, nuevos púlpitos, nuevos temores, renovadas amenazas, ahora masivos y constantes a través de los medios de comunicación. Y sin embargo…
Creí llegado el momento de discrepar. Para mí era evidente, nunca como ahora las personas, -y elijo la palabra persona para resaltar el valor del individuo-, en vez de un genérico difuso como gente, las personas estamos tomando consciencia de nuestra propia naturaleza, de lo que somos como seres vivos.
Nuestra sed de conocimiento no sólo es científica, o restringida a unos pocos individuos exploradores o doctos. De una forma general, masiva, se palpa las ganas de conocer las respuestas a por qué reacciono así, por qué me siento así; de aprender nuevas formas de actuar ¿qué hago para sentirme mejor?, ¿cómo puedo comunicarme mejor?, ¿cómo puedo liderar a mi equipo?, ¿cómo educo a mis hijos para que sean autónomos y felices?; yo mismo, ¿puedo ser más feliz?
Pienso que estamos viviendo un momento excepcional en el desarrollo de la consciencia sobre nuestra naturaleza, queremos saber más de nosotros mismos, de lo que nos mueve a hacer o nos paraliza, de lo que nos hace sufrir o nos llena de capacidad, nos empodera para conseguir lo que queramos, nos hace sentirnos personas “poderosas” como dice la gran Leila Navarro.
Lo que hemos aprendido y lo que de verdad es importante para una persona, no son los modelos sociales, culturales, religiosos, ni los valores de antaño, ni los nuevos valores, ni los valores de otros. Lo que importa es sentirte libre. Y la única libertad que tenemos las personas es la capacidad de elegir cómo sentirnos ante lo que nos ocurre, que tan magistralmente transmitió Vicktor Frankl (1905-1997) en su libro El hombre en busca de sentido. Es algo que ya afirmaban los clásicos. Es ahora cuando las personas nos estamos haciendo conscientes de nuestra capacidad para conocer nuestra biología, nuestra forma de sentir, nuestra forma de pensar, nuestra forma de actuar y de cómo cambiarlo a voluntad.
El mismo desarrollo exponencial del coaching lo avala. La demanda y la oferta no dejan de crecer. La oferta de información en psicología positiva es ingente.
Si en algún momento de la historia de la humanidad ha habido una voluntad por ser conscientes de lo que somos de una forma masiva, creo que es ahora. Si en algún momento de la humanidad, las personas nos esforzamos por elegir nuestra vida y cómo vivirla es ahora. Si en algún momento de la humanidad nos sentimos libres para elegir nuestros valores es ahora. No deja de ser una creencia. Lo que para mí es una evidencia es lo que demandan mis coachees y lo que logran con su trabajo en el coaching: Ser conscientes de que pueden elegir.
LAS EMOCIONES ¡FUERA DE LA OFICINA!
El presidente de una empresa en la que trabajé gritó en la reunión del Comité de Dirección: “las emociones fuera de la oficina” Han pasado doce años de eso y aún recuerdo su rabia constreñida y su indignación ante la situación que realmente le incomodaba. En este cambio de siglo si algo precisamente ha supuesto una innovación en las organizaciones es la aceptación, por evidente, de que las emociones son parte de nosotros y que la razón no existe sin la emoción. Los ingentes aportes científicos de la neurociencia muestran de forma irrefutable que las emociones son parte esencial de nuestra forma de atender, entender, recordar, en definitiva, de nuestro pensar y actuar.
¿Qué estaba diciendo mi estimado jefe? Estaba hablando de su miedo a no controlar, de su miedo a no entender, de su miedo a no saber cómo responder. Parapetado tras una fachada de racionalidad, como si la razón tuviera un valor absoluto, exigía con esa frase suprimir toda referencia a los sentimientos, a las relaciones y al bienestar. Y lo hacía precisamente con una respuesta emocional. Su racionalidad, quedó al descubierto con esta frase como una defensa, un parapeto para su inseguridad. La exigencia al Comité de Dirección no hacía más que poner en evidencia su falta de confianza en sí mismo y en las personas.
A día de hoy resulta ya impensable que un líder o cualquier persona interesada en el desarrollo de personas acepte una afirmación como esa. Aunque sigue siendo un pensamiento habitual en las organizaciones y hay mucho trabajo por delante si queremos facilitar el desarrollo y bienestar de las personas. Falta “alfabetismo emocional”. En el lenguaje cotidiano confundimos sentimientos con emociones, emociones con sensaciones. Desde esta confusión difícilmente podemos comprender lo que nos ocurre. Un primer paso, por lo tanto, para desarrollar esa inteligencia emocional que nos permita tomar decisiones más acertadas, vivir con una mayor satisfacción, ser más conscientes y autónomos, mantener unas relaciones más satisfactorias, un mayor bienestar en definitiva, consiste en aprender distinciones para nombrar lo que sentimos, lo que nos ocurre, lo que notamos.
Alguien podría preguntarse “¿a mi edad tengo que aprender a nombrar lo que llevo sintiendo toda la vida? Pues probablemente sí, las distinciones nos permiten responder de una manera más adecuada, más útil a las circunstancias. Como ejemplo, para un esquiador conocer lo que es nieve dura o nieve en polvo le permite tomar decisiones más ajustadas a la situación en la que está, adaptar su técnica, sacar más partido a sus descensos y evitar accidentes. Reconocer que lo que sientes es miedo, envidia, lástima,…, te permite preguntarte a qué responde ese sentimiento y entender mucha información que de forma inconsciente tienes y que no estás aprovechando.
Sin aprender a distinguir nuestros sentimientos, nuestras sensaciones, nuestras emociones, no podemos conocernos, gestionarnos, evolucionar en función de nuestros propios valores y desafíos.
¿Cuándo empiezas?
¿EMOCIONES FEMENINAS?
Cuanto más investigo el tema de las emociones más me pregunto en qué medida las mujeres tenemos una emocionalidad diferente a la de los varones.
Siempre cito mi primer “encontronazo” con el cerebro femenino. Era yo una aplicada alumna, apenas tenía 17 años cuando me enfrentaba con “Fisiología del sistema nervioso central I” en la universidad. Por mi edad fui invitada como alumna más joven a un acto institucional en el que el rector de la UAM habló de las nuevas incorporaciones, “una violeta”, dijo que ilustra el nuevo empuje de las mujeres. Tengo que decir que jamás me he identificado con una violeta.
En aquella asignatura el profesor con su bata blanca de médico, “especialista”, dueño de la verdad absoluta que aportaba la ciencia médica, explicaba las diferencias entre el cerebro del varón y el de la mujer.
Yo no podía asimilar sus explicaciones. Le pregunté, levantando la mano educadamente –por supuesto en la primera fila- ¿Quiere Usted decir que el cerebro de las mujeres es diferente del de los hombres?
El profesor Guillamón, no me dejó opciones. “¿Señorita, usted tiene la regla?”. “Si contesté”. “Y usted cree que un cerebro que dedica tanto tiempo y recursos a gestionar hormonas para reproducirse puede gestionar la información de igual manera que un cerebro de un hombre?”
Aquella anécdota me ha acompañado siempre para hacerme reflexionar en lo diferente que somos las mujeres de los varones. Química, estructural y funcionalmente somos diferentes. Es posible que gestionemos las emociones con una intensidad diferente, o que seamos conscientes de nuestros sentimientos con una consciencia mayor, pero creo que las emociones son estrategias únicas e iguales para todos. Otra cosa es lo que yo hago con ellas.
HAN LLEGADO LAS EMOCIONES!!!
Todos hablan de un nuevo paradigma donde se incluyen las emociones, … desde la razón. Mi análisis del final de la ECC Madrid 2011 publicado en http://www.observatoriorh.com/blog/tribuna-%c2%a1%c2%a1%c2%a1han-llegado-las-emociones.html
EMOCIONES Y COACHING
Decía Julio Olalla en la conferencia de la mesa redonda de la ECC Madrid 2011 de la ICF el sábado pasado, que “el coaching es impensable sin adentrarnos en el campo de las emociones”
Este adentrarnos en las emociones ha sido el gran reto de los coches cuando nos hemos lanzado a la práctica profesional.
Y este fue el inicio de mi investigación sobre el tema y el desarrollo de mi modelo de “emociones capacitantes”©. El grupo de trabajo en el que seguía formándome con coaches en prácticas nos encontramos con ese gran reto, ¿qué son las emociones?, ¿cómo me afectan en mis pensamientos, en mis decisiones, en mis sentimientos, en mi cuerpo?, ¿cómo identificarlas en el coachee?, ¿cómo facilitarle que entienda lo que significan para él?, ¿cómo reconocerlas en mí para no trasferirle mis propias emociones? Si uno de los grandes retos del coach es no transferir sus propios juicios y paradigmas, el más grande de todos posiblemente será no transferir las emociones.
Enormes preguntas difíciles de contestar porque somos hijos de una cultura racionalista, en la que se ha elegido la razón como criterio de medida de lo que vale y de lo que no vale, de lo que se acepta, y lo que no.
La afirmación de un gran gurú como Julio Olalla no hace más que recalcar lo que en el fondo siempre hemos sabido, que en la base de toda acción hay una emoción como indica precisamente su etimología “mover hacia”.
Las emociones son estrategias de respuesta. Estrategias poderosas que han demostrado su utilidad a lo largo de millones de años y que nos han traído hasta aquí.
Estamos viviendo un momento excepcional de toma de conciencia social, queremos saber más de nosotros mismos, de lo que nos mueve a hacer o nos paraliza, de lo que nos hace sufrir o nos llena de capacidad, nos empodera para conseguir lo que queramos, nos hace sentirnos “poderosas” como dice la gran Leila Navarro.
La sensibilidad que se percibe en los foros profesionales hacia las emociones es nueva, pujante, insistente. En asociaciones como esta de la ICF, congresos como el de Aedipe del año pasado, empresas, cursos de formación se habla de psicología positiva, de felicidad, de empoderamiento. Queremos saber, queremos aprovechar, queremos disfrutar de esa fuerza profunda y vital que nos moviliza o no.
Es sintomático en este cambio de paradigma que de la tan conocida cita de Einstein “No podemos resolver problemas usando el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando los creamos”, pasemos a la pregunta de Julio Olalla ¿podemos cambiar nuestro comportamiento si seguimos habitando en el mismo espacio emocional de siempre?
Es el momento. Sabemos, podemos y queremos hacer de nuestras emociones una parte consciente de nosotros mismos. Modelos como el de “emociones capacitantes” nos permiten conseguirlo.
Pregunta de coaching ¿para qué no utilizar mis emociones para vivir la vida como yo quiero?
¡¡NO MÁS EMOCIONES POSITIVAS!!
Emociones positivas. Emociones negativas. ¿Es esta la forma de sentirnos, de vivirnos? ¿En positivo o en negativo? Un juicio moral sobre nosotros mismos que muestra lo poco que nos conocemos, lo poco que sabemos sobre lo que somos como seres vivos y cómo funcionamos neurofisiológicamente, en definitiva sobre cómo vivimos.
¿Es que es malo tener miedo de un peligro?, ¿Es negativo cargarnos de energía para responder ante una situación crítica?, ¿Es negativo sentir dolor por la pérdida de un ser querido, o de un trabajo, o por un mal que sufre otra persona?